Veintiocho años después, las hermanas Owens vuelven y el hechizo ya no hace truco
Sandra Bullock y Nicole Kidman sostienen con su química una secuela que se conforma con repetir la fórmula original, sin arriesgar ni renovar lo que en 1998 funcionó como un soplo de aire.
(Acá estaba yo, esperando que me deslumbren, y me terminaron ofreciendo un reencuentro tibio con dos hermanas que me gustaron cuando todavía existía el videoclub). Prácticamente magia 2 vuelve a poner a Sandra Bullock y Nicole Kidman frente a frente, casi tres décadas después del estreno de la original, y la pregunta del millón es inevitable: qué se le puede agregar a una historia que ya cerró hace rato.
La respuesta corta: casi nada. La dupla protagónica sigue funcionando, y de hecho es lo único que de verdad respira en toda la película. Cada vez que Bullock y Kidman comparten plano, el tono levanta vuelo: uno recuerda por qué esa historia de brujas discretas en una ciudad pequeña tenía su encanto. El problema es que cuando se separan, la película se desinfla como un globo de fiesta al que le olvidaron atar el nudo.
Una dirección sin vuelo propio
Susanne Bier queda a mitad de camino entre el respeto y la pereza. No logra capturar ese clima otoñal y melancólico que distinguía a la entrega de 1998, y los efectos visuales, hay que decirlo, parecen directamente sacados de un piloto de television de los noventa. Es como pedir un buen café en un aeropuerto: técnicamente lo tomás, pero no esperes que nadie lo recomiende.
Los que se quedan afuera
El reparto joven, con Maisie Williams, Joey King y Lee Pace entre los nombres más conocidos, tiene el espacio justo para aparecer en pantalla y despedirse. El guion no les regala un solo arco que invite a recordarlos después del minuto final. Son figurantes disfrazados de personajes, y eso termina pesando porque son los que tendrían que traer sangre nueva al relato.
- La química Bullock-Kidman sigue intacta y es el verdadero motor de la película.
- Los efectos visuales envejecen mal y remiten a series de hace tres décadas.
- Los personajes secundarios no tienen desarrollo ni entidad propia.
- El epílogo estira la historia más allá de lo razonable y suma minutos de más.
- El tono general apunta a un público que quiere confort, no renovación.
Después de veintiocho años, esta secuela eligió el camino conservador: repetir la fórmula, sumar un epílogo innecesario y confiar en que la nostalgia hiciera el resto. Para quien quiera reencontrarse con las hermanas Owens sin sobresaltos, cumple. Para quien esperaba algo más, la recomendación es simple: mirala con expectativa baja, dejate llevar por Bullock y Kidman, y no le pidas peras al olmo.
“Después de casi tres décadas, esta secuela opta por repetir el hechizo original sin animarse a renovarlo.”Mariana Echeverría
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.