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LUN, 12 OCT 2026
Vida

Comer en familia, la receta olvidada que puede cambiar la salud de los chicos

El consenso NutreAR, presentado por especialistas en nutrición pediátrica, pone el foco en la comensalidad: cómo, con quién y dónde se come importa tanto como el menú.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad · · lectura 3 min
Comer en familia, la receta olvidada que puede cambiar la salud de los chicos

A Daniela le pasó lo que a miles de familias argentinas. Su hija, Lucila, cumplió cuatro años y empezó a rechazar cualquier verdura que no fuera papa. La nena comía sola frente a la tablet, mientras ella y su pareja cenaban apurados en la cocina. "Pensé que era una etapa y que se iba a pasar", cuenta Daniela, que pidió no dar su apellido. Cuando la pediatra le preguntó en qué momento comía la niña, la respuesta fue incómoda: siempre sola, casi siempre distraída, casi nunca con el mismo plato que el resto. A partir de ahí, Daniela decidió algo tan simple como difícil: sentarse los cinco a la misma mesa, todos los días, con la misma comida. A los tres meses, Lucila ya probaba acelga.

Esa escena doméstica es, casi palabra por palabra, lo que el consenso NutreAR, impulsado por PROFENI (Profesionales Expertos en Nutrición Infantil) y presentado en el 9° Congreso Argentino de Nutrición Pediátrica de la Sociedad Argentina de Pediatría, pone sobre la mesa. La idea que atraviesa el documento es la comensalidad: no alcanza con pensar qué se come, sino que importa el cómo, el cuándo y, sobre todo, con quién. La propuesta está pensada para chicos desde los dos hasta los diecisiete años y advierte que la alimentación se aprende, sobre todo, por imitación.

El modelo que se aprende en la mesa

  • Desde los 14 o 15 años crece la costumbre de comer solos, en el cuarto y frente a una pantalla, lo que achica las chances de aprender a comer variado.
  • Los especialistas recomiendan sostener al menos una comida compartida por día; la cena suele ser la más viable por los horarios laborales, escolares y deportivos.
  • Ofrecer siempre algo nuevo y evitar consolidar menús muy restringidos es clave, porque la selectividad alimentaria se vuelve más difícil de revertir con el paso de los años.
  • En la escuela, los comedores con menús planificados y las viandas preparadas en casa amplían el repertorio de alimentos y abren nuevas conversaciones alrededor de la comida.

La nutricionista infantil Lucía Bona, una de las autoras del consenso, lo resume en una frase que sobrevuela toda la propuesta: "El niño no come nutrientes, come lo que ve, lo que le ofrecen y lo que le comparten". Y advierte que las pantallas en la mesa, las porciones sin control y la falta de rutinas estables son enemigos silenciosos de una alimentación saludable. Por eso la recomendación final es tan concreta como doméstica: apagar la tele, sentarse juntos, servir el mismo plato para todos y volver a conversar alrededor de la comida, esa costumbre vieja que en muchas casas se perdió y que, según la ciencia, todavía está a tiempo de recuperarse.

Daniela, mientras tanto, ya convirtió la cena en un pacto familiar innegociable. "No es magia, pero casi", dice, mientras Lucila le pide otra porción de ensalada. Comer en familia, insiste el consenso, no garantiza una dieta perfecta, pero es la mejor escuela posible para que un chico aprenda a alimentarse, no solo hoy, sino para toda la vida.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad

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