Una noche que no descansa: la apnea del sueño silenciosa en mujeres que arrastran cansancio, dolor de cabeza e insomnio
El agotamiento diurno, los despertares nocturnos y las cefaleas matutinas pueden ser señales de apnea obstructiva del sueño, un trastorno que en mujeres suele pasar inadvertido porque no siempre roncan fuerte ni presentan los síntomas clásicos. Cuándo consultar, por qué los estudios domiciliarios pueden quedar cortos y qué tener en cuenta durante el embarazo y la menopausia.
Lo vi muchas veces en el consultorio de mi hija, en una escuela primaria del conurbano bonaerense: maestras y madres que llegaban a la reunión de notas con ojeras que ya no eran estética sino alarma, que bostezaban a las diez de la mañana mientras contaban que su hijo no dormía, que mismas tampoco. Yo, como periodista, me acostumbré a mirar esa escena como un dato clínico ambulante. Por eso me detengo en este tema que parece médico pero que atraviesa la vida cotidiana de miles de mujeres argentinas: la apnea obstructiva del sueño, una condición que, cuando se presenta en ellas, suele disfrazarse de estrés, de menopausia o de simple insomnio.
La trampa está en los síntomas. En los varones, la apnea suele gritar: ronquidos intensos, pausas respiratorias que la pareja escucha asustada, somnolencia al volante. En las mujeres, en cambio, susurra. Se manifiesta como cansancio durante el día, dolor de cabeza al despertar, dificultad para iniciar el sueño o para sostenerlo, cambios de humor, niebla mental, esa sensación de haber dormido ocho horas y levantarse como si hubieran peleado toda la noche con la almohada. Una revisión reciente sobre el trastorno estima que hasta un 75 por ciento de las mujeres afectadas podría estar sin diagnóstico, y que alrededor del 40 por ciento no refiere los síntomas más conocidos, justamente los ronquidos fuertes y el ahogo nocturno. Es decir: la ausencia de ronquidos no descarta nada.
Por qué los estudios rápidos a veces no alcanzan
Acá viene la parte que más me interesa contar, porque toca un punto que en Argentina se repite en guardias y consultorios: la confianza excesiva en un solo estudio. Los cuestionarios que usan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello sirven para estimar riesgo, pero suelen identificar menos casos en mujeres, porque están calibrados sobre todo a partir de la clínica masculina. Y las pruebas domiciliarias, que en los últimos años se popularizaron porque evitan la internación, pueden registrar de manera incompleta ciertas alteraciones respiratorias, en especial las que se concentran en la fase REM del sueño, justamente la fase donde las mujeres presentan más eventos respiratorios anormales. Si el resultado inicial sale sin alteraciones pero el malestar continúa, no alcanza: el médico puede indicar una polisomnografía en un centro especializado, donde se observan la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos y las distintas fases del descanso con la precisión que el cuadro merece.
Embarazo, menopausia y el sistema de Texas como espejo
Hay dos ventanas donde el riesgo se incrementa y conviene prestarle atención extra. La primera es el embarazo: la apnea puede aparecer o empeorar un cuadro previo, y su abordaje debe coordinarse entre el equipo obstétrico y un especialista en sueño; si hay una cirugía programada, corresponde informar al equipo médico porque la anestesia se planifica de otra manera. La segunda es la menopausia, cuando los cambios hormonales y la redistribución del peso vuelven más vulnerable la vía aérea superior. La CPAP, que mantiene abierta la vía respiratoria mediante una presión continua de aire, es uno de los tratamientos más usados, pero requiere indicación y seguimiento profesional, y no es la única opción.
Dato práctico para las familias
Si en tu casa alguien nota que vos o una mujer cercana se levanta con dolor de cabeza, está irritable, le cuesta concentrarse en el trabajo o en la escuela de los chicos, ronca suave pero se ahoga, o directamente ya nadie la escucha roncar pero está siempre cansada, no lo atribuyan solo a la rutina. Anoten los síntomas con fecha, pidan turno con un especialista en medicina del sueño o con un neumonólogo, y si el primer estudio da normal pero el cuerpo sigue gritando, insistan con una polisomnografía completa en laboratorio. En Estados Unidos, en lugares como Texas, el sistema acostumbra a pagar el estudio tras una evaluación clínica bien hecha y con criterios claros; en Argentina, la cobertura varía según la prepaga o la obra social, pero la indicación médica es el primer paso ineludible. Cuidar el sueño es, literalmente, cuidar la vida que se arma de día.
- Síntomas que en mujeres pueden indicar apnea: cansancio diurno, dolor de cabeza matutino, insomnio de conciliación o de mantenimiento, cambios de humor, niebla mental y ronquidos suaves o ausentes.
- La falta de ronquidos fuertes no descarta el trastorno; hasta un 40 por ciento de las mujeres afectadas no los presenta.
- Los cuestionarios y los estudios domiciliarios pueden quedar cortos: si los síntomas persisten, pedir polisomnografía en centro especializado.
- Embarazo y menopausia aumentan el riesgo y requieren coordinación con obstetra y especialista en sueño.
- La CPAP no es la única opción de tratamiento: la indicación debe ser personalizada y con seguimiento médico.
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