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DOM, 06 SEPT 2026
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Nintendo gastó plata en cine porno para que nadie lo viera: la historia más insólita del mundo gamer

A principios de los noventa, la compañía japonesa le compró a un productor adulto los derechos de dos parodias de Super Mario. El objetivo no era estrenarlas, sino enterrarlas. Décadas después, una de las cintas sigue desaparecida.

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Mariana EcheverríaCultura y espectáculos · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

A veces la historia del entretenimiento te tira una perlita tan absurda que cuesta creer que sea real. Pero lo es: a principios de los años noventa, Nintendo —sí, la misma empresa que te vendía consolas en tu infancia— decidió gastar dinero en dos películas pornográficas. ¿El motivo? Simple y demoledor: comprarlas para que nadie pudiera verlas. Parece chiste, pero fue una jugada maestra de relaciones públicas y, a la vez, uno de los capítulos más raros de la historia de la propiedad intelectual.

El contexto: una película oficial que fue un papelón

Para entender esta locura hay que situarse en 1993. Ese año se estrenó la adaptación oficial de Super Mario Bros. a cargo de los directores Rocky Morton y Annabel Jankel. La cinta fue un fracaso en taquilla y recibió críticas durísimas. La imagen del fontanero bigotudo quedó malherida. Y como si eso fuera poco, en paralelo circulaban dos parodias para adultos inspiradas en el personaje. La tormenta perfecta estaba servida.

Dos días de rodaje y veinte mil dólares

(Acá es donde la historia se pone colorida). El director y actor Buck Adams vio la veta dorada del boom de Mario y se mandó a producir dos cintas porno en apenas dos jornadas de filmación, con un presupuesto de alrededor de 20.000 dólares. El material grabado fue tan generoso que terminaron partiéndolo en dos entregas: Super Hornio Brothers y una secuela. Lo que siguió fue tan inverosímil como una promo de dos por uno en un local de Houston en rebajas.

  • Rodaje exprés: dos días y un presupuesto de 20.000 dólares.
  • Dos películas a partir del mismo material: Super Hornio Brothers y la secuela.
  • Protagonizadas por Ron Jeremy, ícono de la industria adulta de la época.
  • Nintendo las compró tras el fracaso de la película oficial de 1993.
  • El objetivo fue archivarlas, no estrenarlas: cero publicidad adicional.

La compra silenciosa y el olvido forzado

La operación se hizo con total discreción. Nintendo no quiso generar ruido alrededor de las cintas. La estrategia fue tan efectiva que durante más de una década mucha gente dudó de que esas películas siquiera hubieran existido. Piénsenlo: en tiempos previos a las redes sociales, hacer desaparecer un producto era relativamente fácil. Hoy sería imposible; en los noventa, casi un arte.

El día que una de las cintas se filtró

Recién en 2009 apareció en internet una copia de Super Hornio Brothers 2: King Pooper Returns, que incluía un resumen de la primera entrega. El propio Ron Jeremy salió a confirmar públicamente que los derechos le pertenecen a Nintendo y que no es posible relanzarlas de forma legal. La primera película, la original, sigue sin aparecer. Perdida en algún cajón digital o en una bóveda en Kioto, quién sabe.

Ron Jeremy, consultado sobre el tema, confirmó la operación: "Nintendo tiene los derechos. No se puede hacer nada legalmente."

Un caso de manual

El episodio quedó como un caso de manual en la historia de la protección de propiedad intelectual. Una empresa de videojuegos comprando cine para adultos no para distribuirlo, sino para que nadie pudiera mirarlo. Hay quien dice que fue la inversión más rara de la historia del entretenimiento; otros, que fue la más efectiva. Las dos cosas, probablemente. Lo concreto es que Nintendo gastó plata para tapar un agujero y lo tapó durante casi cuarenta años. Si eso no es estrategia, no sé qué lo es.

Mi recomendación, si te cruzaste con esta historia hoy: tomate un minuto para pensar en lo que acabás de leer. Una multinacional japonesa comprando cine porno en los noventa para borrarlo del mapa. Y, sobre todo, preguntate algo incómodo: cuántas otras cosas tu infancia que las grandes empresas compraron o enterraron para que nunca te enteraras. Esa pregunta vale más que cualquier consola.

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Mariana EcheverríaCultura y espectáculos

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