Platense se sacó la espina del primer cuarto y se llevó un triunfo de Santiago del Estero
El Calamar venció 82 a 74 a Olímpico en su estreno en la Liga Nacional, después de sobrevivir a un arranque en el que estuvo diez puntos abajo y definir el partido con un último cuarto casi perfecto.
El que les habla está acostumbrado a ver a Platense transpirar la Liga como transpiran los equipos chicos del fútbol argentino: con la camiseta empapada y la calculadora en la mano. Anoche, en el Vicente Rosales de Santiago del Estero, se sacó de encima ese karma de arranque y se trajo un 82 a 74 que vale oro, porque arrancó diez abajo y terminó ganando con ocho de luz. Pasó de tener que remar contra la corriente a romperle la red al rival en el último cuarto, que en básquet es lo más parecido a un gol de visitante sobre la hora.
El partido, cuarto por cuarto
- Primer cuarto: Olímpico arrancó a todo trapo y se fue 18-8 arriba, aprovechando pérdidas y rebotes largos como si fueran pelotas paradas a favor.
- Segundo cuarto: entró Jeremías Frontera, se enchufó Lucas Pérez y el local recortó la diferencia para irse al descanso 39-34.
- Tercer cuarto: Corum tomó el control del juego con sus triples, Olímpico llegó a pasar al frente por uno y el partido se hizo palo a palo.
- Cuarto final: Julián Morales y Grun se hicieron cargo de la pintura, Platense volvió a pasar al frente y estiró a diez la máxima para sentenciar el 82-74.
Para los que no están tan metidos en el mundo de la Liga Nacional, piénsenlo así: Olímpico arrancó con un primer tiempo que fue como un equipo de Primera División jugando de local en el clásico. Dominó, manejó la pelota y se fue al vestuario con la sensación de que tenía la noche ganada. Pero en el entretiempo, el banco visitante ajustó las marcas, cerró los caminos al aro y convirtió ese primer cuarto arrollador en un espejismo. El último parcial, para mí, fue el equivalente a un gol de contraataque con el arco vacío: definir un partido cerrado con una corrida de 10-0 que mata cualquier ilusión de remontada.
El 1 de la visita fue Julián Morales, que cerró con 15 puntos, 3 rebotes y una valoración de 18. Números que no son enormes, pero que pesan: cuando el partido se empantanó en el tercer cuarto, fue él quien mantuvo la calma para que el motor no se detenga. Del otro lado, Andrew Corum hizo un partido de esos que levantan al público de las tribunas: 20 puntos, con 5 de 8 desde más allá de los 6,75, exactamente como un nueve de área que en una noche inspirada te clava tres goles de cabeza y parece que no se cansa nunca. Anotó, contagió y casi se lleva el partido al bolsillo él solo. Le faltó compañía en el momento clave.
“Mirá, yo iba con mi cuñado pensando que Olímpico se comía crudo a Platense, como en las apuestas previas. Pero cuando arrancó el segundo tiempo, se vio otra cara. Corum las metía de todos lados y yo le dije a mi viejo: estos se prenden. Lo que pasa es que Platense tiene esa cosa de equipo de ascenso, que se aferra al resultado y no lo suelta ni loco. Yo me fui del estadio con la sensación de que Plata había hecho un negocio bárbaro.”Carlos, hincha visitante
Lo que dejó el debut para Platense es una foto perfecta de lo que será su temporada: un equipo que arranca perdiendo, que sabe remar y que, cuando se le presenta la oportunidad, la concreta sin titubear. Olímpico, en cambio, dejó una señal de alarma: depender de Corum en ofensiva puede ser una fortaleza en noches como esta, pero también un riesgo cuando las manos se enfrían. La Liga es larga, y los equipos que no tienen un plan B suelen pagarlo caro en la segunda fase. Por ahora, el Calamar vuelve a casa con un triunfo que, en términos futboleros, vale seis puntos: victoria visitante en una cancha caliente y con arbitraje que, según las caras largas del banco local, no los ayudó demasiado.
El próximo compromiso para Platense será como local en el estadio de Munro, en lo que será su debut en casa dentro de la Liga Nacional. Olímpico, por su parte, tendrá que barajar y dar de nuevo, porque el próximo rival lo espera con la misma hambre que mostró anoche en Santiago. La temporada recién empieza, pero la primera victoria ya está en el bolsillo del Calamar. Y en el ascenso, ganar de visitante es como sacar puntos en la Bombonerita: oro puro.
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