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LUN, 14 SEPT 2026
Vida

Estrellas amarillas en el asfalto porteño: la cuenta pendiente con el peatón

Una campaña impulsada por familiares de víctimas del tránsito volvió a la Legislatura para recordar algo que solemos olvidar: antes de conductores, todos somos transeúntes. Recorrido por los reclamos, las cifras que duelen y lo que está en juego en el Congreso.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

A veces, mientras espero el colectivo en una esquina cualquiera de Buenos Aires, miro el asfalto y vuelvo a verlas: estrellas amarillas pintadas con aerosol, a veces un poco gastadas por las lluvias y el paso de los barrenderos, pero todavía ahí, firmes en el pavimento como una denuncia silenciosa. Son las marcas que dejó algún dolor que todavía late en una familia, en un barrio, en una ciudad que aprendió a convivir con ellas como si fueran parte del paisaje. Esta semana, en la Legislatura porteña, se volvió a hablar de esas estrellas y, sobre todo, de lo que significan: que detrás de cada mancha en la calle hubo una persona que caminaba, cruzaba, volvía a su casa o iba a trabajar, y que ya no está.

La Asociación Internacional de Víctimas de Tránsito presentó una nueva campaña con una frase que parece de manual pero se repite poco en las conversaciones de café y en las aulas: antes de ponerse al volante, todos somos peatones. La idea, sencilla y a la vez profunda, busca instalar la mirada del caminante como punto de partida de cualquier decisión al conducir. Si uno piensa por un instante en lo que se siente estar parado en la vereda, con el bolso de compras o con la mochila de la escuela, empieza a entender por qué la campaña insiste tanto en ese giro.

La desproporción que nadie quiere mirar

El argumento central es casi físico, de esos que se entienden sin necesidad de estadísticas: un auto promedio pesa más de mil kilos; un cuerpo humano, entre sesenta y noventa. La diferencia convierte al peatón en el actor más débil de la vía pública y, según quienes impulsan la campaña, obliga a quien maneja a jerarquizar esa fragilidad antes de calcular a qué velocidad dobla, cuándo frena o cómo reacciona cuando el semáforo se pone amarillo. No se trata de un invento: cada vez que un patrullero llega a un choque entre un vehículo y una persona, la escena lo confirma.

“Lo que más duele es que Kevincito tenía toda la vida por delante y se la llevó alguien que decidió subirse borracho al auto y después se fugó. Pasaron más de veinte años y todavía seguimos pidiendo lo mismo: que se entienda que el que maneja carga con una responsabilidad que no termina cuando apaga el motor.”Viviam Perrone, referente de Madres del Dolor

Viviam Perrone es una de las voces más reconocidas de Madres del Dolor, la agrupación que desde hace años pelea por penas más duras y por políticas de prevención que no queden en el papel. Su hijo Kevin Sedano tenía 14 años cuando fue atropellado el 1° de mayo de 2002 en Vicente López; el conductor se fugó y el adolescente murió una semana después, en un caso que marcó un antes y un después en la agenda de seguridad vial argentina. Cada vez que Perrone habla en un recinto oficial, lo hace con esa mezcla de firmeza y tristeza que sólo tienen quienes transformaron el duelo en militancia cotidiana.

Qué se reclama en el Congreso

La iniciativa no se queda en el pedido emocional: también lleva un proyecto concreto al Congreso de la Nación. Los puntos más sensibles son:

  • Mayor dureza penal para quien conduce alcoholizado y protagoniza un siniestro.
  • Sanciones específicas para las picadas ilegales, una práctica que en los últimos años se volvió habitual en accesos y rutas.
  • Agravantes para el conductor que abandona a la víctima después de atropellarla, una conducta que en muchos casos se castiga con penas que las familias consideran insuficientes.
  • Impulso a campañas educativas sostenidas en el tiempo, no solo spot sueltos en fechas clave.

En Estados Unidos, y en particular en el estado de Texas, la lógica funciona al revés de lo que conocemos en la Argentina: allí el sistema penal suele ser mucho más rígido con los conductores imprudentes y los seguros médicos privados obligan a una cultura de prevención muy estricta. Acá, en cambio, la discusión suele quedar atrapada entre la ley nacional de tránsito, las jurisdicciones locales y una Justicia que tarda en resolver los casos. Por eso, para Perrone y otras madres, la reforma penal no es un capricho: es la herramienta que puede empezar a equilibrar la balanza.

El significado de cada estrella

La campaña también recuperó el símbolo de las estrellas amarillas, esas marcas que se pintan o se colocan en el lugar exacto donde alguien perdió la vida en un siniestro vial. Funcionan, al mismo tiempo, como memorial, como advertencia y como recordatorio de que detrás de cada mancha en el asfalto hay una historia familiar. La tradición lleva décadas y se extendió desde los Estados Unidos hasta distintos puntos de América Latina: en la Argentina ya se ven en veredas de la Capital Federal, en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior, y cada vez que aparecen nuevas, significan que se sumó un nombre más a una lista que nadie quiere engrosar.

Como peatona de todos los días y como alguien que también se sube a un auto para ir a una entrevista o llevar a sus hijas al colegio, confieso que estas campañas me interpelan doble. Por eso el dato práctico, porque a veces sirve para lo concreto: si en tu barrio hay una estrella amarilla, podés sumarte a los grupos locales de víctimas que trabajan para mejorar la señalización, pedir reductores de velocidad o reclamar mejor iluminación. La próxima vez que pares en una esquina y la veas, acordate de que esa marca es, en realidad, un pedido: que el que viene manejando, por una vez, se ponga en el lugar de quien camina.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación

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