Tres parques, una gran migración y aldeas que sobreviven al turismo: el norte de Tanzania, parque por parque
Un recorrido por Tarangire, Serengeti y Ngorongoro muestra cómo se organizan los safaris en el norte de Tanzania: dónde dormir, qué se ve y qué se negocia cuando el reloj lo marcan los animales.
El candidato a safari soñado suele prometer tres cosas: ver la gran migración, cruzarse con un leopardo sobre un árbol y despertar entre baobabs. El norte de Tanzania cumple las tres, y las cobra en dólares, en horas de cornisa y en barro alcalino que se lleva puesto el calzado.
El itinerario que sirve de base a esta nota empieza en el aeropuerto de Kilimanjaro y combina tres escenarios distintos: los baobabs y elefantes de Tarangire, las llanuras infinitas del Serengeti y la caldera del Ngorongoro, con escalas en aldeas hadzabe, datoga y masáis.
¿Qué tiene cada parque y por qué no se pueden saltear?
- Tarangire: baobabs, elefantes y lodge a orillas del lago Burunge, con vianda para almorzar dentro del vehículo.
- Serengeti: casi 15.000 kilómetros cuadrados de sabana donde ñus y cebras se mueven sin horario; el cruce del río Mara puede verse o frustrarse en el mismo día.
- Ngorongoro: cráter con alrededor de 25.000 animales, descenso de media hora por un camino de cornisa, flamencos y rinocerontes negros a distancia.
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