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MAR, 08 SEPT 2026
Vida

Aftas bucales: la guía para distinguir una lesión pasajera de un signo que requiere consulta médica

Las úlceras en la mucosa oral son habituales y, en general, se curan solas; sin embargo, ciertos patrones de recurrencia, tamaño o localización pueden advertir sobre enfermedades subyacentes que merecen evaluación profesional.

PV
Patricia VillalobosSalud y medicina · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Las aftas o úlceras bucales constituyen uno de los motivos de consulta más frecuentes en la práctica odontológica y clínica. Se estima que cerca del 20 por ciento de la población las experimenta en algún momento de su vida, con mayor incidencia en mujeres y en personas jóvenes. En la enorme mayoría de los casos se trata de lesiones benignas que remiten de manera espontánea, aunque su reiteración o características atípicas puede funcionar como un marcador de cuadros clínicos que requieren atención especializada.

Cómo se presentan y en qué se diferencian del herpes

Las úlceras se forman en la cara interna de las mejillas, debajo o sobre la lengua, en las encías, el paladar blando o el interior de los labios. Presentan un centro blanquecino, gris o amarillento rodeado por un halo rojizo y, en ocasiones, van precedidas por ardor u hormigueo. Resulta clave diferenciarlas del herpes labial: las aftas no aparecen sobre la superficie exterior de los labios y no son contagiosas, a diferencia de las lesiones herpéticas, que sí pueden transmitirse por contacto directo.

Tipos según tamaño y comportamiento

  • Aftas menores: redondeadas, de menos de un centímetro y las más habituales; cicatrizan sin dejar marca en una a dos semanas.
  • Aftas mayores: más profundas, dolorosas y de bordes irregulares; su curación puede extenderse hasta seis semanas y, en algunos casos, dejar cicatriz.
  • Aftas herpetiformes: agrupamientos de decenas de lesiones diminutas que tienden a confluir y que, pese al nombre, no guardan relación con el virus del herpes.

Los factores que las desencadenan

Entre los desencadenantes más documentados figuran los traumatismos locales: mordeduras accidentales de la mejilla, cepillado demasiado agresivo, roces provocados por aparatos de ortodoncia o prótesis mal ajustadas y quemaduras por alimentos o bebidas a alta temperatura. El estrés, el cansancio y los cambios hormonales asociados a la menstruación o el embarazo también se cuentan entre los factores recurrentes.

La alimentación y el estado nutricional cumplen un papel relevante. Las carencias de hierro, ácido fólico, zinc, vitaminas del complejo B y vitamina D aparecen entre los factores relacionados. Un metaanálisis publicado en 2024 en la revista BMC Oral Health encontró que las personas con aftas recurrentes registraban con mayor frecuencia déficit de vitamina B12, bajas reservas de hierro medidas por ferritina y niveles reducidos de hemoglobina. Los autores aclararon que esa asociación no implica una relación causal directa y que en algunos indicadores la evidencia disponible continúa siendo limitada.

Cuándo pueden estar señalando algo más

Cuando las lesiones son múltiples o reaparecen con frecuencia, la explicación puede residir en una condición subyacente. Entre las enfermedades asociadas se encuentran la celiaquía, la enfermedad de Crohn, el lupus eritematoso sistémico, la enfermedad de Behçet, la artritis reactiva, diversas infecciones virales, bacterianas o fúngicas y los estados de inmunidad debilitada, entre ellos el VIH/sida. En estos contextos las aftas suelen aparecer acompañadas de manifestaciones en otros órganos o sistemas, lo que orienta al profesional hacia los estudios complementarios correspondientes.

Señales de alerta y recomendación profesional

Existen signos que indican que la consulta no debe postergarse: una llaga que persiste más de dos o tres semanas sin signos de mejoría, lesiones de tamaño inusualmente grande, repetición frecuente de los episodios, dolor intenso que interfiere con la alimentación o el habla, y la aparición simultánea de fiebre, pérdida de peso, dificultad para tragar o erupciones en otras zonas del cuerpo. Ante cualquiera de estos escenarios se recomienda concurrir al odontólogo o al médico clínico para una evaluación integral. En la Argentina, el primer paso puede darse en los centros de atención primaria de la salud pública o mediante la línea gratuita 107, disponible en varias jurisdicciones para orientación en horarios no laborables.

PV
Patricia VillalobosSalud y medicina

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