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LUN, 14 SEPT 2026
Vida

Cuando la vida sacude la imagen propia: por qué la autoestima tarda en volver y cómo se recupera

Un estudio de la Universidad de Zúrich siguió durante seis meses a más de mil adultos que atravesaron duelos, separaciones y despidos. La mayoría mejoró con el tiempo, pero una minoría quedó atrapada en niveles bajos. Qué dice la psicología sobre los factores que ayudan y los que traban esa reconstrucción.

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Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo vi muchas veces en las aulas y en los patios de las escuelas donde cubrí historias durante años: un chico que repite un año y vuelve a casa con la cara larga, una docente que pierde el puesto y durante semanas camina como si le faltara el aire, una madre que se separa y de golpe duda de todo lo que creía saber de sí misma. La escena se repite porque la pregunta es siempre la misma, aunque cambie el escenario: cuando la vida te pega un golpe, ¿cuánto tarda en volver la imagen que uno tiene de sí mismo y por qué a algunos les cuesta muchísimo más que a otros?

Lo que midió el estudio de Zúrich

Un equipo de la Universidad de Zúrich publicó en 2026 un trabajo con una metodología poco habitual: en lugar de quedarse en una foto del momento, decidió seguir a más de mil adultos alemanes durante 24 semanas. Todos habían atravesado un episodio adverso en las seis semanas previas: la muerte de un ser querido, una separación, la pérdida de empleo, el fin de una amistad cercana o la reprobación de un examen. Cada participante completó cinco evaluaciones a lo largo del período y respondió cuestionarios de personalidad y de autoestima, lo que permitió ver no solo cómo arrancaban, sino cómo evolucionaban con el paso de los meses.

El primer dato que llamó la atención de los investigadores fue que solo el 11% de los voluntarios mantuvo niveles muy bajos de autoestima durante todo el seguimiento. La gran mayoría, incluso quienes habían empezado en situaciones muy desfavorables, fue mejorando con el tiempo. La conclusión de los autores fue que la habituación y la adaptación son la respuesta más frecuente frente a un evento negativo: el ser humano tiende a acostumbrarse, a reordenar la historia y a seguir adelante, aunque eso no signifique que el dolor desaparezca.

Por qué a algunos les cuesta más: los factores que traban la recuperación

  • El peso emocional que cada persona le asigna al hecho: no duele igual perder un trabajo que se odiaba que perder uno que daba sentido al día a día.
  • El grado de control que se siente tener sobre la situación: cuando se percibe como inevitable, el golpe sobre la autoestima suele ser mayor.
  • El impacto en la posición social: un despido o un fracaso académico pueden leerse como un descenso en el lugar que uno ocupa frente a los demás.
  • El cambio en la visión del mundo, por ejemplo, empezar a creer que la vida es injusta o que los propios esfuerzos no sirven para nada.
  • La personalidad: los altos niveles de neuroticismo, es decir, la tendencia a interpretar los cambios desde una mirada negativa, aparecen asociados a una recuperación más lenta y a más rumiación.

Qué eventos pesan más y qué papel juega la edad

El estudio identificó dos situaciones especialmente asociadas a la dificultad para reconstruir la autoestima: la pérdida de empleo y el fin de una amistad. En ambos casos, lo que se ve afectado no es solo el presente, sino la proyección a futuro, porque se trata de vínculos que daban estructura cotidiana. Las separaciones de pareja, en tanto, golpean de manera particular cuando se viven como rechazo, ya que reactivan viejas heridas sobre el propio valor. En el otro extremo, la edad apareció como un factor protector: las personas mayores mostraron mejor recuperación, probablemente porque acumulan experiencia en haber atravesado caídas previas y en haber salido de ellas.

Un dato práctico para las familias

Para quienes acompañan desde casa, la conclusión más concreta del trabajo es que conviene evitar dos reacciones opuestas que suelen aparecer cuando alguien cercano la pasa mal: la minimización del hecho, del estilo "no es para tanto, ya se te va a pasar", y la sobreinterpretación, que consiste en leer cada comportamiento como señal de un daño permanente. Los investigadores sugieren que lo que mejor funciona es acompañar sin forzar, ayudar a poner en perspectiva el episodio y recordar, con hechos concretos y no con frases hechas, otras situaciones difíciles que esa persona ya atravesó y pudo superar. Esa memoria de logros anteriores es, según los autores, uno de los mejores antídotos contra la idea de que un golpe define para siempre la imagen que uno tiene de sí mismo.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación

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