El Niño que se viene: la NOAA advierte que podría ser el más fuerte desde 1950 y la Argentina ya se prepara
El Pacífico ecuatorial se calienta más rápido de lo previsto y los modelos estadounidenes elevan al 75% la chance de un fenómeno sin precedentes. Qué esperar en el Litoral y el norte del país.
Lo confirmo cada mañana cuando cruzo el patio de la escuela y el termómetro ya marca temperaturas que antes veíamos recién en noviembre: el clima está cambiando más rápido de lo que creíamos, y la ciencia acaba de ponerle un número preocupante a esa sensación. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, esa agencia que todos los argentinos escuchamos mencionar cuando hay alerta de tormentas, actualizó su pronóstico y ahora dice que hay un 75% de probabilidades de que el próximo fenómeno de El Niño sea el más intenso desde que existen registros sistemáticos, allá por 1950. Hace apenas un mes esa chance era del 69%: seis puntos más en cuatro semanas, que en el mundo de la climatología es una aceleración considerable.
Una vara que ningún Niño anterior pudo cruzar
Para medir estos episodios los científicos usan el Índice Oceánico Relativo de El Niño, una herramienta que no se queda solo en la temperatura de la superficie del mar sino que la corrige según el calentamiento general de los océanos tropicales, justamente para no engañarnos con números inflados. Lo que la NOAA está diciendo es que hay un 75% de chances de que ese índice supere los 2,5 grados entre octubre y diciembre de 2026, un umbral que ninguno de los cuatro eventos considerados muy fuertes desde 1950 logró franquear: el más extremo, el de 1982-1983, se había quedado en 2,4 grados. Los registros de agosto ya mostraban anomalías de 1,8 grados en la región Niño 3.4, de 2,5 grados en la Niño 3 y de 3,4 grados frente a las costas de América del Sur, y los modelos revisados por el Centro de Predicción Climática le asignan más de 90% de probabilidad a un episodio muy fuerte durante el otoño y el invierno del hemisferio norte.
Qué puede pasar en la Argentina
Acá es donde la cosa se vuelve preocupante para nosotros, sobre todo para los que vivimos o tenemos familia en el Litoral y el norte del país. María Alejandra Cristanchi, jefa del sector de Hidrología de la Central Hidroeléctrica Yacyretá, lo dijo con una claridad que a mí me quedó dando vueltas: "El Niño es un fenómeno natural y global que nos está afectando y recién está empezando. Se intensificará de octubre a febrero. Es un Niño muy fuerte". El meteorólogo Marcelo Madelón, pronosticador del Aeropuerto de Córdoba, agregó que el fenómeno "posiblemente perdure hasta el otoño de 2027", algo que en el sistema argentino, donde las estaciones van al revés que en el hemisferio norte, significa que vamos a tener lluvias anómalas durante todo el verano y buena parte del otoño.
Las proyecciones estacionales que maneja el Servicio Meteorológico Nacional indican que en noviembre el exceso de lluvias se extendería sobre el noreste del país y el este de Entre Ríos, con acumulados de más de 30 milímetros por encima de lo habitual para esa época. En diciembre, la situación se complica: las anomalías superiores a 50 milímetros alcanzarían a Santa Fe, Entre Ríos y el este de Córdoba, mientras que el noroeste argentino registraría entre 20 y 50 milímetros por encima de la media. Para que se entienda con un ejemplo cotidiano, es como si en dos meses cayera lo que normalmente llueve en tres, y encima concentrado en pocos días, que es justamente cuando se producen las inundaciones que tanto daño hacen en las ciudades ribereñas.
- Revisar el estado de los desagües pluviales y las napas en la vereda antes de que arranquen las lluvias de octubre, una tarea sencilla que puede evitar un dolor de cabeza grande.
- Tener a mano los números de Defensa Civil municipal y de la empresa de energía local, porque los cortes durante tormentas severas suelen ser la primera señal de problemas mayores.
- Si la familia vive en zonas ribereñas del Paraná, el Uruguay o el Paraguay, conversar con los chicos y los abuelos sobre un punto de encuentro y una mochila con documentos, algo que los maestros recomiendan y que en el norte ya es costumbre cuando empieza el verano.
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