Cerebros sin dueño: por qué la idea de que uno es de izquierda o de derecha ya no se sostiene
Una investigación con más de mil participantes y el análisis de la psicóloga Grace Tworek desmontan la clasificación que promete explicar la personalidad según el hemisferio dominante
Yo lo escuché cientos de veces en las aulas, y cada vez me pasa lo mismo: la maestra de turno señala a un nene que resuelve cuentas a toda velocidad y dice, convencida, que es un cerebro izquierdo. Al rato, en la otra punta del salón, una nena que pinta figuritas imposibles recibe el título inverso, el de cerebro derecho, como si eso alcanzara para explicar quién es cada uno. La escena se repite en las escuelas argentinas desde hace décadas y, sin embargo, no tiene ningún respaldo científico: la lateralidad hemisférica existe, pero no funciona como un sello que determina la personalidad ni el modo de aprender.
Lo aclararon sin rodeos los autores de un estudio publicado en PLOS ONE, que analizaron la conectividad cerebral en reposo de 1.011 personas de entre 7 y 29 años. Identificaron regiones con lateralización, como áreas del lenguaje en el hemisferio izquierdo y redes de atención en el derecho, y al mismo tiempo comprobaron que esas conexiones no se agrupan en un patrón que favorezca consistentemente a un hemisferio sobre el otro en cada individuo. En otras palabras: la especialización es local, de redes específicas, no global.
Lo que sí es cierto y lo que no
- El hemisferio izquierdo interviene de manera destacada en el lenguaje y controla el movimiento del lado derecho del cuerpo.
- El hemisferio derecho participa en el procesamiento visual y espacial y controla el lado izquierdo.
- Ambos hemisferios se comunican de forma permanente a través del cuerpo calloso, un conjunto de fibras nerviosas que intercambia información entre las dos mitades.
- Esa coordinación es la que hace posible tareas cotidianas como una conversación, que exige procesar palabras, interpretar el tono, leer gestos y manejar el contexto emocional en simultáneo.
La psicóloga Grace Tworek, de Cleveland Clinic, lo puso en palabras que cualquier padre puede entender: las fortalezas individuales no prueban que una mitad del cerebro gobierne la personalidad. El mito, vale recordarlo, nació de investigaciones con pacientes a quienes se les había seccionado el cuerpo calloso para controlar crisis epilépticas graves, intervenciones excepcionalísimas que no describen cómo funciona un cerebro sano.
La advertencia llegó también desde la Unesco, que señaló que trasladar estas ideas al aula puede condicionar las expectativas sobre los alumnos. Silvia, maestra de primaria en una escuela pública de Moreno con la que conversé esta semana, lo vive a diario: los chicos que se autodefinen como poco creativos porque se creen analíticos dejan de probar cosas nuevas, y los que se etiquetan como desorganizados por asumirse artísticos abandonan las rutinas que ordenan cualquier aprendizaje. En Texas, donde muchos distritos escolares organizan aulas separadas según estos supuestos perfiles, los propios docentes consultados por la prensa especializada reconocen que el modelo se viene desmoronando ante la falta de evidencia; en la Argentina todavía sobrevive en cuadernillos, talleres para padres y tests virales de redes sociales.
Un dato práctico para llevar a la mesa familiar
Si en tu casa alguien repite el test de internet que dice si sos de cerebro izquierdo o derecho, convendría tratarlo como un pasatiempo y nada más. Las habilidades se entrenan, no nacen atadas a un hemisferio: un chico puede mejorar en matemática sin dejar de dibujar, y puede desarrollar la creatividad sin resignar la organización. La próxima vez que un nene o una nena diga yo soy de un lado, vale la pena recordarle que su cerebro trabaja en equipo, y que ese equipo, además, se reconfigura con cada aprendizaje.
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