Memoria en el día a día: por qué especialistas recomiendan dormir bien y apagar las pantallas para no perderle el rastro a los recuerdos
Concentrarse en una sola tarea, sostener el descanso, moverse, alimentarse, charlar y aprender algo nuevo son las seis patas que los expertos describen para mantener la mente activa. Cambios simples, sin magia ni promesas exageradas.
Voy a contarles algo que vi la semana anterior en una escuela primaria de Morón, mientras hacía una nota sobre el regreso a las aulas. Una maestra de quinto grado, a la que voy a llamar Laura como me pidió, se paró frente al grado con el celular en la mano y les dijo a los chicos, mirándolos a los ojos, que durante los próximos cuarenta minutos el aparato iba a quedar guardado en su escritorio. Quería que ellos también se olvidaran del suyo. Me llamó la atención el gesto porque, en las aulas argentinas que conozco, lo más común es ver maestras corriendo entre el pizarrón, el grupo de WhatsApp de la cooperadora y el recreo. Lo que proponía Laura era casi una herejía pedagógica: recuperar la atención entera para una sola cosa. Esa imagen me volvió a la cabeza cuando leí las recomendaciones que distintos especialistas vienen difundiendo en Estados Unidos para cuidar la memoria. No es un tema de tercera edad ni de pastillas: es una cuestión de cómo se arma la jornada.
Gary W. Small, director de terapias innovadoras de salud conductual de Hackensack Meridian Health, lo dice de manera directa: cuando una persona lee un mensaje mientras conversa o contesta un correo electrónico mientras habla por teléfono, el cerebro salta de un foco a otro todo el tiempo. Esa alternancia, explica Small, no es gratis. Aumenta la cantidad de errores y genera un nivel de estrés que termina por perjudicar la memoria de corto plazo, esa que usamos cuando tenemos que retener un nombre recién escuchado o la lista del supermercado en el camino de vuelta a casa.
Cuatro pasos para empezar hoy, sin cambiar la vida entera
- Dejar el celular lejos mientras se hace una tarea: comer, estudiar, trabajar, charlar. Si suena, suena; lo importante es que no esté en la mano.
- Reservar horarios fijos para revisar el correo y los mensajes, en lugar de mirarlos cada vez que vibra el bolsillo.
- Juntar los trámites administrativos en un mismo bloque de la semana para no pasar de la AFIP al colegio de los chicos al turno del médico con el cerebro fragmentado.
- Intentar recordar un nombre, una dirección o un dato antes de googlearlo: ese pequeño esfuerzo entrena la memoria.
Sobre el último punto, Sara Mednick, profesora de Ciencias Cognitivas de la Universidad de California en Irvine, explica que cuando uno se esfuerza por traer un recuerdo a la cabeza en lugar de pedirle la respuesta al teléfono se activan zonas clave del cerebro, como el hipocampo, que es donde se forman los recuerdos, y la corteza prefrontal, que es la que organiza la atención y los planes. O sea: cada vez que elegimos pensar antes de buscar, estamos haciendo una especie de gimnasia mental.
Dormir bien, moverse y comer con criterio
El descanso es otra de las patas centrales. Mientras dormimos, el cerebro ordena lo aprendido durante el día, como quien acomoda los libros en una biblioteca después de un día de trabajo. Por eso la recomendación clásica de dormir entre seven y eight horas apunta, justamente, a sostener ese proceso. Mednick agrega un dato que a los argentinos nos suele gustar: una siesta de unos 30 minutos puede servir como complemento del sueño nocturno y ayuda a fijar información, sobre todo cuando se trata de algo recién aprendido. No es un dato médico acabado, pero es lo que la especialista está difundiendo y vale la pena tenerlo en cuenta, siempre dentro de los márgenes razonables.
En cuanto al movimiento, Small dice que el ejercicio aumenta el aporte de oxígeno y nutrientes al cerebro y favorece la producción de proteínas que intervienen en la comunicación entre las neuronas. Una investigación de la Universidad de Illinois siguió durante un año a 120 personas de entre 55 y 80 años: quienes caminaron rápido durante 40 minutos, tres veces por semana, terminaron con un hipocampo un 2 por ciento más grande que quienes hicieron estiramientos y tonificación. El número parece chico, pero en una estructura tan pequeña como el hipocampo no lo es. Y la caminata es algo que casi cualquiera puede sumar, incluso acá, en cualquier barrio.
En la mesa, los especialistas mencionan el patrón MIND, que combina elementos de las dietas mediterránea y DASH. Incluye cereales integrales, vegetales de hoja y pescados grasos, entre otros alimentos. En criollo: comer más verduras, sumar pescado, dejar los ultraprocesados como excepción y no como base. La alimentación forma parte del cuidado de la atención y de la capacidad de guardar recuerdos, no es un capítulo separado.
La vida social y el aprendizaje como protectores
Falta un punto que me parece clave para cualquier familia. Charlar, juntarse, mirar a la cara: una conversación de las de verdad obliga a escuchar, interpretar lo que el otro dice y recuperar experiencias propias para responder. Es un esfuerzo enorme para el cerebro y, al mismo tiempo, muy disfrutable. A eso se suma aprender algo: tocar un instrumento, estudiar un idioma, meterse en un taller de costura o de repair caf. Todo eso exige sostener la atención y ejercitar la memoria. Lo que los especialistas están proponiendo, en el fondo, es volver a certaines rutinas que teníamos antes de la vida con pantalla permanente: conversar sin mirar el celular, dormir lo suficiente, caminar, comer en casa, juntarse con otros y animarse a aprender algo nuevo a cualquier edad. Y como sé que después de leer estas notas alguien me pregunta qué hacer hoy mismo, va el dato práctico que cierra esta columna: esta noche, deje el celular fuera del dormitorio, duerma entre siete y ocho horas, y mañana reserve media hora para caminar sin auriculares. Si a eso le suma una conversación cara a cara y un intento de recordar un nombre antes de buscarlo en Google, ya empezó. Por lo demás, sigo tomando notas en las escuelas: la escena que me contó Laura me dejó pensando que, a veces, los chicos terminan aprendiendo de memoria, en el mejor sentido, lo que los adultos todavía estamos discutiendo.
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