Sin harina y sin vueltas: siete platos para zafar toda la semana
Omelette, ensalada de atún, muffins de huevo, budín de pescado, muslos con zucchini, moussaka y zapallitos rellenos. Un recorrido por recetas que se cocinan rápido, se guardan bien y resuelven el menú sin tirar de la harina.
Dicen que la gente ya no cocina y yo digo que la gente ya no cocina como antes. Antes la harina mandaba: tarta, fideos, empanada, pizza. Hoy, por moda o por necesidad, la harina se tomó un recreo y el huevo, el atún y la berenjena salieron a la cancha. Acá van siete opciones sin harina para armar almuerzos y cenas sin perder la cabeza ni la tarde entera frente a la olla.
Lo rápido: del sartén a la mesa en minutos
Cuando el reloj aprieta, el omelette de espinaca y mozzarella es la salida más cómoda. Dos huevos batidos, un puñado de hojas frescas y, cuando la mezcla empieza a cuajar en la sartén, se agregan las espinacas. Se dobla, el queso se derrite adentro y listo: siete minutos de cocina y a comer. Una especie de sándwich exprés, pero sin pan (Houston, tomá nota).
Con veinte minutos de sobra aparece la ensalada de atún, huevo y palta, con tomate y hojas verdes. Lo único que va al fuego son los huevos. El resto va crudo y el aderezo es la típica combinación que en la Argentina nunca falla: aceite de oliva, limón y mostaza de grano. Suma sabor sin sumar pasos de cocción, que es exactamente lo que uno quiere un martes a las ocho de la noche.
Lo práctico: cocinar una vez y comer dos días
Para los que prefieren dejar todo listo y olvidarse, los muffins de huevo son un golazo. Se mezclan choclo, tomate, verdeo, queso blanco y perejil, se llevan a moldes individuales y al horno. Quedan bien tibios, a temperatura ambiente o directamente fríos de la heladera, como si fueran los clásicos muffins de un café pero versión picada (a ver, Houston, no me compares con los de blueberry, esto es otro partido).
El budín de pescado blanco es de la misma familia pero más contundente. 500 gramos de pescado, huevos, cebolla, morrón, mostaza y orégano, todo mezclado y al horno en budinera. Acompaña con una ensalada y se sirve caliente o frío según cómo lo encuentre uno en la cocina. Un plato que aguanta tres días en la heladera y no pierde dignidad, que es más de lo que podemos decir de muchos.
Horno prendido y mano libre
Cuando hay tiempo y horno disponible, la cosa se pone seria. Los muslos de pollo marinados con ajo, limón, hierbas y pimentón van a la fuente con la piel hacia arriba y unas rodajas de zucchini al lado. Al final se suman hojas de albahaca fresca y unas gotas de limón, y el plato pasa de lunes a domingo sin pedir permiso. La moussaka también entra en esta categoría: capas de berenjena asada y carne picada con tomate, 500 gramos de carne para cuatro porciones, y una cobertura que reemplaza la clásica salsa blanca por yogur griego, huevo y queso rallado gratinado. Más ligera y, para mí, más interesante.
El truco detrás de todo: controlar la humedad
En los platos con relleno, el secreto está en no acumular líquido. En la tarta de atún sin masa hay que escurrir bien el pescado y saltear la cebolla y el morrón hasta que pierdan toda el agua posible. Los huevos y el queso crema terminan de unir, y el queso rallado corona. Lo mismo con los zapallitos rellenos de carne: se ahuecan, se precocinan y la pulpa se suma al relleno junto con las verduras. Al horno con queso gratinado y a la mesa. Cero harina, cero masa, cero excusas para no cocinar esta semana.
Mi recomendación, porque nadie me la pidió pero alguien tiene que darla: arrancar el lunes con el omelette, dejar los muffins de huevo hechos el domingo a la noche, y guardar el budín de pescado como comodín para el día que no haya ganas de prender nada. Con eso se cubre la semana sin repetir menú y sin pasar por la dietética a comprar wraps de ninguna clase. Salud y buen provecho.
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