Neuquén entra en zona de alerta: por qué los suelos ya no absorben más agua y qué les queda hacer a las familias antes de la próxima tormenta
Después de años de sequía, las lluvias recientes saturaron la tierra y los arroyos secos empiezan a cobrar fuerza otra vez. La Secretaría de Emergencia provincial difundió una guía práctica para vecinos que viven cerca de ríos, cañadones o sectores bajos.
Llegué a la escuela y lo primero que me hicieron notar las madres de la cooperadora fue el barro en la vereda. Había llovido la noche anterior, nada del otro mundo, y sin embargo el agua había corrido como si la tierra ya no quisiera recibirla. Esa imagen, que parece menor, es exactamente la que describen los técnicos de Neuquén cuando uno les pregunta qué cambió en el paisaje: después de décadas de escasez, los suelos llegaron al tope de absorción y cualquier tormenta se transforma en escorrentía. El agua baja rápido hacia arroyos y cañadones que durante años parecieron dormidos y hoy vuelven a llenarse con caudales que hace rato no se veían.
Por qué una tormenta puede agarrar desprevenido a cualquier barrio
Conversé con Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de la provincia, y me insistió con un concepto que a mí me costó entender hasta que me lo dibujó: las tormentas convectivas se arman en pocos minutos y descargan volúmenes enormes en áreas chicas. Un pueblo puede pasar la mañana tranquilo y al rato siguiente estar anegado, sin que haya pasado un frente de lluvia clásico. Y hay un dato aún más delicado: la lluvia que genera el desastre no siempre cae sobre el lugar que sufre la crecida. Si cae fuerte en la cuenca alta, el arroyo de abajo se vuelve un río con fuerza en cuestión de minutos. Por eso la provincia habla de "zonas de riesgo" incluso en sitios que durante años se creyeron seguros.
El sistema de evacuación neuquino, paso a paso
Para explicarles a las familias qué hay que tener listo, vale la pena comparar con lo que ya conocemos. En Argentina, cuando se ordena una evacuación, suele ser el municipio el que define los centros de reunión y la provincia la que coordina la asistencia; en Neuquén funciona igual, con el plus de que la Secretaría de Emergencia está identificando los antiguos cauces que se reactivaron tras la sequía para mapearlos y alertar a los vecinos ribereños. La diferencia con un sistema más ordenado, como el de Texas en Estados Unidos, donde hay refugios públicos con coordenadas y rutas señalizadas para cada condado, es que acá la información suele circular por redes sociales y boca en boca. Por eso las autoridades insisten en no esperar al día de la tormenta para averiguar qué hacer.
- Conocer antes de que pase: tener memorizadas las vías de evacuación del barrio o la localidad y los centros que definió el municipio. No esperar a la emergencia para preguntar.
- Identificar quién necesita ayuda: pacientes con enfermedades crónicas, adultos mayores, vecinos con movilidad reducida. Saberse de memoria quién es y dónde vive cada uno.
- Armar un kit para las primeras 72 horas: documentación, alimentos no perecederos, agua potable en botella, linterna, cargador portátil y lo necesario para cortar la luz y cocinar sin gas.
- Reservar agua extra: las emergencias pueden cortar el suministro y en zonas rurales la normalización puede demorar. Cinco litros por persona es el piso mínimo recomendado.
- Zonas rurales y accesos complicados: pensar la posibilidad de quedarse aislado uno o dos días. Tener combustible en el tanque, alimentos en el placard y un punto de encuentro familiar claro.
- Sacudir la rutina informativa: seguir los canales oficiales del municipio y de la Secretaría de Emergencia, no cadenas de WhatsApp sin firma.
“Un lugar puede atravesar el día sin inconvenientes y, de repente, sufrir anegamientos o crecidas. El agua no siempre cae donde genera el daño: una precipitación intensa en una cuenca alejada puede convertir un arroyo aparentemente tranquilo en una corriente de gran fuerza.”Luciana Ortiz Luna, secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo de Neuquén
Me llevo de esta charla una sensación que quiero compartir con las familias neuquinas, sobre todo con las que viven cerca de un río o de un cañadón que durante años estuvo seco y ya volvió a correr: la prevención más cara no es la que compra un kit ni la que pinta un plan de evacuación en la heladera, sino la que se hace una tarde de domingo, con los chicos mirando, anotando en una hoja qué haría cada uno si suena la alarma. Cuando esa conversación ya se dio, la tormenta llega y encuentra a la familia ordenada, no atolondrada. Eso, en definitiva, es lo que está en juego en esta temporada: salir de la emergencia con la casa hecha un desastre o salir con la casa hecha un desastre pero con la familia entera afuera, seca y junta.
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