Una bomba con costra: el cheesecake que se hace el vivo y se disfraza de crème brûlée
Parece un cheesecake, tiene pinta de crème brûlée y se come como dos golazos en la misma jugada. Te paso la receta completa para que te animes el fin de semana, con horno, baño maría y soplete mediante.
A primera vista parece un cheesecake clásico: base de galleta, relleno bien cremoso y esa textura que se deshace en la boca. Pero cuando le pasás el soplete por arriba y se forma esa costra crocante, el postre se transforma y te hace acordar a una crème brûlée. Dos clásicos de la pastelería en un solo plato. Una joyita.
La base, paso a paso
Empezamos por abajo, como cualquier defensa que se precie. Triturás galletitas y las mezclás con manteca derretida y una pizca de sal. Esa pasta se presiona bien firme contra el fondo y los bordes de un molde desmontable de unos 20 centímetros. Mientras tanto, armás el relleno.
El relleno, la jugada clave
Acá está el corazón de la cuestión. Batís queso crema a temperatura ambiente con azúcar, huevos, yemas, crema de leche, vainilla y un poquito de harina, solo para darle cuerpo. Cuando está todo integrado, lo volcás sobre la base y al horno, precalentado a 160 grados.
Baño maría y paciencia, mucha paciencia
Cubrís el molde con papel aluminio para que no le entre agua y lo metés dentro de una asadera con agua hirviente hasta la mitad de su altura. Así horneás una hora y cuarto. Después apagás el horno, dejás la puerta entreabierta y el pastel adentro para que enfríe de a poco, sin golpes de calor. Recién cuando tomó temperatura ambiente va a la heladera, donde tiene que pasar toda la noche.
El momento soplete
Al día siguiente, espolvoreás azúcar impalpable por encima y le pasás el soplete hasta que se forme esa capa dorada y crujiente que define a la crème brûlée. Ojo: sin soplete no hay caramelizada, porque el horno no genera el calor concentrado que necesita la costra para formarse.
- Frambuesas frescas, para cortar el dulzor con un toque ácido.
- Arándanos, que le suman color y frescura.
- Una bocha de helado de vainilla, para jugar con el contraste entre lo caliente de la costra y el frío del helado.
La receta es larga, eso no hay cómo esconderlo. Lleva horno, baño maría, reposo nocturno y un soplete que no es opcional. Pero el resultado bien vale la espera. Ahora bien, la pregunta del millón: ¿lo hacés para un cumpleaños, un aniversario o una cena con gente que querés quedar como un campeón, o te animás un domingo cualquiera, sin motivo y a full? Yo, Lucas Gorostiaga, lo dejo para una fecha especial, no nos vamos a mentir.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.