Estornudar en los perros no siempre es mala señal: cómo leer el gesto que confunde a tantos dueños
El adiestrador Tony Silvestre explica que ese sonido, en la mayoría de los casos, es una forma de comunicación emocional. Aun así, hay síntomas puntuales que sí piden consulta inmediata.
Lo confieso: durante años, cada vez que escuchaba un estornudo corto y sorpresivo de mi perra Luna, me imaginaba lo peor. Una alergia. Un resfrío. Algo que justificara una visita al veterinario. Hasta que, mientras preparaba esta nota, entendí que casi siempre estaba reaccionando de más. El adiestrador canino Tony Silvestre lo dice sin rodeos: cuando un perro estornuda, en la enorme mayoría de los casos no está enfermo, sino que está contando algo con el cuerpo.
El mecanismo es más simple de lo que parece y tiene nombre dentro de la veterinaria: se trata de un estornudo inverso, una descarga de aire que el animal usa para liberar presión acumulada en las vías respiratorias. Esa presión se acumula justo en los momentos donde el perro se muestra más feliz o más excitado: cuando llega el dueño a la casa, cuando lo invitan a jugar, cuando saca la cabeza por la ventanilla del auto o cuando ve la correa y entiende que viene un paseo. Para Silvestre, la explicación tiene incluso una versión bien rioplatense: "Si no estornuda, significa que no te quiere".
Las cinco pistas para saber que es emoción y no enfermedad
- Mirada tranquila, sin ojos entrecerrados ni mirada perdida.
- Cola que se mueve suelta, sin rigidez ni posición baja.
- Orejas en su postura natural, según la raza, no tiradas hacia atrás.
- Cuerpo relajado: se deja tocar, se acuesta boca arriba mostrando la panza.
- Curiosidad y ganas de interactuar con personas y con otros perros durante la salida.
Ahora bien, también hay estornudos que merecen una llamada al veterinario. El especialista consultado para esta nota, el doctor Alejandro Mansilla, médico veterinario matriculado en la ciudad de Buenos Aires, los enumera con precisión: cuando el estornudo se vuelve repetido fuera de cualquier contexto de juego o emoción; cuando aparece junto con falta de apetito, decaimiento general o fatiga; cuando el perro respira agitado en reposo; o cuando hay moco, sangre o cualquier secreción nasal visible. En cualquiera de esos cuadros, la consulta con el profesional no es opcional y conviene pedir un turno dentro de las 24 horas.
“Después de tomar agua o de zambullirse en una pileta es habitual que el perro estornude una o dos veces, simplemente porque le entró algo a las fosas nasales. Es un reflejo mecánico, no un síntoma.”Tony Silvestre, adiestrador canino
El criterio práctico para no equivocarse
La regla que resume todo, según Silvestre, es casi un juego de observación: si el estornudo aparece en un momento de alegría o de actividad y el perro muestra todos los indicadores de bienestar que mencioné antes, no hay por qué alarmarse. Si, en cambio, surge de forma repetida, sin vínculo con el juego ni con la emoción, y se acompaña de cualquier cambio en el comportamiento, en el apetito o en la energía diaria, la consulta profesional pasa a ser el paso siguiente. Conocer este lenguaje corporal tan básico evita diagnósticos erróneos, ahorra viajes innecesarios al consultorio y, sobre todo, mejora la convivencia diaria con el animal. Aprendelo de memoria: si tu perro estornuda mientras mueve la cola y te mira con los ojos brillantes, lo más probable es que te esté diciendo, en su idioma, lo mucho que te quiere.
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