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JUE, 27 AGO 2026
Vida

Salud mental en alerta: las internaciones se disparan 42% en tres años y el sistema público pide socorro

Un relevamiento federal con datos de 14 provincias, presentado en el Senado, muestra que las consultas ambulatorias crecieron 23% en el último año y que la demanda ya desborda la capacidad instalada, sobre todo entre chicos y adolescentes.

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Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min
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Vi una escuela secundaria de las afueras de La Plata hace unas semanas, en una de esas recorridas que hago cuando un tema me empieza a obsesionar, y me llamó la atención algo que no tenía que ver con el calendario escolar: en la puerta había una psicóloga del equipo de orientación esperando a una alumna que se había descompensado en el aula. La chica tenía quince años, estaba en quinto año, y la docente me dijo, casi al pasar, que en esa aula casi todos los chicos habían pasado por algún tipo de crisis en el último año. No era una excepción: es la postal que se repite en escuelas de todo el país y que ahora empieza a tener números oficiales, números que no dejan lugar a las dudas.

Porque un relevamiento federal coordinado por la Universidad Nacional de Lanús, con datos de las máximas autoridades sanitarias de catorce provincias que en conjunto representan más del 70% de la población argentina, advirtió que las internaciones por salud mental subieron 42% entre 2023 y 2026, con un salto adicional del 12% solo en los últimos doce meses, y que las consultas ambulatorias crecieron 23% en el último año. Son cifras enormes, de esas que cuando una las pronuncia en voz alta siente que el aire cambia, y fueron presentadas esta semana en el Senado, en el marco del debate por la reforma de la Ley Nacional de Salud Mental, vigente desde 2010.

Quiénes quedan más expuestos y qué pasa con las provincias

Las jurisdicciones que aportaron información fueron Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Misiones, Neuquén, Salta, Santa Cruz, Santa Fe, Santiago del Estero y Tierra del Fuego, y también participaron Entre Ríos y Río Negro. El cuadro que surge de ese mapa federal es bastante claro: la demanda golpea con más fuerza a niñas, niños y adolescentes y a personas que perdieron cobertura de obras sociales o prepagas y cayeron al sistema público. En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, el 30% de las consultas en las guardias hospitalarias ya corresponde a problemas de salud mental, un número que hace cinco años hubiera parecido impensado y que hoy, según me confesaron dos coordinadores de guardia con los que hablé, se vive como una nueva normalidad.

Una de las voces que más me resonó fue la de Mariana, directora de un centro de salud comunitaria en el sur del conurbano bonaerense, que me dijo al teléfono, mientras atendía el llamado de un paciente: "Acá ya no nos alcanza con hablar de ansiedad o de depresión, ahora atendemos chicos con intentos de suicidio, padres desbordados y abuelos que se quedaron sin su mutual". La frase me la guardé porque sintetiza lo que el informe dice en lenguaje técnico: las redes comunitarias están sobreexigidas, los equipos son insuficientes y las disciplinas críticas no se completan.

Qué se hizo hasta acá y qué se viene reclamando

Entre 2021 y 2026 se incorporaron al menos 388 nuevas camas de salud mental en hospitales generales, y trece de las catorce provincias ampliaron sus redes comunitarias con centros de día, equipos territoriales, viviendas asistidas y dispositivos para el abordaje de consumos problemáticos. Para quien conoce cómo funciona el sistema argentino, esto significa que la decisión política fue dejar atrás el modelo manicomial y reemplazarlo por dispositivos territoriales, algo que en teoría funciona parecido al sistema de Texas, donde la internación prolongada se reserva solo para cuadros agudos y la mayoría de la atención se hace en la comunidad, con equipos que van al barrio. En Argentina la idea es la misma, pero la inversión y los recursos humanos nunca terminaron de acompañar.

En el Senado, las autoridades provinciales plantearon, además, que la propuesta de reforma que se debate "elimina marcos y garantías sobre los que se sustenta la política de salud mental, sin incorporar el financiamiento necesario para ampliar la capacidad de respuesta de los sistemas públicos". Es una advertencia fuerte, casi un grito, y vale la pena escucharla con tiempo porque lo que está en juego no es una discusión entre especialistas sino el lugar donde terminan cayendo los pibes y las familias cuando la angustia se vuelve enfermedad.

Un dato práctico para las familias, antes de cerrar: si en tu ciudad no hay un dispositivo territorial del sistema público cerca, una buena primera puerta de entrada es el hospital general de zona, donde funciona la guardia de salud mental las 24 horas, y en paralelo conviene pedir turno en el centro de salud más próximo para empezar a armar una red de atención ambulatoria. En Buenos Aires, por ejemplo, el SAME y los equipos de salud mental de los municipios suelen articular respuestas domiciliarias cuando hay una crisis en curso, una alternativa que en el interior del país todavía es desigual pero que vale la pena consultar.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación

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