Tu selfie, pero con remera de Miami Vice: así se cocina un retrato ochentero con inteligencia artificial
La movida viene creciendo en redes y la receta es bastante accesible: una foto bien iluminada, un prompt bien escrito y un poco de paciencia. Acá te paso, paso a paso, cómo armar tu propio retrato con estética de los años 80 sin terminar pareciéndote a otro.
¿Te pasó de ver en Instagram o TikTok esas fotos tuyas que de pronto parecen salidas de un videoclip de los 80? Yo las miraba con una mezcla de nostalgia y curiosidad, hasta que me puse a investigar cómo se hacen. La respuesta corta: con inteligencia artificial. La respuesta larga, que es la que te interesa, te la cuento ahora mismo.
Piensen en esto como cocinar un plato. La foto original es la carne cruda: tiene que ser fresca y de buena calidad, si no, por más chef que seas, el resultado no salva. Después viene el condimento, que en este caso es el prompt, es decir, la instrucción que uno le escribe al modelo para que sepa qué tocar y qué dejar intacto. Y al final, la presentación: el grano, el color, la pose. Cada capa importa.
La foto de base: el ingrediente que no se puede improvisar
Para que el sistema te reconozca bien, la imagen tiene que mostrar el rostro con claridad, buena iluminación y resolución decente. Fotos borrosas, oscuras o sacadas desde lejos son un problema: el modelo no identifica bien los rasgos y puede cambiarte detalles que vos querías conservar, como la forma de la cara o el color de piel. Una pose frontal o apenas ladeada ayuda a que la herramienta mantenga la posición original mientras le mete mano al contexto.
El prompt: el paso donde la mayoría se traba
Acá viene la parte clave y la que más se subestima. El modelo necesita que le digamos de manera explícita qué cosas no tiene que tocar: los rasgos faciales, la estructura del rostro, el tono de piel y las características físicas deben quedar fuera de cualquier cambio. Lo que sí puede modificar es todo lo demás: la ropa, el peinado, el maquillaje, los accesorios y el entorno.
Una instrucción base que funciona bien es la siguiente: Transformá esta fotografía para que parezca una imagen tomada a mediados de los años 80. Mantené exactamente la identidad de la persona, sus rasgos faciales, estructura del rostro, tono de piel y características físicas. No cambies su apariencia facial ni la conviertas en otra persona. Modificá únicamente el vestuario, peinado, maquillaje, accesorios y entorno para que correspondan con la estética de esa década.
- Vestuario: chaqueta vaquera, hombreras, camisas satinadas, chalecos de lana.
- Peinado: cabello con volumen, ondas marcadas o flequillo prolijo.
- Maquillaje: sombras intensas en azul, violeta o rosa, con bastante delineado.
- Entorno: luces de neón, fondo de estudio en rosa y azul, pista de patinaje, sala de arcade o habitación con pósteres de películas ochenteras.
- Tratamiento visual: grano de película analógica, contraste alto, flash directo y bordes levemente desaturados.
Por qué importa la estética, no solo la ropa
Un detalle que muchos pasan por alto: la estética de los 80 no se agota en las hombreras y los colores flúo. Hay un look fotográfico muy marcado, con flash directo, grano de película, colores un poco lavados y ese contraste fuerte que le daba a todo un aire como de polaroid. Si el prompt no incluye estas pistas, el modelo puede entregarte una imagen técnicamente correcta pero visualmente fuera de época. Por eso conviene pedir el tratamiento visual junto con la ropa y el escenario: todo junto termina de armar el cuadro.
Yendo a lo concreto, ¿qué cambia para el usuario común? En primer lugar, una forma nueva de jugar con la propia imagen sin necesidad de manejar Photoshop ni saber de edición. En segundo lugar, una herramienta para entender cómo funciona la inteligencia artificial generativa: con instrucciones precisas, los resultados son consistentes y respetan la identidad; con instrucciones vagas, el modelo inventa y modifica lo que no debe. Es, en definitiva, una buena excusa para practicar el oficio de pedirle cosas a una máquina en nuestro idioma y ver hasta dónde nos lleva.
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