Red Walker se mete en Silver Pines a buscar un músico y se queda en un laberinto con monstruos
El nuevo juego independiente mezcla desplazamiento lateral, búsqueda de objetos y exploración tipo metroidvania con una historia que se revela de a poco
Acá va uno de esos investigadores privados con más cara de trasnochado que de superhéroe: Red Walker, el protagonista de Silver Pines, un juego que te tira a un pueblo oscuro a seguir el rastro de un músico llamado Eddie Velvet y, de paso, a revisar cada baldosa, cada puerta y cada papel clavado en la pared. Porque en este título no alcanza con caminar: hay que mirar, volver y mirar otra vez.
Lo que propone Silver Pines es una ensalada con varias recetas mezcladas: survival horror, investigación pura y dura, exploración con estructura metroidvania (volvés sobre tus pasos cuando conseguís algo nuevo) y combates con criaturas raras en las partes más tenebrosas del pueblo. Los escenarios son 2.5D, o sea, con desplazamiento lateral, y van desde cafeterías y tiendas hasta túneles abandonados. Todos guardan llaves, códigos, armas y pistas que a veces no podés usar en el momento: su función se destapa más adelante, cuando juntás la información que les falta.
Lo que hay que tener en el bolsillo
- Llaves, códigos y cerraduras que abren accesos antes bloqueados.
- Criptas y túneles que cambian de importancia cuando volvés con un objeto nuevo.
- Criaturas y jefes en las zonas más oscuras, con combates que piden administrar munición.
- Máquinas expendedoras donde se guarda la partida y se compran suministros, y que a veces ofrecen llaves a un precio que te obliga a elegir: ¿gasto ahora o reservo?
- Una historia que se revela de a poco y mezcla el misterio del músico con el pasado del propio Walker.
La movida de plata también tiene su miga. La guita que se junta en la partida no es para comprar trajes ni tonterías: sirve para grabar el progreso en las máquinas expendedoras y para reponer lo básico. Algunas expendedoras largan llaves, pero a un costo que obliga a pensar dos veces si conviene gastarse los mangos ahí o guardarlos para una urgencia. Así, el juego te lleva a tomar decisiones chiquitas todo el tiempo, como cuando uno hace las cuentas en el súper y duda entre el queso y el detergente.
El pueblo de Silver Pines se recorre caminando y revisando, pero sobre todo volviendo. Un túnel que ayer no pintaba nada se vuelve prioridad cuando aparece una llave en el inventario. Esa lógica, la de recordar dónde quedó cada obstáculo pendiente, es el motor de la aventura y lo que la separa de un pasacalles lineal. Acá avanzar depende de prestar atención y de no tener miedo de dar media vuelta.
“La exploración no se limita a llegar a la siguiente zona: también requiere revisar lugares ya visitados cuando aparecen herramientas u objetos nuevos.”El material de presentación
(Dato al margen para los que gustan del género: si te copan los survival horror donde el verdadero enemigo es la falta de balas y la mala memoria, este parece hecho a medida. Eso sí, armate de paciencia: acá no hay atajos.)
Mi recomendación, sin vueltas: si te gustan los juegos donde la investigación es tan importante como disparar, Silver Pines va a sonar como música para tus oídos. Y si no te gusta volver sobre tus pasos, ni te acerques: este pueblo te va a pedir eso y un poco más.
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