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VIE, 04 SEPT 2026
Vida

Joshua Slocum, el hombre que le dio la vuelta al mundo solo y se lo llevó el mar

Reconstruyó un balandro podrido, navegó sin cronómetro y sin saber nadar, y completó la primera vuelta al mundo en solitario. Once años después zarpó hacia el sur y nunca volvió. Una historia que parece increíble y, sin embargo, está documentada.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación · 4 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Me lo imagino a veces como si lo hubiera visto en una escuela ribereña, en un aula con mapas viejos y un ventilador de pie que no terminaba de funcionar. Un docente de barba cansada les cuenta a los alumnos que hubo un hombre que dio la vuelta al mundo solo, en un velero de once metros, sin reloj marinero y sin saber nadar. Los chicos miran al maestro como quien escucha un cuento, pero la historia es real. Se llama Joshua Slocum y su nombre aparece en los manuales de navegación como una línea que nadie había trazado antes.

Un balandro podrido y un oficio de toda la vida

Slocum había nacido en 1844 en una granja de Nova Scotia. A los dieciséis se escapó de esa vida y se enroló como cocinero y grumete en un mercante. Desde entonces no paró: pasó décadas entre cubierta y puente, aprendió el oficio a golpes de temporal y, cuando el mundo empezaba a confiarse al vapor, él quedó varado, sin patente y sin trabajo. Fue entonces cuando un conocido le ofreció un balandro abandonado en un pastizal de Massachusetts. La madera estaba podrida, pero Slocum vio en ese casco lo que otros veían en una chatarra. Durante trece meses lo reconstruyó tabla por tabla, sin más capital que sus manos y su experiencia. Así nació el Spray.

El 24 de abril de 1895, ese velero de once metros salió del puerto de Boston con un solo hombre a bordo. No hubo expedición oficial ni prensa acreditada. Slocum llevaba un reloj barato de hojalata al que le faltaba el cristal y, según él mismo reconoció más tarde, ni siquiera sabía nadar. Su razonamiento era brutal y práctico a la vez: en medio del océano, nadar solo sirve para alargar la agonía.

Tres años, más de 46.000 millas y el cruce del cabo de Hornos

  • Cruzó el Atlántico y entró al Estrecho de Magallanes, donde debió soportar el acecho de canoeros fueguinos. Para disuadirlos, esparció tachuelas de alfombra sobre la cubierta. Los intrusos subieron descalzos, pisaron las puntas y huyeron sin volver a probar.
  • Recorrió el Pacífico y el Índico, enfermó de escorbuto cerca de las Azores y, delirante por alimentos en mal estado, creyó ver un piloto fantasma al timón. Cuando se recuperó, el Spray seguía navegando con rumbo firme.
  • Sin cronómetro marino, se guiaba por estimaciones de posición, observaciones lunares y una memoria corporal del mar construida durante casi medio siglo a bordo.
  • Tocó varios puertos, fue recibido como héroe en lugares tan distintos como Ciudad del Cabo, Sídney y Yokohama, y completó la circunnavegación el 27 de junio de 1898, cuando entró en Newport, Rhode Island, tras cubrir más de 46.000 millas náuticas en solitario.

Lo que asombra al leerlo no es la épica del viaje, sino el tono con que Slocum lo contó. En 1900 publicó Sailing Alone Around the World, un libro que empezó como serie en revistas y se transformó en un éxito inmediato. Su prosa era seca, irónica, precisa: un capitán acostumbrado a llevar el diario de a bordo con la misma seriedad con que ajustaba una escota. No había grandilocuencia ni impostura heroica, solo un hombre midiendo el mundo con sextante y paciencia.

La última salida y el dato que sigue abierto

La fama no lo ancló. En noviembre de 1909, con 65 años, Slocum zarpó una vez más desde el puerto de M...

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación

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