Una noche entera buscando un muerto en medio de la nada: bienvenidos al cine de Ceylan
El director turco vuelve a demostrar que se puede filmar un thriller de casi tres horas sin persecuciones, sin gritos y sin un solo giro de guion que merezca un meme.
Acá va una confesión: si me dicen que la película dura dos horas y media y que la mitad es gente caminando por el campo de noche buscando algo, mi primer reflejo es buscar la salida. Pero Nuri Bilge Ceylan, el director turco que parece haberse propuesto como misión personal vaciar las salas de cine a fuerza de paciencia, vuelve a demostrar que el ritmo cinematográfico es, básicamente, una convención que él se niega a respetar.
La premisa que no necesita más que eso
Un fiscal, un médico forense y un puñado de policías salen de noche con el asesino y su cómplice a buscar el cuerpo de la víctima por las estepas de Anatolia. Hasta ahí, todo normal. El detalle que arruina el paseo es que los dos sospechosos estaban borrachos cuando enterraron el cadáver y, como suele pasarles a los que toman de más, no recuerdan dónde. Lo que sigue es una travesía larga, polvorienta y bastante frustrada por un paisaje que parece la zona más tranquila de Houston a las tres de la mañana, pero con menos faroles.
Y acá viene lo clave: Ceylan no usa esa situación para armar un suspenso clásico. No hay un ruido que sobresalte, no hay una rama que se rompe, no hay un personaje que mira hacia atrás con cara de haber visto algo. Lo que hay son conversaciones. Conversaciones que en la superficie parecen triviales, sobre la vida de cada uno, sobre el cansancio, sobre la comida, sobre nada. Pero esas conversaciones se van cargando de peso a medida que la noche avanza, como cuando en una sobremesa familiar alguien dice algo aparentemente intrascendente y de repente todos se quedan callados mirando el mantel.
Un director que filma como quien respira
Ceylan tiene una marca registrada: un cine de ritmo lentísimo y observación quirúrgica de lo cotidiano. En Érase una vez en Anatolia lleva esa obsesión al límite. La duración no se justifica porque la trama sea compleja (spoiler: no lo es), sino porque la mirada del director prefiere quedarse en esos detalles que otros filmes cortan en el montaje. La pausa antes de hablar. La luz que aparece a lo lejos. El cansancio acumulado en una cara después de cinco horas sin dormir.
El resultado es una película que incomoda a quien va preparado para aceleración y recompensa a quien acepta las reglas de juego. La angustia que construye no es la del suspenso de domingo a la tarde, sino algo más parecido al agotamiento existencial: personas que conviven todos los días con el crimen y la muerte, y que de tanto roce van perdiendo la capacidad de mirarse entre sí (algo que, siendo honesta, nos pasa a todos en cualquier oficina).
Lo que hay que saber antes de darle play
- Ganó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, así que no es una rareza de autor desconocido.
- Está considerada una de las obras centrales del cine turco contemporáneo, junto con otras películas del mismo director que también duran más que un casamiento.
- Se puede ver en Filmin, la plataforma de streaming que parece hecha a medida para este tipo de propuestas.
- La duración es de dos horas y media, así que conviene verla de noche y con el teléfono en silencio, porque la película exige silencio como condición.
Mi recomendación, sin vueltas: si lo que buscan es un thriller que los deje al borde del asiento, sigan de largo. Pero si están dispuestos a sentarse frente a una pantalla y dejar que una noche entera de búsqueda en la estepa turca les haga ruido en la cabeza durante los próximos tres días, denle play. Después me cuentan si sobrevivieron.
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