Quedarse sin tener por qué: el escritor que se quedó en Cuba cuando todos se fueron
Una película cubana de los años sesenta vuelve a circular y sirve para repasar cómo el cine latinoamericano se animó a contar sus propios asuntos, sin pedirle permiso a Hollywood.
A veces la decisión más dramática de una película no es un tiroteo ni un discurso encendido, sino la pura y simple decisión de no moverse. Eso es justamente lo que cuenta "Memorias del subdesarrollo", la película que el cubano Tomás Gutiérrez Alea escribió y dirigió y que ahora vuelve a tener a los cinéfilos con el manual del buen revolucionario bajo el brazo.
Sergio, el señorito que se aburre en su propia revolución
El protagonista es Sergio, un escritor que cuando su familia se manda a mudar a Miami decide quedarse en Cuba. Y no lo hace movido por una causa ni por una convicción política digna de un afiche: lo hace por hartazgo, esa clase de cansancio que en Houston bien podríamos comparar con quedarse en el departamento mientras los amigos se van de fin de semana largo, no por amor al lugar sino porque empacar la valija ya suena a un esfuerzo extra.
Mientras la isla se transforma alrededor suyo, Sergio pasa el tiempo mirándola desde la azotea de su edificio, filosofea sobre lo que ocurre y, sobre todo, intenta moldear a sus parejas sentimentales a gusto y piaccere. Decide de qué leen, cómo se visten, qué escuchan. Un costado del personaje que pinta de cuerpo entero a un tipo más preocupado por su propia estética que por la Historia con mayúsculas.
Imágenes reales en medio de una historia inventada
La película no avanza como un relojito, y eso es parte de su gracia. Alea mezcla los recuerdos de Sergio con material de archivo de noticieros que registran hechos de verdad, entre ellos la Crisis de los Misiles, ese momento en que el mundo contuvo la respiración mientras la isla se convertía en escenario de un pulso entre gigantes. Esa costura entre ficción y documento le da al relato una segunda capa, como si la vida íntima del personaje estuviera siendo interrumpida por la versión grande de la historia.
El Tercer Cine: cuando América Latina dejó de copiar fórmulas
El lugar de la película en la historia del cine no es un detalle menor. La obra se inscribe en el Tercer Cine, una moviento que vinculó la experimentación cinematográfica con los temas sociales y políticos, y que propuso otras formas de producir y narrar frente al modelo comercial de Hollywood y el cine de autor europeo. El acceso a cámaras y celuloide más baratos les permitió a esos realizadores una libertad económica y creativa que cambió las reglas del juego. Dentro de esa moviento, el cine cubano tuvo una participación destacada, y "Memorias del subdesarrollo" es uno de sus ejemplos más lúcidos.
- Drama personal que se cruza con material documental de noticieros.
- Estructura de recuerdos que alterna presente, pasado y archivo de época.
- Crítica a una clase media acomodada que observa los cambios sin sumarse.
- Reflexión sobre las diferencias de clase tanto en la política como en la intimidad.
- Una pieza clave del Tercer Cine latinoamericano.
Mi recomendación, sin vueltas: si te interesa el cine que se anima a discutir su tiempo en lugar de evadirlo, y si te bancás un ritmo que se toma su tiempo para pensar en vez de apurarse para vender entradas, esta película sigue siendo una cita obligada. Y si sos de los que prefiere mirar desde el sillón cómo otros hacen la revolución, bueno, Sergio ya les ganó el lugar hace más de medio siglo.
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