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LUN, 14 SEPT 2026
Policiales

Villa Dorrego: un crimen a la vista de todos y un lavadero que se vacía en medio de la pesquisa

Juan Manuel Oviedo, pintor y padre de un adolescente, recibió tres tiros en la cabeza el viernes a la tarde frente a un lavadero de La Matanza. El dueño del local declaró, aportó una versión, y se esfumó antes de que terminara la inspección judicial.

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Nicolás PeñalozaPolítica y elecciones · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Lo que se prometió en materia de seguridad en el Conurbano bonaerense fue, una y otra vez, presencia territorial, investigación seria y castigo ejemplar a las economías criminales que se montan sobre negocios de apariencia legal. En Villa Dorrego, partido de La Matanza, la realidad de un viernes a la tarde volvió a exponer la distancia entre el discurso y la calle: un hombre de 36 años, pintor de obra y padre de un chico de 13, cayó ejecutado de tres disparos en la cabeza mientras comía en la vereda de un lavadero. El episodio no fue un arrebato ni un robo al paso. Fue una operación con dos pistoleros en auto, fuego cruzado y, sobre todo, una escena armada después para borrar huellas.

¿Qué pasó en la esquina de Saraza y Donizetti?

El viernes, cerca de las 17, en el cruce de las calles Saturnino Saraza y Donizetti, un Ford verde frenó frente al lavadero. Dos hombres descendieron y dispararon contra Juan Manuel Oviedo, oriundo de Laferrere, que estaba sentado en la vereda. La víctima fue trasladada al Hospital Simplemente Evita, donde se confirmó el fallecimiento. Un segundo hombre, de 40 años, recibió un impacto en la garganta y quedó internado fuera de peligro. La hermana de Oviedo, Daiana, resumió el hecho sin rodeos: «Lo balearon por atrás. Lo mataron de tres tiros en la cabeza».

¿Por qué la versión del dueño no se sostuvo?

José, el dueño del lavadero, declaró en la Comisaría 4ª de Villa Dorrego y dijo que el ataque había sido una represalia por el robo de una bicicleta. Según su relato, él había ido a recuperarla a otro sector del barrio y los pistoleros llegaron después a vengarse. No mencionó negocios paralelos ni conflictos previos. Para el fiscal Diego Rulli, de la UFI de Homicidios, esa explicación no cerró. Ordenó una inspección con Policía Científica y lo que apareció adentro la desarmó por completo: vainas calibre 9 milímetros en el interior del local —lo que indica que alguien respondió a los tiros desde dentro— y los grabadores de las cámaras de seguridad ya no estaban, retirados antes de la llegada de los investigadores.

¿Lavadero, venta de drogas o ambas cosas?

Daiana Oviedo agregó un dato que la pesquisa tomó como indicio central: «Al lavadero lo balearon no una, sino dos veces». Para el fiscal Rulli, el lugar no funcionaría únicamente como lavadero, sino también como punto de venta de drogas, hipótesis que guía la investigación. En Texas, un condado promedio tiene más oficiales por habitante que cualquier municipio del Conurbano; acá, la fuerza se estira hasta el límite y los negocios narcos se mimetizan con un comercio de hasta cien metros cuadrados.

¿Dónde está el dueño del lavadero?

Durante el procedimiento, José les dijo a los agentes que debía atender a su madre internada y que volvería acompañado por un abogado. No volvió. Su línea telefónica dejó de recibir mensajes y los vecinos del lavadero se negaron a declarar. Para los investigadores, la escena se vació al mismo tiempo que la coartada.

En La Matanza, matar a un pintor en la vereda ya no requiere ocultar el cuerpo: alcanza con un auto, dos pistolas y un lavadero que deja de existir en cuestión de horas.

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Nicolás PeñalozaPolítica y elecciones

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