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LUN, 14 SEPT 2026
Entretenimiento

Una familia que sabe discutir sobre adjetivos pero no puede hablar de lo que le duele

"Amaru", la nueva comedia de Andrea Garrote, llega al Teatro Picadero con un elenco de cuatro actores y una premisa bien filosa: una pareja y su hijo reciben a la novia de él y todo el equilibrio familiar empieza a desmoronarse.

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Mariana EcheverríaCultura y espectáculos · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Hay familias que tienen un manual de conversación perfectamente aceitado, con temas permitidos y temas prohibidos, y que prefieren gastarse tres cuartos de hora discutiendo si un adjetivo está bien usado antes que pronunciar una sola frase verdadera sobre lo que les pasa. Esa es, exactamente, la familia que Andrea Garrote puso en escena en "Amaru", la comedia que se presenta los domingos a las 18 en el Teatro Picadero y que dura 80 minutos. Es una comedia que no necesita gritar para incomodar: le alcanza con mostrar lo cerca que estamos de ese living.

La autora, que viene del éxito de su monólogo "Pundonor" (2018), comparte la dirección con Carolina Stegmayer y se reserva el papel de Mariel, la madre. El punto de partida es bien simple: una noche, el hijo Lucas trae a casa a su novia, Amaru. Ella es una chica llamada como la serpiente sagrada del quechua, y su sola presencia alcanza para que el equilibrio frágil de esa casa empiece a resquebrajarse. No viene a provocar nada, pero lo provoca todo.

Cuatro actores, dos bandos y un elenco en estado de gracia

Lo que se ve arriba del escenario es un elenco de cuatro actores que funciona como un reloj un poquito desquiciado, pero reloj al fin. Garrote compone a Mariel con una precisión cómica que no sacrifica la emoción, y se nota que la dramaturga se conoce el personaje de memoria. Marcos Ferrante se pone en la piel del padre, un hombre en plena crisis de mediana edad al que la llegada de Amaru lo desarma entero. Julián Cnochaert hace de Lucas, el hijo, y alterna el humor con la ternura de manera casi imperceptible, sin que uno note el cambio de registro. Y Fiamma Carranza Macchi le da cuerpo a Amaru, la visitante, con una presencia que genera tanto encanto como inquietud. Vamos, como cuando alguien llega a la reunión familiar y vos todavía no sabés si le vas a agradecer o le vas a tener miedo.

La escenografía minimalista de Santiago Badillo resuelve el resto: organiza el espacio en niveles que acompañan la dinámica de poder entre los personajes, y deja que el público mire hacia abajo, hacia el centro, hacia donde se cocina todo. Porque Amaru propone pactos sobre el uso de pantallas, tiene una relación distinta con el tiempo y trae consigo el contacto afectivo que en esa casa nunca había tenido lugar. La madre desconfía. El padre cae bajo su influencia. El hijo observa cómo su mundo doméstico se transforma desde adentro, casi como un etnólogo que de golpe le toca ser protagonista de su propia investigación.

Humor sostenido y un tramo final con un giro inesperado

  • Comedia de 80 minutos escrita por Andrea Garrote, codirigida con Carolina Stegmayer.
  • Elenco: Andrea Garrote (Mariel), Marcos Ferrante (el padre), Julián Cnochaert (Lucas) y Fiamma Carranza Macchi (Amaru).
  • Escenografía minimalista de Santiago Badillo, con el espacio organizado en niveles que marcan las relaciones de poder.
  • El humor funciona tanto en la carcajada como en la incomodidad reconocible, y en el tramo final aparece un elemento fantástico que no rompe el tono.
  • Funciones: domingos a las 18 en el Teatro Picadero, pasaje Enrique Santos Discépolo 1857.
“La obra no deriva hacia el drama: es una comedia con humor sostenido, construida en varias capas, que en el tramo final incorpora un elemento fantástico sin perder el tono.”La descripción de la propia puesta

(Dato al margen: si te suena conocido ese hogar donde las palabras tapan lo que no se puede decir, es probable que te sientas un poco menos solo al salir del teatro, y también un poco más observado. La incomodidad que genera "Amaru" no es un defecto de la función: es exactamente la idea.)

Si me preguntan a mí, vayan. "Amaru" es de esas obras que te hacen reír primero y te dejan pensando después, en el colectivo de vuelta a casa o en la cama antes de dormir. No hace falta ser experto en quechua ni tener una familia disfuncional a mano para disfrutar la función: alcanza con haber estado alguna vez en una mesa donde todos hablan mucho y nadie dice nada. Los domingos a las 18 en el Picadero están servidos.

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Mariana EcheverríaCultura y espectáculos

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