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DOM, 18 OCT 2026
Vida

Cuando la sangre se detiene: las cuatro señales del cuerpo que pueden salvar una vida

El cardiólogo Francesco Lo Monaco détaille los síntomas físicos que alertan sobre un coágulo venoso, los factores de riesgo y los momentos clave en la vida de las mujeres en los que la prevención se vuelve indispensable.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación · · lectura 4 min
Cuando la sangre se detiene: las cuatro señales del cuerpo que pueden salvar una vida

A veces la sangre, que debería fluir sin tropiezos por las venas como agua limpia por un río, decide detenerse en algún punto del cuerpo y formar un coágulo que nadie fue a buscar. Lo he visto más de una vez en el consultorio de la escuela donde cubro temas de salud: maestras que llegan con la pantorrilla hinchada después de un viaje largo en micro, madres que durante el posparto sienten una molestia que atribuyen al cansancio y terminan internadas de urgencia. La tromboembolia venosa, ese nombre técnico que suena lejano hasta que toca a alguien cercano, aparece cuando un trombo se aloja en una vena profunda, casi siempre de las piernas, y desde ahí puede viajar hasta el pulmón y provocar una embolia pulmonar, una complicación que sí o sí requiere atención inmediata en la guardia.

Por eso me parece valioso repasar lo que explica el cardiólogo preventivo Francesco Lo Monaco: hay cuatro señales físicas que el cuerpo suele dar antes de que el cuadro se complique. La primera es el dolor o la sensibilidad en una pierna, sobre todo en la pantorrilla o el muslo, a veces confundido con un tirón muscular. La segunda es la hinchazón, que puede aparecer en un solo miembro y crecer con el correr de las horas. La tercera son los cambios en el color de la piel, que puede verse rojiza, azulada o más oscura de lo habitual en la zona afectada. Y la cuarta, la sensación de calor localizada, como si esa parte del cuerpo tuviera fiebre propia. Ninguna de estas señales confirma un coágulo por sí sola, pero todas juntas justifican una consulta médica sin demoras.

Cuando el cuadro se vuelve una emergencia

Si el coágulo ya se desprendió y llegó al pulmón, los síntomas cambian y la urgencia se vuelve absoluta. Dificultad para respirar de golpe, dolor en el pecho que se intensifica cuando uno inspira profundo, tos con sangre o pérdida del conocimiento son motivos suficientes para llamar a una ambulancia en el momento, sin esperar a que se calme solo. La diferencia entre actuar rápido y esperar puede medirse en horas, y a veces en años de vida.

Los factores de riesgo que conviene conocer

  • Haber tenido un coágulo previamente, porque la historia clínica personal pesa más de lo que uno cree.
  • Tener antecedentes familiares o condiciones hereditarias como la trombofilia, que hacen que la sangre coagule con más facilidad de la debida.
  • Fumar, algo que en las escuelas se menciona de pasada pero que en la adultez se carga de consecuencias concretas.
  • Pasar períodos largos con movilidad reducida, ya sea por un viaje extenso, una cirugía o una internación prolongada.
  • Vivir con diabetes, insuficiencia cardíaca o cáncer, enfermedades que por distintos mecanismos alteran la forma en que la sangre circula.

Las tres etapas de la vida de las mujeres donde el riesgo se multiplica

Lo Monaco señala que en la vida de las mujeres hay tres momentos donde el riesgo de trombosis se eleva de manera significativa, y conviene tenerlos presentes. El primero es el uso de anticonceptivos hormonales con estrógeno: el aumento del riesgo existe, aunque para la mayoría de las mujeres sigue siendo bajo. El segundo es el embarazo y el posparto, una etapa en la que el cuerpo activa mecanismos para evitar hemorragias durante el parto y que, justamente por eso, vuelve a la sangre más propensa a coagularse de lo deseable. Y el tercero es la terapia hormonal que muchas mujeres usan para atravesar la menopausia con menos sofocos y mejor calidad de vida: cuando incluye estrógeno, también puede sumar un riesgo extra que no aparece en el prospecto ni en la charla de café.

“La prevención comienza por comprender los propios riesgos, en lugar de asumir que sentirse bien significa que todo está bien.”Francesco Lo Monaco, cardiólogo preventivo

Lo que más rescato de las palabras del especialista es esa idea de que los riesgos no son fijos a lo largo de la vida: el embarazo los modifica, los tratamientos hormonales los modifican, un viaje largo o una cirugía los modifican, y por eso el consejo médico más adecuado nunca es el mismo para todas las personas ni para todas las edades. Quienes tienen antecedentes personales o familiares de problemas de coagulación son quienes más deben conversar el tema con su médico de cabecera, idealmente antes de empezar un anticonceptivo, de planificar un embarazo o de decidir una terapia para la menopausia. Y un dato práctico que vale la pena anotar en la puerta de la heladera: cualquier dolor nuevo en una pierna que aparezca después de un viaje largo, una cirugía o un período de reposo prolongado merece una llamada al centro de salud, aunque parezca exagerado. A veces lo exagerado es lo que salva.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación

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