Floridi, el filósofo que le baja el precio a la inteligencia artificial y le sube el precio al criterio humano
Desde Yale, el italiano Luciano Floridi recorre un argumento que incomoda a los fans de los chatbots y a los apocalípticos por igual: la IA no piensa, actúa. Y eso, lejos de ser un alivio, obliga a repensar cómo nos sentamos a la mesa con ella.
¿Puede una máquina ser inteligente si no tiene la más pálida idea de lo que está haciendo? Luciano Floridi, filósofo italiano que dirige el Digital Ethics Center de la Universidad de Yale, sostiene que no, y que esa diferencia no es un detalle menor: es la bisagra de todo lo que viene. Lo que tenemos enfrente, dice, no es inteligencia artificial sino agencia artificial. Un nombre rimbombante para una idea muy de cocina: el robot de la cocina industrial amasa, hornea y hasta glasea, pero no sabe qué es un croissant.
“Actúa, se comporta, aunque no tenga mente, ni entendimiento, ni conciencia. Hace cosas por nosotros, en lugar de nosotros, mejor que nosotros”, define Floridi. La frase es del propio investigador, y sirve para correr la pregunta del lugar donde se atascó el debate. Si la IA fuera inteligente, la discusión sería si puede superarnos. Como no lo es, la discusión pasa a ser cómo la usamos sin que nos maneje.
La cuarta revolución, con Copérnico y Darwin como compañeros de fila
Floridi ubica este momento como la cuarta gran revolución intelectual de la humanidad. La primera la cocinó Copérnico cuando sacó a la Tierra del centro del universo. La segunda fue Darwin, que bajó a la especie humana del pedestal del reino animal. La tercera, Freud, mostró que ni siquiera mandamos en nuestra propia cabeza. La cuarta lleva la firma de Alan Turing: ya no somos el centro de la esfera de la información.
“No es que el centro sea la tecnología. Una humanidad más madura se concibe al servicio de su prójimo, del medio ambiente y de las generaciones futuras, no como protagonista absoluta del universo.”Luciano Floridi, filósofo y director del Digital Ethics Center de la Universidad de Yale
Para Floridi, perder ese centro no es una derrota sino una señal de crecimiento. Y la conclusión práctica es la que más duele a los que piden frenar todo: no hay que detener a la IA, hay que entenderla y sentarse a la mesa con ella sin entregarle el menú. La herramienta conceptual para hacerlo, según él, es la filosofía de la información, una disciplina que él mismo fundó en los años noventa, cuando la mayoría de los campos usaban la información sin estudiarla como objeto.
- La IA no comprende: produce efectos sin tener mente, ni entendimiento, ni conciencia.
- La pregunta correcta no es si puede superarnos, sino cómo la usamos sin perder el juicio propio.
- Pedir que se frene la tecnología no tiene sentido: hay que integrarla con criterio y pensamiento crítico.
- Perder el centro de la escena informativa no es una derrota, es una madurez de la especie.
Y acá, estimado lector, está lo que cambia para el usuario común de a pie. Si el chatbot que le contesta mails o le resume un PDF no entiende una palabra de lo que escribe, entonces la responsabilidad de verificar, preguntar y decidir sigue siendo enteramente suya. La IA es el horno nuevo de la cocina: hace cosas por nosotros y, en muchos casos, mejor que nosotros. Pero el chef que prueba la salsa y decide si está lista todavía se sienta del lado humano de la mesa. Y, según Floridi, la obligación de seguir siendo ese chef no se negocia.
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