A tres décadas de la última curva: la canción que Gilda dejó como huella
Treinta años después del accidente que la mató en la ruta 12, la historia de cómo una maestra jardinera terminó convirtiéndose en un mito de la cumbia argentina a partir de un tema grabado con gripe y casi por accidente.
Treinta años no son nada, dice el tango, aunque en este caso parecen una eternidad. Porque lo que pasó el 7 de septiembre de 1996 en la Ruta Nacional 12, en Entre Ríos, no fue sólo un accidente vial: fue el final abrupto de una historia que todavía no había terminado de escribirse. Miriam Alejandra Bianchi tenía 34 años, dos hijos, un nombre artístico a cuesta y una canción recién salida del horno que todavía no sabía que se iba a convertir en himno. Yo, cada vez que la escucho, pienso en esas cosas que pasan de largo mientras uno está ocupado viviendo.
De maestra jardinera a reina de la pista
Gilda no llegó a la música por casualidad ni por glamour. Antes de cantar había sido maestra jardinera, una de esas profesiones que te dejan marcada para siempre (y que se notan, para quien quiera verlas, en la calidez con la que se paraba en el escenario). Su salto al tropical fue casi una decisión de manual de supervivencia: respondió a una convocatoria, dejó las aulas y reorganizó la vida entera, la familiar incluida. Una amiga me dijo una vez que imaginarse a Gilda dando clases a nenes de cinco años es como imaginar a Messi jugando en una liga amateur: se nota que estaba parada en el lugar equivocado.
Un himno grabado entre resfrío y desconfianza
No me arrepiento de este amor no fue un hit fabricado en serie. Se grabó en 1994 para el disco Pasito a pasito con… Gilda, en una sesión donde casi nada estaba a favor. El productor José El Cholo Olaya no quería incluir el tema y, según contó Juan Carlos Toti Giménez, la grabación se hizo mientras Olaya estaba en Perú. Ella estaba resfriada y el arreglo de teclado terminó cumpliendo una función inesperada: tapar la voz en uno de los pasajes. Vamos, como cuando armás un asado con lo que hay en la heladera y termina saliendo mejor que con la lista original.
“La canción la compuso íntegramente Gilda y me la dedicó a mí. Ella no quiso poner mi nombre como coautor, aunque laburábamos juntos.”Juan Carlos "Toti" Giménez, músico y productor
Del fracaso inicial al clásico inevitable
Acá lo que a mí me sigue conmoviendo es el recorrido del tema. En la Argentina no explosionó cuando salió. El reconocimiento masivo llegó primero desde Bolivia y Perú, donde Gilda había hecho presentaciones y apariciones en televisión. Después del accidente, entre 1997 y 1998, el disco volvió a circular, la canción se coló en radios y pistas y se quedó pegada para siempre. Hasta Attaque 77 hizo su propia versión en 1998, lo cual ya dice todo: cuando una banda de rock se anima a versionarte, cruzaste un umbral que no tiene vuelta atrás.
A treinta años del accidente, lo que más me queda es esto: Gilda no se arrepintió de nada, ni siquiera de haber elegido cantar cuando podía haber seguido dando clases. Y esa frase, cantada con la voz de una mujer resfriada en un estudio donde el productor ni siquiera estaba, terminó siendo el retrato perfecto de su vida. Si nunca la escucharon con atención, dense el gusto. Y si ya la escucharon mil veces, dense el gusto igual.
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