Un sauce casi invisible: Plottier abre la puerta para aprender a reproducirlo y devolverlo al paisaje
El Centro de Formación Profesional Agropecuario Nº 1 lanza un taller gratuito todos los martes para identificar, multiplicar y plantar el Sauce Criollo, la única especie de sauce originaria de la Argentina.
A veces me cruzo por la ruta con un sauce que nadie mira. Está ahí, firme, sosteniendo el borde del río con sus raíces como si fueran dedos abiertos, y sin embargo pasa inadvertido incluso para quienes vivimos a su lado. Esa imagen me volvió a la cabeza mientras leía sobre una iniciativa que arranca la semana que viene en Plottier, Neuquén, y que tiene como protagonista nada menos que al Salix humboldtiana, el único sauce que es originario de nuestro país. Sí, uno solo. Criollo, como le dicen en la zona, y prácticamente desconocido para la mayoría.
El Centro de Formación Profesional Agropecuario (CFPA) Nº 1 de Plottier pone en marcha un ciclo de talleres gratuitos destinados a enseñar a reconocer esa especie y, sobre todo, a reproducirla. La apertura está prevista para el martes 8 de septiembre, de 16 a 18, en la sede ubicada sobre Ruta 22, kilómetro 1232. A partir de ese primer encuentro, las clases se repetirán todos los martes en el mismo horario, lo que le da al programa una continuidad poco habitual para este tipo de propuestas.
De la teoría al estaquero, paso a paso
La capacitación está a cargo del técnico forestal Julián Basile y de la ingeniera agrónoma Gabriela Sotera, que son quienes van a sostener el vínculo con los participantes durante todo el ciclo. El plan arranca con una clase teórica sobre las características del Sauce Criollo, necesaria para no confundirlo con los sauces introducidos que suelen poblar las márgenes de ríos y canales. Después, rápido, se pasa a la práctica: recolección de estacas, armado de un estaquero y seguimiento del proceso de enraizamiento. También se incluye la observación de la planta en flor, un detalle clave para que cualquiera pueda identificarlo cuando lo vea en el campo.
- Inscripción: abierta y gratuita, sin requisitos previos, para vecinos, productores, estudiantes, organizaciones e instituciones.
- Primer encuentro: martes 8 de septiembre, de 16 a 18, en la sede del CFPA Nº 1, Ruta 22, kilómetro 1232, Plottier.
- Frecuencia: todos los martes, en el mismo horario, con práctica desde la primera jornada.
- Contenidos: identificación de la especie, recolección de estacas, armado de estaquero, seguimiento del enraizamiento y observación de la planta en flor.
- Destino de las plantas obtenidas: futuras acciones de plantación y recuperación en la región.
Lo que más me interesa de esta propuesta es que no se queda en el aula. La idea es consolidar un estaquero permanente como unidad didáctico-productiva, es decir, un espacio donde la formación y la producción de plantas convivan todo el año. Eso significa que lo que se aprenda en el taller no se pierde: se transforma en plantas concretas que, más adelante, están llamadas a volver al territorio.
“Cuando leí esto no pude evitar pensar en la cantidad de veces que un sauce nativo cae o se pierde sin que nadie repare en que era criollo. Que exista un lugar donde enseñen a multiplicarlo me parece una pequeña gran noticia.”Daniela Ochoa Mendieta
Un antecedente patagónico que le da respaldo
La experiencia no surge de la nada. El INTA viene desarrollando en la Patagonia trabajos de rescate del Sauce Criollo apoyados en la propagación vegetativa y en el cultivo en estaqueros, una técnica que consiste en hacer enraizar fragmentos de la planta madre para obtener nuevos individuos idénticos. En Río Negro, durante 2026, se llevaron adelante jornadas junto a escuelas y acciones de plantación en varias localidades, lo que muestra que el camino ya está probado y que da resultados cuando hay continuidad.
Vuelvo a pensar en aquel sauce del principio, ese que parece invisible al costado de la ruta. La invitación que me queda es directa: anotarse, ir el martes, preguntar, llevarse una estaca y, sobre todo, comprometerse a que ese conocimiento no se quede en la carpeta. Si del taller salen plantas que vuelvan al río, al barrio, a la escuela, entonces vamos a estar empezando a saldar una deuda vieja con un árbol que siempre estuvo y nunca supimos nombrar.
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