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VIE, 11 SEPT 2026
Turismo

Veinticinco años después del 11-S: lo que el viajero argentino tiene que saber antes de pasar por el escáner

Escáneres corporales, límites para líquidos, revisión de calzado y puertas de cabina blindadas: cómo se aplican hoy las reglas que nacieron tras los atentados y qué conviene tener en cuenta antes de llegar al aeropuerto.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad · 11 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

A mí me tocó verlo con los ojos de una viajera frecuente, pero también con la memoria de alguien que el 11 de septiembre de 2001 estaba frente al televisor sin entender todavía que ese día iba a cambiar hasta la forma en que nos sacamos los zapatos para subir a un avión. Veinticinco años después, las reglas que rigen en los aeropuertos del mundo son, en buena medida, consecuencia directa de lo que ocurrió esa mañana en Nueva York, Washington y Pensilvania, y conviene repasarlas antes de cada vuelo, sobre todo cuando uno pasa por el aeropuerto cada vez menos seguido y se encuentra con controles que le resultan ajenos.

Lo más visible de todo lo que cambió fue la creación, en noviembre de 2001, de la Administración de Seguridad del Transporte de Estados Unidos, más conocida por su sigla TSA. Esa agencia reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces se ocupaban de los controles y puso en su lugar un cuerpo de inspectores federales con uniforme, capacitación y protocolos comunes. El modelo no se copió igual en todos los países, pero su lógica se extendió a la mayoría de los aeropuertos internacionales, y eso incluye a los que usamos cada vez que volamos desde Ezeiza, Aeroparque o cualquier terminal regional.

Los dos episodios que terminaron de moldear los controles

Después de la creación de la TSA, hubo dos hechos puntuales que terminaron de configurar el ritual que hoy vemos en cualquier sala de embarque. El primero fue el intento de un pasajero de detonar explosivos ocultos en su calzado, a fines de 2001. Desde entonces, en muchos aeropuertos del mundo se exige sacar los zapatos antes de pasar por el escáner, aunque en varios lugares la obligatoriedad se aplica únicamente al calzado voluminoso y no a las zapatillas livianas. El segundo fue el desbaratamiento, en 2006, de un plan para explotar aviones con destino a Estados Unidos usando explosivos líquidos preparados a bordo. De ahí salió la famosa regla de los 100 mililitros, que es la que más dolores de cabeza les da a los viajeros.

  • Líquidos, geles y aerosoles: se permiten hasta 100 ml por envase, con un tope total de un litro, dentro de una bolsa de plástico transparente con cierre hermético.
  • Dispositivos electrónicos: hay que retirarlos de la mochila y pasarlos por el escáner en una bandeja aparte.
  • Calzado: en muchos aeropuertos hay que sacarse los zapatos, sobre todo si son pesados o voluminosos.
  • Objetos punzantes: tijeras, cortaplumas y cuchillo pequeño están prohibidos en el equipaje de mano.
  • Acceso a la cabina: la puerta está reforzada y los pasajeros no pueden pasar durante el vuelo, salvo casos excepcionales.

Lo que muchos subestiman: el tiempo que se pierde en el control

Hay un dato práctico que a mí me parece el más importante de todos y que, sin embargo, es el que más se desprecia hasta que uno termina corriendo por el pasillo con el bolso abierto. Los controles más exhaustivos alargan bastante el tiempo de paso, sobre todo en horas pico y en terminales grandes. Para vuelos internacionales la recomendación generalizada es llegar al aeropuerto con al menos tres horas de anticipación, y para vuelos domésticos con dos. En temporada alta, vacaciones de invierno o fechas clave como Año Nuevo, lo razonable es agregar un margen extra porque las filas en el escáner se multiplican y no hay forma de esquivarlas.

En la Argentina, las aerolíneas y la administración de cada aeropuerto trabajan con criterios que en muchos puntos coinciden con los estándares internacionales, y eso incluye el procedimiento de inspección que se aplica antes de abordar. Conocer las reglas antes de llegar a la terminal no solo evita sorpresas y demoras: también ayuda a que el propio paso por el control sea más rápido, porque uno ya sabe qué sacar de la mochila, qué guardar en la valija despachada y qué dejar directamente en casa. Al final, la mejor manera de honrar el aprendizaje que dejaron aquellos atentados es, justamente, viajar informado y con tiempo de sobra.

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Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad

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