Una amistad filipina con sello DreamWorks que pide pochoclo y pañuelos a la vez
La nueva animada del estudio combina fantasía desbordada, acción a las piñas y el duelo por una separación adolescente, con Raissa y Jo como dupla central y una villana que no se queda quieta.
Acá va una confesión: cuando me dijeron que DreamWorks había hecho una peli animada ambientada en Filipinas y con dos pibas como protagonistas, pensé que se iban a mandar cualquier verdura exótica de esas que olvidás a los cinco minutos. Error mío, y del tamaño de un shopping en Houston. La isla olvidada es una montaña rusa que arranca con dos amigas obligadas a separarse, sigue por un puñado de mundos imaginarios y termina dejándote con los ojos húmedos y la gorra de pochoclo vacía. Casi nada.
La dupla protagónica la componen Raissa y Jo, dos adolescentes que carga cada una su propio quilombo familiar y cuyo lazo es el motor de toda la historia. La dirección corre por cuenta de Joel Crawford y Januel Mercado, que se nota conocen el terreno: la película respira costumbres filipinas por los cuatro costados, desde cómo se arma una mesa familiar hasta los detalles visuales de cada mundo que pisan las chicas.
Lo que pasa cuando la amistad se muda de ciudad
El punto de partida duele porque es terrenal: a las chicas les toca separarse y los recuerdos compartidos empiezan a funcionar como un mapa emocional del viaje. Ese vínculo cargoso, de esos que sobreviven a peleas tontas y mudanzas, sostiene todo el recorrido fantástico. Y ojo, no es un viaje en tren: cada mundo es una estación con personajes nuevos que se suman al grupo y lazos que se van tejiendo sobre la marcha.
La villana que las persigue mete suspenso y resuelve ser más movediza de lo que parece, lo que le da ritmo a la parte de acción. La película no se queda en la pelea cuerpo a cuerpo: también trabaja la angustia de una separación, el trauma de mudarse y el lugar que ocupan las experiencias compartidas cuando el contexto cambia. Todo eso mezclado con humor físico, gags visuales y cámara agitada, que es el combo que mejor le queda al estudio.
Para tener en cuenta: funciona como una película para ir con hijos o sobrinos y volver a casa un poco más blandos, que a veces falta. Es una de esas joyitas que arman la previa familiar del fin de semana, de las que justifican las compras en el súper para hacer noche de cine. Mi recomendación, sin vueltas: llévense un paquete de pañuelos disimulado entre los pochoclos, porque la cosa pega donde duele.
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