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MIÉ, 16 SEPT 2026
Vida

Rodillas que no dejan dormir: cuándo un cambio de postura alcanza y cuándo toca ir al médico

Un especialista en medicina deportiva explica por qué el dolor se intensifica al acostarse, qué sirve para aliviarlo en la casa y en qué momento conviene pedir turno antes de que el síntoma empiece a comerse las noches.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación · 16 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo confieso: la primera vez que escuché a una mamá del colegio quejarse porque su hija de doce años no podía conciliar el sueño por un dolor de rodilla pensé que era una exageración de esas que abundan en los grupos de WhatsApp de padres. Pero después me lo crucé en otra reunión, y otra vez, y entendí que el tema es mucho más común de lo que parece. No es raro que un chico o un adulto lleguen a la noche con la articulación inflamada y, al meterse en la cama, aparezca ese pinchazo que no los deja acomodarse. La pregunta que todos repiten es la misma: qué hago mientras tanto, y cuándo tengo que preocuparme de verdad.

Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria, se tomó el trabajo de ordenar el asunto en una charla reciente. La primera buena noticia es que, en muchos casos, alcanza con gestos simples en la propia cama. Una almohada bien ubicada puede sacar presión de una rodilla dolorida. Para quienes tienen artritis y duermen de costado, el médico propuso ponerla entre las piernas. Si se descansa boca arriba, sugirió deslizarla debajo de las rodillas, con una flexión leve, para reducir el contacto dentro de una articulación desgastada.

Frío, calor o nada: cada alivio tiene su lugar

Ahora bien, acomodarse mejor no siempre resuelve el problema. Baker fue claro: el dolor merece una evaluación cuando se vuelve persistente, corta el sueño o empieza a complicar las actividades habituales. Mientras se consigue ese turno, algunas medidas caseras pueden bajar la incomodidad. La clave está en saber qué se está tratando, porque el frío y el calor no sirven para lo mismo.

  • Calor: suele funcionar mejor en molestias crónicas asociadas con artritis, porque ayuda a relajar la zona y mejora la circulación.
  • Frío: conviene en lesiones recientes o por sobreuso, y también cuando hay hinchazón visible, porque disminuye la sensibilidad.
  • Geles, cremas y parches antiinflamatorios: son una opción de alivio localizado que Baker mencionó como complemento, no como solución definitiva.

Antes de salir a la farmacia a comprar ibuprofeno o naproxeno, el especialista pidió mirar el botiquín con cuidado. Esos antiinflamatorios reducen la inflamación, pero pueden interactuar con anticoagulantes y otros medicamentos de uso crónico. En esos casos, la alternativa más habitual es el paracetamol, aunque la elección final siempre tiene que pasar por el médico de cabecera. Suena obvio, pero muchos lo resuelven por cuenta propia y después aparecen los problemas.

Por qué duele más de noche

Acá viene la explicación que más me sirvió para entender el fenómeno, y que en la Argentina aplica tanto como en cualquier otra parte del mundo, porque la biología no reconoce fronteras. Baker señaló que el movimiento diurno ayuda a mantener lubricada la articulación. Al bajar la actividad durante el reposo, disminuye esa lubricación y se percibe más el dolor acumulado. La presión y una posición sostenida también pueden acentuar un problema previo, tanto en una rodilla como en las dos. Entre las causas más frecuentes, el especialista mencionó lesiones, inflamación y distintos tipos de artritis.

Para los runners o para quienes salen a caminar por pavimento, el médico dejó una advertencia útil: correr sobre superficies duras deja una carga que se siente al terminar el día. Como contrapartida, sugirió la natación y el ciclismo, dos disciplinas que permiten ejercitarse con menos impacto sobre la articulación. En algunos casos de artritis, las rodilleras pueden dar un soporte extra durante la actividad, siempre bajo supervisión profesional.

Una guía práctica para llevarte a casa

  • Si el dolor aparece solo de noche y no te despierta, probá con una almohada entre las piernas o bajo las rodillas antes de automedicarte.
  • Si hay hinchazón reciente, aplicá frío local y evitá cargar peso hasta ver cómo evoluciona.
  • Si tomás anticoagulantes o medicación crónica, no sumes antiinflamatorios por tu cuenta: consultá qué alternativa es segura en tu caso.
  • Si el síntoma te corta el sueño más de tres noches seguidas o empieza a limitar subir escaleras, caminar o hacer ejercicio, pedí turno con el médico de cabecera o con un especialista en medicina deportiva.
  • Si el dolor aparece después de un golpe fuerte o con bloqueo de la rodilla, la consulta no espera al día siguiente.

Me quedo con una idea que repitió Baker y que, creo, resume todo: ningún almohadón, gel ni comprimido reemplaza un diagnóstico. Las medidas de alivio sirven para ganar tiempo y descansar mejor mientras llega la consulta. Dormir bien no es un lujo, es parte del tratamiento. Y en el caso de los chicos, prestar atención a esas quejas nocturnas suele ser la diferencia entre una molestia pasajera y un problema que se arrastra durante meses. Como me dijo Laura, la mamá del colegio, después de llevar a su hija al traumatólogo: la solución fue un cambio de zapatillas y unas sesiones de kinesiología, pero lo que la sacó del insomnio fue, justamente, animarse a preguntar a tiempo.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación

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