Hábitos que cuidan la memoria: qué aprendió un estudio que siguió a mil adultos mayores durante dos años en América latina
Especialistas presentaron en Buenos Aires los resultados de LatAm-FINGERS, una investigación que combinó alimentación, ejercicio, entrenamiento mental, vínculos sociales y control cardiovascular. Las mejoras cognitivas fueron modestas, pero el ensayo abrió una pregunta clave: cómo sostener esos cambios en la vida cotidiana de cada comunidad.
Lo vi muchas veces en la escuela donde trabajé durante años: los alumnos que comían mejor, que se movían en el recreo y que llegaban a la casa con alguien que les preguntara cómo les había ido eran los que más rendían. Aquello, que parecía una intuición de maestra, hoy aparece confirmado por la ciencia con adultos mayores: la memoria no se cuida solo con una pastilla ni con un truco aislado, sino con un conjunto de hábitos sostenidos en el tiempo. Esa es, en buena medida, la enseñanza central del encuentro internacional que especialistas en neurología realizaron en Buenos Aires, donde se presentaron los resultados de LatAm-FINGERS, el ensayo clínico más grande hecho en América latina para evaluar estrategias de prevención de la demencia basadas en el estilo de vida.
La investigación, que se extendió durante dos años, siguió a 1.065 personas de entre 60 y 77 años distribuidas en 11 países de la región. A todas se les propuso una intervención que reunía cinco pilares: alimentación saludable, actividad física, entrenamiento cognitivo, fortalecimiento de los vínculos sociales y control de los factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y el colesterol elevado. La idea, según coincidieron los especialistas, es que estos componentes funcionan como un sistema y que desatender cualquiera de ellos reduce el efecto del resto.
Por qué el corazón es también un asunto del cerebro
El cuidado cardiovascular ocupa un lugar central porque la hipertensión, la diabetes, el tabaquismo y otros factores dañan los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro. Con el paso de los años, esa alteración reduce el flujo y el oxígeno que necesitan las neuronas para sostener la atención, la memoria y la capacidad de planificar. Por eso, la evaluación médica periódica integra la estrategia al mismo nivel que una caminata diaria, una dieta equilibrada o una tarde con amigos. Como me dijo Silvina, una docente porteña de 54 años que cuida a su madre de 82: "Yo siempre pensé que lo del corazón era otra cosa, pero la médica me explicó que el cerebro se protege cuando uno se toma la presión en serio".
“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
Crivelli explicó que las propuestas alimentarias y la organización de las actividades se adaptaron a los recursos y las costumbres de cada comunidad, y comparó el criterio con lo que ocurre en Argentina, donde las recomendaciones internacionales suelen chocar con realidades muy diversas: un barrio con centro de salud cerca y otro donde la gente camina tres cuadras para encontrar una farmacia. Esa mirada, que parece de sentido común, fue uno de los ejes del ensayo: la prevención no puede ser un protocolo rígido copiado de otros contextos, sino una estrategia que dialogue con la vida cotidiana de quienes la van a llevar adelante.
Qué midió el estudio y qué resultados arrojó
- Los participantes se dividieron en dos modalidades: una con actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud, y otra con recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía. Ambos grupos recibieron orientación preventiva.
- Se registró una mejora de la cognición global entre quienes siguieron la intervención más estructurada, aunque los autores aclaran que los cambios fueron modestos y no implican que una rutina saludable garantice evitar la demencia.
- El 80 por ciento de los voluntarios tuvo una adhesión moderada o alta al programa, y el 84,9 por ciento completó la evaluación final, una cifra considerada alta para un ensayo de dos años en adultos mayores.
- El estudio también examinó si era posible sostener el programa en el tiempo, porque de nada sirve un cambio de hábitos que se abandona a los pocos meses.
El material de base aclara que estos resultados no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia, y los propios investigadores lo repiten cada vez que presentan el trabajo: se trata de reducir riesgos y de ganar años de buena calidad de vida, no de prometer curas. Aun así, el dato más potente del encuentro no fue solo médico, sino casi político: en América latina, donde los recursos sanitarios están distribuidos de manera desigual, hubo más de mil personas dispuestas a sostener durante dos años un cambio en su alimentación, su movimiento y sus vínculos. Eso, dicen los especialistas, ya es un resultado en sí mismo.
Qué pueden hacer las familias desde hoy
Para quienes se preguntan por dónde empezar, los investigadores coinciden en un punto de partida sencillo y ordenado: controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol al menos una vez al año a partir de los 50; sumar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, como caminar a buen ritmo; incorporar una alimentación rica en verduras, frutas, legumbres, pescado y aceite de oliva, y reducir ultraprocesados y bebidas azucaradas; mantener una vida social activa, porque conversar, jugar o participar en actividades grupales también entrena el cerebro; y reservar al menos veinte minutos por día para tareas que desafíen la memoria y la atención, como leer, aprender una palabra nueva o resolver un rompecabezas. No hace falta cambiarlo todo a la vez: los especialistas recomiendan empezar por uno o dos hábitos y sumarlos de forma progresiva, porque la constancia, como mostró este estudio, termina siendo más importante que la intensidad.
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