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MIÉ, 09 SEPT 2026
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Aquella noche de Estambul en que Scola se comió a Brasil y dejó mudo a Popovich

El 7 de septiembre de 2010, el ala pivote firmó la actuación más grande de un argentino en Mundiales: 37 puntos en una victoria 93-89 que todavía no fue superada. Un cronista de popa.

LG
Lucas GorostiagaDeportes · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

A ver, hay que poner las cosas en su lugar: esto fue como si un nueve de toda la vida, un centrodelantero de los viejos, esos que ya casi no se ven, decidiera meter un hat-trick en una final del mundo. Así jugó Luis Scola aquella noche del 7 de septiembre de 2010 en el estadio Sinan Erdem de Estambul, con la camiseta albiceleste puesta, en el Mundial de Turquía. Para los que no siguen el básquet, imaginen un clásico Boca-River pero por puntos: el visitante la pasa mal desde el primer minuto y el local lo aprovecha. Brasil era el rival y Scola fue el verdugo.

El número cierra cualquier debate: 37 puntos. Récord para un argentino en Copas del Mundo, una marca que ya cumplió dieciséis años y sigue intacta. El resultado fue 93-89 a favor del seleccionado, en un cruce que terminó definiendo el rumbo del torneo. Pero más allá del resultado, lo que quedó grabado fue la forma: Scola apenas se sentó un minuto durante todo el partido, fabricó sus propios tiros en el poste bajo como quien se hace el espacio en el área chica y, cuando el partido se apretaba, en los últimos tres minutos, metió diez puntos al hilo para cerrarlo.

Una dupla que funcionaba como engranaje

Detrás de cada gran centrodelantero hay un armador que le lleva la pelota justita. Pablo Prigioni fue ese cinco de mitad de cancha que surtió a Scola una y otra vez. Las asistencias del base fueron el combustible de la mayoría de los puntos del ala pivote, que además le agregó triples al repertorio, algo poco habitual en él. Aquel Brasil tenía con qué complicar: Anderson Varejao y Tiago Splitter, dos internos de primer nivel mundial. Ninguno de los dos encontró la llave para frenarlo.

“De 10 posesiones, iba a tomar ocho. Así y todo, convertía.”Rubén Magnano

Lo dijo Rubén Magnano, que esa noche, parado en el banco de enfrente, veía al Scola que había dirigido y dirigido de nuevo en la selección, ahora del otro lado, haciéndole daño a su equipo. Indescifrable, lo definió. Y uno entiende por qué: contra Brasil, contra Varejao y Splitter, en un Mundial, con toda la presión encima, el hombre convirtió como si estuviera tirando en una práctica de mañana.

Popovich se levantó y se fue

  • Gregg Popovich miraba el partido desde las tribunas de Estambul, como scouting informal.
  • tLos Spurs de San Antonio lo habían drafteado a Scola pero nunca lo habían contratado.
  • tEl entrenador se paró antes del final, pidió permiso y se retiró visiblemente molesto.
  • tSegún recoge el libro El Abanderado, repetía entre dientes: No puedo creer que cambiamos a este jugador.

Eso fue lo que pasó en las gradas, lejos del rectángulo luminoso. Popovich, uno de los entrenadores más ganadores de la historia de la NBA, se fue masticando bronca. Y con razón, si uno lo piensa: tenían al jugador en la palma de la mano y lo dejaron ir. La escena tiene algo de esas noches de eliminación que uno vive en una tribuna del fútbol, cuando el técnico visitante se va antes de tiempo porque no quiere ver el desenlace.

Carlos, un hincha que suele ir a ver a la selección cuando juega por el mundo, me decía el otro día por mensaje que esa actuación de Scola hay que guardarla en un cajón aparte. Y tiene razón. Es de esas noches en las que el deporte te devuelve algo que no se compra con plata ni se entrena en ninguna pretemporada: el placer de ver a un compatriota en lo más alto, compitiendo contra los mejores del planeta y ganándoles con autoridad.

“Ellos no saben que este fue uno de los partidos más emocionantes que me tocó jugar. Algún día alguien les contará.”Luis Scola

Lo que viene

El próximo compromiso de la selección argentina de básquet es la antesala ideal para repasar la historia y preguntarse si alguno de los juveniles de hoy tiene el cuero y el talento para sentarse en esa misma mesa. Por lo pronto, la vara quedó alta: muy alta.

LG

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