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MAR, 06 OCT 2026
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Pollo al limón con dos harinas: la fórmula casera para que el rebozado quede crocante y la carne, jugosa

Contramuslo entero, una cobertura con harina de trigo y almidón de maíz, y una salsa agridulce que se arma aparte: el paso a paso, las proporciones y los trucos que marcan la diferencia.

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Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación · · lectura 3 min
Pollo al limón con dos harinas: la fórmula casera para que el rebozado quede crocante y la carne, jugosa

Lo confieso: la primera vez que probé pollo al limón fue en un bodegón de Once, hace ya demasiados años, y me quedé enganchada con esa combinación rara de cubierta crocante, carne bien jugosa y una salsa agridulce que parece de regalo. Por eso, cuando me topé con esta receta que trabaja con dos harinas y una salsa resuelta en pocos minutos, decidí llevarla a la cocina de mi casa y contártela acá, en primera persona, como si estuviéramos charlando mientras pelamos limones en la mesada. Te adelanto que el resultado me dejó conforme, y que los trucos que te voy a pasar cambian por completo el plato.

Cómo se arma el rebozado, las cantidades exactas y por qué conviene agua fría

La receta pide contramuslo entero, no pechuga, porque tolera mejor la fritura y conserva los jugos. Antes de pasar por la masa, la carne se salpimenta y se trabaja con el canto del cuchillo, con golpecitos parejos por toda la superficie, para ablandar las fibras. Después se deja descansar mientras se prepara el resto.

  • Por cada 60 gramos de mezcla: partes iguales de harina de trigo y almidón de maíz, 1 gramo de polvo de hornear y 90 mililitros de agua fría.
  • Se mezclan primero los ingredientes secos y se suma el agua de a poco, hasta lograr una consistencia intermedia que cubra la pieza sin chorrear.
  • El contraste entre el agua fría y el aceite caliente favorece una cubierta crocante con pequeñas burbujas.

Para la salsa, que se hace aparte y se vuelca caliente al servir, alcanza con medio limón exprimido, 20 gramos de azúcar y 30 mililitros de agua. Se lleva a fuego medio, se revuelve hasta disolver el azúcar y, al final, se incorporan 2,5 gramos de almidón de maíz disueltos en un par de cucharadas de agua fría. Un par de minutos de cocción y la salsa queda brillante, con cuerpo justo para napar el pollo sin correr.

El último paso lo aprendí a fuerza de cortar la carne en el momento equivocado: la fritura se hace con el contramuslo entero, se retira sobre papel absorbente y se deja escurrir un par de minutos antes de cortarlo en tiras. Esa pequeña espera, que parece un detalle menor, es la diferencia entre un plato seco y uno que mantiene la jugosidad hasta el último bocado. La salsa, siempre caliente, se distribuye sobre el pollo ya cortado y, como me dijo mi vecina Marta mientras le pasaba la receta por WhatsApp, el limón hace el resto.

Como soy de las que siempre cocina con los chicos dando vueltas por la cocina, aproveché para explicarles por qué el almidón de maíz aparece dos veces: una en la masa, para aligerar el rebozado, y otra en la salsa, para espesarla sin que pierda brillo. Les sirvió para entender que en una receta los mismos ingredientes cumplen funciones distintas según dónde caen. Un dato práctico para las familias que quieran animarse: si multiplican las cantidades para cuatro personas, alcanza con cuatro contramuslos, 120 gramos de la mezcla de harinas, 180 mililitros de agua fría y el doble de los ingredientes de la salsa. La preparación entera no lleva más de 35 minutos, y la mayor parte del tiempo es reposo, no trabajo en la cocina.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación

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