Houston Noticias  Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.550,00 0,00%Dólar MEP $1.540,10 0,00%Riesgo país 524 pb +1,75%
DOM, 20 SEPT 2026
Turismo

Arequipa, la Ciudad Blanca que se come con los ojos antes que con el tenedor

A una hora y cuarto de avión desde Lima, la capital del sur peruano combina sillar, volcanes y picantes que arden en la memoria.

LG
Lucas GorostiagaDeportes · 20 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Hay ciudades que te reciben con un abrazo y otras que te reciben con un paisaje. Arequipa hace lo segundo. Apenas uno baja del avión, después de una hora y veinticinco minutos desde Lima, el Misti aparece como un escudo enorme vigilando el valle del río Chili. Y uno entiende rápido que esta no es una escapada más: es una postal con sillar, volcanes y olor a ají.

Prepará el bolso sin pasarte de ropa

Un dato que parece menor y arruina el primer día a más de un desprevenido: la térmica. De día el termómetro ronda los 24 grados, pero al caer el sol el mercurio se desploma hasta los 8 o 10. El clima es seco, el cielo casi siempre está limpio y todavía sobreviven terrazas agrícolas que los incas usaban para cultivar. Llevá un buen abrigo para la noche y olvidate del paraguas: no lo vas a extrañar.

La Plaza de Armas, corazón de todo

Como en cualquier pueblo que se precie, el recorrido empieza en la Plaza de Armas. Alrededor se ordenan la catedral y los portales de la Municipalidad, de Flores y de San Agustín. En el 2000 la Unesco la declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad por la mezcla de técnicas constructivas nativas y europeas. Dato que vale la pena repetir, porque no es poca cosa: la arquitectura arequipeña no es copia de nada, es una liga propia.

El material estrella es el sillar, una piedra volcánica blanca que le da a Arequipa su apodo de Ciudad Blanca. La catedral actual se levantó después del terremoto del 2001 y guarda en su interior un órgano fabricado en Bélgica: doce metros de alto y 1.218 tubos. Suena en las misas dominicales y, según cuentan los que escuchan, tiembla el pecho. Los que se animan pueden subir al campanario y mirar la ciudad desde arriba.

San Agustín, Yanahuara y la mesa

A pocos pasos de la plaza, la iglesia de San Agustín ofrece otra parada imperdible. La entrada a la capilla cuesta 10 soles y ojo: adentro no se puede sacar fotos ni filmar con el celular. Los frescos mezclan vegetación y aves de la selva peruana. Es de esos lugares donde uno baja la voz sin que nadie se lo pida.

  • Yanahuara: el mirador para ver el Misti, el Chachani y el Pichu Pichu en fila india. Con el Misti a 5.822 metros, el silencio hace de marco.
  • Las picanterías: la cocina local se sirve en locales con historia. Si te ofrecen rocoto relleno, pedilo sin miedo. El picante es parte del paisaje.
  • El clima seco: ideal para caminar todo el día sin que la transpiración te juegue una mala pasada.

Mientras ordenaba el recorrido, me crucé con Carlos, un porteño de paso que andaba con la guía en la mano. 'Vine por el Misti y me quedo por la gente', me dijo, con la misma cara de asombro que poníamos los argentinos cuando en el 86 Maradona les pintaba la cara a los ingleses. Hay pasiones que se entienden sin traducirlas. La de Carlos por Arequipa es una de ellas.

El próximo destino desde el sur peruano: las alturas de Colca. Aunque eso, querido lector, quedará para otra crónica.

LG

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo