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SÁB, 05 SEPT 2026
Vida

Las cinco esquinas del mundo donde la vida se estira, y qué nos enseñan a los argentinos

Un cardiólogo argentino recorre Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa para mostrar qué tienen en común las comunidades más longevas del planeta. Fe, movimiento cotidiano, comida de la tierra y un motivo para levantarse cada mañana: claves que no requieren dinero ni condiciones excepcionales, sino decisiones de todos los días.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Me acuerdo de una mañana en la escuela primaria de mi barrio, cuando la señorita de quinto nos preguntó qué queríamos ser de grandes. Una compañera levantó la mano y dijo, muy seria: «Vieja». Nos reímos todos, pero hoy, cada vez que aparece un informe sobre longevidad, vuelvo a esa respuesta y pienso que, en el fondo, no era tan descabellada. Vivir muchos años, y vivirlos bien, parece ser un proyecto que se puede planear. Eso es exactamente lo que vino a contar el cardiólogo Jorge Tartaglione, al repasar cinco lugares del mundo donde la gente no solo suma décadas, sino que las vive sin enfermedades.

Las cinco zonas azules que visitó el cardiólogo

  • Loma Linda, California: una comunidad profundamente religiosa, donde la fe marcaría una diferencia de hasta diez años en la expectativa de vida respecto de la media.
  • La zona de Costa Rica: frutas tropicales a diario, ritmo calmo y muchos habitantes que cruzan los 80 años en buen estado.
  • Icaria, Grecia: una isla con subidas y bajadas tan pronunciadas que moverse a pie durante el día no es una decisión, es una obligación del terreno.
  • Cerdeña, Italia: una cocina basada en lo que produce la tierra, sin ultraprocesados ni aditivos.
  • Okinawa, Japón: el culto del propósito diario, incluso a los 90 años.

Lo que más me llamó la atención, y quiero compartirlo con mis lectores, es que en ninguno de estos cinco lugares hace falta un patrimonio enorme ni una clínica de excelencia al alcance de la mano. El denominador común es otro, y se parece bastante a lo que muchas familias argentinas ya tienen en la mesa o en la vereda. Tartaglione lo resumió con una frase que me quedó dando vueltas: «Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre». Suena casi a poesía de huerta, pero apunta a algo muy concreto: comer fresco, sin conservantes, y dejar atrás el paquete de galletitas de las once.

El cardiólogo fue muy claro con un número que a mí, como adulta que ya pasó los 50, me sirve de ancla: la genética define apenas el 25 por ciento de cuánto vivimos. «Definimos nosotros el 75 por ciento», dijo. O sea, que no alcanza con mirar el árbol genealógico para proyectar la propia vejez. Quienes tienen entre 55 y 56 años, según este criterio, tienen una probabilidad alta de sumar entre 20 y 25 años más sin enfermedad, siempre que adopten ciertos hábitos. Es una cifra fuerte, y conviene no leerla como promesa, sino como invitación.

Lo que hacen diferente, comparado con lo nuestro

En la Argentina, solemos confundir moverse con hacer ejercicio en el gimnasio una hora y después pasar ocho sentados. En Icaria, caminar no es una decisión: es la geografía. Acá, en cambio, la caminata se perdió cuando dejamos de ir a la parada del colectivo. La médica clínica con la que consulté, Mariana, me dijo entre risas que a sus pacientes porteños les recomienda bajar una estación antes del subte, y que muchos le contestan que ya ni se acuerdan de cómo era subir una escalera. La diferencia no es cultural, es de infraestructura y de hábito, y eso se cambia de a poco.

Con la alimentación pasa algo parecido. En Cerdeña comen lo que la tierra les da esa semana; en Costa Rica, la fruta tropical es casi un hecho natural. En muchas mesas argentinas, en cambio, la verdura fresca compite con la factura, la pizza o el sándwich de milanesa. No se trata de moralizar a nadie, sino de notar que las cinco comunidades más longevas del mundo tienen, casi sin proponérselo, una cocina cercana a la del campo. Y eso, en un país que fue granero del mundo, no parece un objetivo tan lejano.

“No significa que tenés que hacer algo enorme. Sino tomarte un mate con una amiga, salir a caminar, salir a pasar el perro, pero todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo.”Jorge Tartaglione, sobre Okinawa

El dato práctico para llevar a la casa

Si tengo que dejarles, como me gusta hacer al cierre de cada nota, un dato útil para la familia, es este: no hace falta mudarse a una isla griega ni convertirse en monje en California para sumar años con calidad de vida. Basta con empezar por una sola decisión cotidiana, y sostenerla. Caminar quince minutos más por día, reemplazar una merienda ultraprocesada por fruta de estación, llamar a un amigo en vez de mirar el celular, o levantarse a la mañana con un pequeño propósito. Tartaglione cuenta que en Okinawa hay personas de 90 años que salen a bailar o a tocar música. No es magia: es un motivo para levantarse. Y ese motivo, como decía la chica de quinto grado, también se elige.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación

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