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VIE, 18 SEPT 2026
Vida

La huerta que convive con el jardín: cómo armar un solo paisaje con plantas que se comen y plantas que se miran

Septiembre es el mes para empezar a sembrar, pero también para decidir qué queda fijo y qué se renueva. Claves para integrar tomate, albahaca, frutillas o laurel comestible sin resignar el lado estético del patio.

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Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad · 18 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo primero que hago cada vez que arranca septiembre es sentarme en una reposera frente a la ventana de la cocina y mirar fijo el patio durante un rato largo. No es: es la manera que encontré para imaginarme qué quiero tener dentro de tres meses y qué quiero seguir mirando mientras lavo los platos. Así fue como el año pasado, mientras tomaba un mate, decidí que la franja de tierra al lado del tendedero podía dejar de ser un rincón muerto y convertirse en una huerta con laurel comestible, romero y, en la temporada, tomate y albahaca. La idea me terminó cambiando la forma de pensar el jardín entero, porque dejó de ser un espacio de plantas que se miran y pasó a ser un paisaje donde conviven las dos cosas.

Pensar el espacio antes de elegir la semilla

Lo que aprendí con el tiempo, y que repito cada vez que alguien me pregunta, es que la huerta no se arma eligiendo primero qué sembrar: se arma decidiendo para qué quiero ese metro cuadrado de tierra. Una huerta puede ser una producción casi profesional, pero también puede ser un cuadro vivo que se ve desde la ventana y que, de paso, da albahaca para la salsa del domingo. Esa decisión previa es la que marca si conviene más un cantero al ras del piso, una mesa de cultivo elevada o unas pocas macetas grandes apoyadas contra la pared.

  • Definir qué uso se le va a dar al sector: solo productivo, solo ornamental o mixto.
  • Calcular cuánto crecerá cada especie y dejarle lugar para que se expanda sin tapar a las vecinas.
  • Ubicar primero las plantas que permanecen varios años y después acomodarles alrededor las de temporada.
  • Reservar un sector con sol directo de al menos medio día, que es lo mínimo que piden tomate, berenjena, pepino y albahaca.
  • Tener una canilla o manguera cerca, porque en primavera y verano la evaporación se lleva la humedad rápido.

Qué se siembra en septiembre y qué queda fijo

Para mí el truco está en no empezar de cero cada año, sino en apoyarse en un esqueleto de plantas que no se tocan. Romero, tomillo, orégano y laurel comestible son la columna vertebral: no se trasplantan cada temporada, aguantan el sol fuerte y le dan estructura al cantero durante todo el año. Encima de ese esqueleto se monta la rotación: en septiembre entran semillas o plantines de tomate, albahaca, berenjena, lechuga y pepino. La ventaja de comprar plantines es que ya vienen con un par de semanas de crecimiento y se acorta el tiempo hasta la primera cosecha; la ventaja de arrancar desde semilla es que salen más baratos y hay más variedades para elegir.

También está la cuestión del sol, que en la Argentina conviene pensarla mirando hacia el norte, que es de donde viene la mayor cantidad de luz en el hemisferio sur. Si la huerta queda del lado norte de la casa, mejor. Si queda del lado sur, hay que asumir que las plantas van a crecer más lentas y que conviene inclinarse por especies de hoja, tipo lechuga o acelga, que toleran algo menos de sol directo.

Armar el paisaje, no solo la cosecha

Una vez que están resueltos el sol y el agua, viene la parte que a mí más me gusta: jugar con las alturas, las formas y los colores. El laurel comestible se poda y queda como un cerco verde que tapa lo que uno no quiere ver, por ejemplo el clásico tender de ropa, y al mismo tiempo tiene hojas que se cortan de a poco para la cocina. Sobre un alambrado o una reja funciona muy bien el taco de reina, que da flores amarillas, anaranjadas o rojizas según la variedad y va trepando solo. La frutilla puede ir al ras del suelo, y si se le pone una red contra los pájaros conviene que ese sector quede un poco más atrás, fuera del primer plano, para que la cobertura no rompa la vista.

Después viene el tema del mantenimiento, que es donde más errores veo en la gente que arranca con entusiasmo. Si en el mismo cantero hay plantas que se comen y plantas que solo se miran, todo lo que se rocie tiene que estar habilitado para cultivos comestibles, incluso cuando se aplica sobre una ornamental cercana. Compost y humus de lombriz son las dos grandes aliadas: mejoran la estructura de la tierra, aportan nutrientes y permiten espaciar los fertilizantes químicos, que en una huerta siempre conviene que sean los menos posibles.

Volviendo a mi reposera y a la ventana de la cocina, lo que más me gusta del esquema mixto es esa sensación de que el patio trabaja todo el año: en invierno queda el verde del romero y del laurel, en primavera explotan las flores del taco de reina, y en verano la albahaca perfuma todo cuando paso con el regador. No hace falta tener un campo: con un metro cuadrado bien pensado, orientación al norte y agua a mano, la huerta y el jardín pueden ser una sola cosa.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad

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