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MAR, 08 SEPT 2026
Vida

Guardar rencor durante años pasa factura al cuerpo: lo que dice la evidencia médica

La ruminación sostenida de una ofensa activa circuitos de estrés que elevan la presión arterial, alteran el sueño, comprometen las defensas y favorecen procesos inflamatorios. Especialistas consultados explican cómo opera ese desgaste y qué se puede hacer para interrumpirlo.

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Patricia VillalobosSalud y medicina · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Mantener una ofensa sin procesarla no equivale a experimentar una bronca pasajera. Mientras el enojo puntual aparece con fuerza y se disipa en horas, el rencor implica volver mentalmente sobre el agravio una y otra vez, con una intensidad que no cede con el paso del tiempo. Puede sostenerse durante años e incluso décadas, y su origen suele situarse en traiciones, injusticias laborales, rupturas sentimentales o conflictos familiares. La diferencia es clave desde el punto de vista fisiológico: el cuerpo interpreta el recuerdo reiterado de la ofensa como si la amenaza siguiera presente y responde igual que frente a un peligro real.

Efectos sobre el corazón, las hormonas y las defensas

El primer sistema que registra el impacto es el cardiovascular. El rencor sostenido eleva la presión arterial de manera crónica y acelera la frecuencia cardíaca incluso en reposo, porque el organismo mantiene activos los mismos circuitos de alarma que dispararía ante un riesgo concreto. Ese estado de alerta reiterado incrementa el riesgo de enfermedad coronaria a largo plazo. De forma paralela, el cortisol, la hormona asociada al estrés, permanece elevado más tiempo del que corresponde. Esa elevación sostenida altera el sueño, favorece la acumulación de grasa abdominal y reduce la sensibilidad a la insulina, lo que puede abrir la puerta a trastornos metabólicos. El sistema inmunológico también cede: con los mecanismos de defensa sometidos a una demanda constante, bajan las defensas frente a infecciones y aumenta la inflamación de bajo grado, un proceso silencioso vinculado con enfermedades crónicas de diversa naturaleza.

Tensión muscular, cefaleas y fatiga sin causa aparente

En el plano muscular, el cuerpo se tensa de manera literal. El cuello, la mandíbula y la espalda acumulan rigidez que no cede con el descanso, lo que explica buena parte de las cefaleas tensionales sin una causa médica identificable. El aparato digestivo también se resiente, dado que el eje intestino-cerebro es especialmente sensible al estado emocional. La fatiga que aparece no se explica por el esfuerzo físico: es el desgaste de sostener, sin pausa, una respuesta de emergencia que el cuerpo diseñó para ser breve.

“El cuerpo que paga la factura es siempre el propio.”Norberto Abdala, psiquiatra especialista en psiconeuroendocrinología
  • Distinguir el enojo pasajero del rencor crónico: el primero aparece y se disipa; el segundo implica rumiar la ofensa durante meses o años.
  • Identificar los signos físicos que acompañan al rencor: presión arterial elevada, insomnio, rigidez en cuello y mandíbula, fatiga persistente y molestias digestivas.
  • Consultar a un profesional de salud mental cuando la carga emocional se mantiene en el tiempo: la psicoterapia cuenta con herramientas validadas para trabajar la ruminación y modular la respuesta de estrés.
  • No minimizar los síntomas físicos asociados: un control clínico permite descartar que la hipertensión, el sueño alterado o los dolores respondan a otras causas tratables.
  • Contactar líneas de ayuda locales en caso de crisis emocional: en la Ciudad de Buenos Aires funciona el 107, SAME Psiquiátrico; en la provincia de Buenos Aires está disponible el 0221-425-7777 y a nivel nacional la línea 135, entre otras dependencias provinciales.

El psiquiatra Norberto Abdala, especialista en psiconeuroendocrinología, precisa que no hay evidencia sólida para atribuir al rencor una enfermedad específica, pero sí para sostener que mantiene activados mecanismos perjudiciales para el organismo de forma prolongada. En ese sentido, advierte que el costo siempre lo paga el cuerpo de quien lo carga, y que la consulta profesional resulta pertinente cuando el recuerdo de la ofensa deja de ser un episodio para convertirse en un estado permanente.

PV
Patricia VillalobosSalud y medicina

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