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MAR, 13 OCT 2026
Vida

El cielo encapotado que no se va: una semana entera bajo un bloqueo atmosférico que tiene al AMBA atrapado entre la bruma y la llovizna

Un centro de altas presiones instalado sobre el Atlántico funciona como un muro invisible y mantiene a Buenos Aires y el conurbano con mínimas de 11 grados, máximas que no llegan a los 18 y chaparrones que se concentran el miércoles y el jueves.

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Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad · · lectura 4 min
El cielo encapotado que no se va: una semana entera bajo un bloqueo atmosférico que tiene al AMBA atrapado entre la bruma y la llovizna

Lo que muchos vecinos del Área Metropolitana de Buenos Aires están mirando desde la ventana hace ya varios días no es una simple racha de mal tiempo: es la consecuencia directa de un bloqueo atmosférico, un fenómeno que se produce cuando un centro de altas presiones queda prácticamente estacionado sobre el océano Atlántico y actúa como una especie de pared que impide que entren a la región masas de aire distintas. En criollo, eso significa que el aire húmedo y fresco que tenemos encima no se va, no se reemplaza por otro y, por lo tanto, el cielo gris, la llovizna y la falta de sol se quedan dando vueltas durante varios días seguidos, algo que no es habitual en octubre, cuando la Ciudad y el conurbano suelen empezar a disfrutar de jornadas más templadas y con mayor presencia solar.

Lo que más se siente en la calle, según me contaban esta mañana vecinos de distintos barrios, es la combinación de cielo cubierto, humedad persistente y temperaturas que no levantan: las mínimas de la semana se están moviendo entre 11 y 13 grados, mientras que las máximas no van a pasar de los 18, una amplitud térmica muy chica que sostiene esa sensación de frío húmedo que se nota sobre todo a la mañana temprano y al caer la tarde, cuando la falta de sol hace que el abrigo nunca parezca suficiente y la térmica se perciba varios grados por debajo de lo que marca el termómetro. Encima, los vientos del este y del sudeste, que son los que trae este tipo de configuración, refuerzan esa sensación y mantienen el ambiente cargado, con lloviznas intermitentes que, por ahora, no acumulan grandes volúmenes de agua pero tampoco permiten que la ropa tendida se seque ni que las plazas se llenen de gente como suele pasar en esta época del año.

Miércoles y jueves, los días más complicados

Dentro de esta semana encapotada hay dos jornadas que se llevan todos los números para ser las más molestas: el miércoles 14 y el jueves 15, que son los días en los que la probabilidad de precipitation supera el 70 por ciento. Para el miércoles se esperan chaparrones ocasionales con acumulados de hasta 5 milímetros, mientras que el jueves se perfila como el día más activo, con posibilidad de lluvias que podrían llegar a los 10 milímetros, siempre dentro de un patrón de precipitation intermitente y sin eventos extremos. A esto hay que sumarle un viento que, sobre todo en la zona ribereña del Río de la Plata, va a sentirse con más fuerza hacia el tramo central de la semana, con velocidades sostenidas de entre 10 y 20 kilómetros por hora y ráfagas que, según el parte meteorológico, podrían alcanzar los 40 kilómetros por hora, algo que cambia bastante el panorama para los que suelen salir a correr, andar en bicicleta o simplemente sentarse en un banco de la costanera.

El viernes, mientras tanto, no trae ninguna mejora sostenida: el cielo seguirá mayormente nublado, con nuevas chances de lloviznas y temperaturas que van a seguir moviéndose en el rango de los 13 a los 17 grados, así que el plan de encontrar un sol firme en lo que resta de la semana va a tener que esperar. Recién durante el fin de semana empezarían a aparecer las primeras señales de cambio, con una menor probabilidad de lluvias y algunas tímidas apariciones del sol, aunque las jornadas realmente estables y con buen tiempo, con temperaturas más amigables y cielo más despejado, recién se esperan para el inicio de la semana que viene, cuando el bloqueo atmosférico empiece a aflojarse y deje pasar, por fin, otro tipo de aire a la región.

Mientras tanto, en los barrios la vida sigue su ritmo entre paraguas, camperas finas y planes que se van modificando sobre la marcha, porque cuando el cielo se pone así de gris durante tantos días seguidos, lo que se modifica no es solo el termómetro sino la pequeña logística cotidiana de cada uno, desde sacar al perro a la mañana hasta decidir si se sale en bici o se toma el colectivo, y eso es exactamente lo que me quedaron contando varios vecinos con los que hablé mientras el cielo, una vez más, se negaba a abrirse.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad

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