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SÁB, 05 SEPT 2026
Vida

Puchero, el perro que adoptó a la Policía de Neuquén y se niega a jubilarse

Tiene unos doce años, duerme en la Comisaría Primera sobre su propio colchón y desde hace más de una década sale a patrullar la ciudad con los bicipolicías. Nadie lo trajo: él se eligió. Esta es la historia de un perro que ya es parte de la fuerza.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

Cuando el agente Nemesio Lagos arrancó su primer día en la Comisaría Primera de Neuquén, hace ya nueve años, lo primero que vio en la puerta no fue a un superior ni a un compañero de guardia, sino a un perro viejo, de andar tranquilo, que lo miró como quien evalúa si vale la pena seguir ahí. Ese perro era Puchero, y según me contaron los propios efectivos, ya llevaba un rato largo en la seccional: lo habían encontrado en la zona de Ministro González y Mendoza y, en lugar de buscarle una familia afuera, él terminó encontrando una adentro. Lo que pasó después es de esas cosas que uno escucha y piensa que le están tomando el pelo, pero basta pasar por la puerta de la comisaría para entender que no: Puchero duerme en su propio colchón, tiene las vacunas al día y, cuando arranca el turno de los bicipolicías, se acomoda el chaleco impermeable y se suma a la recorrida como uno más.

Lo que más me llamó la atención, mientras iba armando esta nota, es la naturalidad con la que los efectivos lo describen. No es la mascota del destacamento, ni un símbolo decorativo: para ellos es un compañero de patrulla, con turno y todo. Lagos me lo dijo con una sonrisa cómplice, de esas que se usan cuando se habla de alguien que ya es parte de la familia: aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención. Y agregó un detalle que me parece clave para entender quién manda acá: cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado. O sea, el operativo se planifica alrededor de él, no al revés.

Una rutina que empezó por accidente y nunca se cortó

La modalidad de patrullaje en bicicleta no nació con Puchero, sino bastante antes: fue en el año 2000, por iniciativa del entonces comisario Mario Barros, que junto a un grupo de agentes de Cutral Co empezaron a cubrir el territorio pedaleando. Puchero, que apareció años más tarde, vio la movida y decidió que era suya. Así lo cuentan en la seccional: llegó, se quedó y nunca más se fue. Su base oficial es la Comisaría Primera, en la esquina de Ministro González y Mendoza, pero su radio de movimiento es amplio y bastante desordenado, como el de cualquier perro con libreta propia. Cubre la zona del hipermercado Jumbo, el corredor este-oeste y la Comisaría Segunda, y algunos días aparece por su cuenta en la División de Policía Motorizada, sobre las calles Petróleo e Intendente Carro. Como toda la fuerza lo reconoce, siempre tiene dónde parar a tomar agua y descansar un rato.

En la calle, Puchero combina dos cosas que no suelen ir juntas: una calma casi llamativa y una atención permanente por lo que pasa alrededor. La agente Aldana Campos, que lleva tres años en la seccional, me lo describió con una frase que me quedó dando vueltas: se da cuenta enseguida. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso. Es decir, ladra para avisar que algo raro está pasando, pero no se mete en el procedimiento ni se vuelve un problema. Con otros perros es directamente indiferente: si alguno lo provoca, lo ignora y sigue caminando al lado de la bicicleta, como quien dice yo ya estoy grande para estas cosas.

El chaleco con frase y los intentos de adopción que nunca prosperaron

  • El chaleco impermeable que lleva Puchero en el torso fue cosido por voluntarias de la agrupación Patas Unidas Neuquén y lleva una leyenda que se repite cada vez que alguien lo cruza en la calle: No me lo robes... yo también tengo frío.
  • La leyenda confunde a más de un transeúnte, que se acerca convencido de que el perro está abandonado y busca hogar. La realidad es otra: tiene cama fija en la Comisaría Primera, vacunas al día y comida garantizada gracias a los aportes del propio personal.
  • Campos, que conoce a Puchero desde hace tres años, estima que el perro ronda los doce años, quizás algo más, pero a pesar de la edad se mantiene activo y con los controles veterinarios al día.
  • Hubo al menos un par de intentos concretos de adopción por parte de vecinos e incluso de efectivos que se encariñaron, pero Puchero nunca aceptó irse. Lo quisieron adoptar, pero no pasó nada, resume Campos. Se quedó en la jefatura. Ya es de acá.
  • La presencia del perro ya es parte del paisaje cotidiano de los operativos: cuando arranca el turno de los bicipolicías, él ya está en la puerta esperando, como si supiera que ese es su horario de entrada.

Antes de cerrar la nota me quedé pensando en algo que me dijo la propia Campos y que creo que resume la historia entera: se quedó en la jefatura, ya es de acá. No es una frase menor, viniendo de alguien que convive con él todos los días. Y me parece que ahí está la clave de Puchero, que es un perro que no necesitó que nadie lo trajera ni que nadie lo adopte formalmente para encontrar un lugar en el mundo: simplemente apareció, se quedó, se ganó el respeto de toda una fuerza y hoy, con sus doce años y su chaleco con frase, patrulla las calles de Neuquén como si fuera lo más normal del mundo. Y, por lo que cuentan en la Comisaría Primera, probablemente lo siga haciendo por un buen rato más.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad

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