Mate o termo: cuando una bebida caliente puede ser aliada para bajar la temperatura corporal
Un especialista explica por qué tomar una infusión caliente puede refrescar el cuerpo en un ambiente seco y ventilado, y por qué en una jornada húmeda conviene cambiar la estrategia. La hidratación, insiste, pesa más que la temperatura del vaso.
Vine a buscar a mi hija al colegio un martes de febrero y la encontré en la puerta, mochila al hombro, con la cara roja y un pedido que me sonó a paradoja: «Mamá, necesito un termo bien cargado». Eran las cuatro de la tarde, el termómetro marcaba 34 grados y el patio de la escuela era un horno. Le pregunté si estaba loca y me miró como si yo fuera la descolocada. Por esos días había leído algo sobre cómo el cuerpo maneja el calor, y esa escena se me quedó dando vueltas: ¿puede una bebida caliente refrescar en pleno verano? Conversé con fuentes científicas, leí papers y, sobre todo, escuché a madres y docentes del barrio que repiten conductas heredadas de sus propias abuelas. Lo que sigue es lo que aprendí, y por qué aquel termo de mi hija, lejos de ser un capricho, puede tener más lógica de la que parece.
La explicación que vino de una universidad británica
John Tregoning, profesor de bienestar en el Imperial College de Londres, lo resume en pocas palabras: cuando tomamos un líquido caliente, le estamos dando calor extra al cuerpo. La reacción fisiológica inmediata es transpirar más. Si ese sudor se evapora, se lleva energía térmica con él y terminamos sintiéndonos más frescos. Si no se evapora, acumulamos calor y la jugada sale mal. La clave, entonces, no está tanto en la temperatura de la taza como en las condiciones del aire que nos rodea.
En la Argentina, donde la tradición del mate nos acompaña desde la Patagonia hasta la Mesopotamia, esta idea tiene una familiaridad inmediata. Mi vecina Graciela, maestra jubilada de Moreno, me dijo mientras cebaba en su galería: «Yo tomé mate los veranos enteros de mi vida y nunca me descompuse por eso». Lo que Graciela hace sin teorizar es exactamente lo que describe Tregoning: tomar una infusión caliente en un lugar ventilado, donde el sudor que esa bebida estimula puede evaporarse y refrescar.
“Tomar una bebida caliente puede ayudar a perder calor corporal siempre que el sudor consiga evaporarse; la temperatura de lo que bebemos importa menos que la hidratación y el ambiente.”John Tregoning, profesor de bienestar en el Imperial College de Londres
Por qué el sistema funciona en Texas pero se traba en Buenos Aires
Para entenderlo mejor conviene comparar dos climas que conozco bien. En el oeste de Texas, donde viví unos meses, el aire es tan seco que un vaso de agua dejado sobre la mesa se evapora en minutos. Allí, tomar un té bien caliente bajo la sombra de un porch genera una transpiración que el viento seco se encarga de barrer, y la sensación de frescura llega en pocos minutos. Es el escenario ideal que describe Tregoning.
En Buenos Aires, en cambio, los días de febrero suelen venir cargados de humedad, con esa sensación pegajosa que hace que la transpiración quede sobre la piel sin terminar de secarse. Es lo que en meteorología llaman una jornada con alta humedad relativa, y es justamente la condición que el especialista señala como desfavorable: si el aire ya está saturado de vapor, el sudor no encuentra espacio para evaporarse y se limita a empapar la ropa. En ese contexto, agregar calor con una bebida caliente puede terminar empeorando la térmica corporal.
- Si el aire está seco y hay brisa o ventilación: las bebidas calientes estimulan la transpiración y, al evaporarse el sudor, refrescan el cuerpo.
- Si el ambiente está húmedo y sin circulación: el sudor no se evapora, se acumula sobre la piel y la bebida caliente puede sumar calor en lugar de quitarlo.
- En cualquier caso, la prioridad sigue siendo reponer líquidos con frecuencia, más que elegir entre frío o caliente.
Qué tener en cuenta en casa y en la escuela
Volví a la puerta del colegio con una libreta llena de anotaciones y una conclusión práctica para las familias argentinas. Si el día es seco y corre algo de aire, no hay porqué renunciar al mate, al té o al café por más que el termómetro marque 35 grados: el cuerpo va a agradecer la hidratación y, si hay ventilación, también el efecto refrescante. Pero si la jornada es de esas húmedas y pesadas, con el aire quieto y la ropa empapada apenas nos movemos, conviene inclinarse por bebidas frescas o templadas, livianas, y evitar las muy calientes que sumarían calor a un cuerpo que ya está luchando para disipar el propio.
Como me dijo la seño Patricia, que enseña quinto grado en Lanús: «Les digo que traigan agua siempre, y que el mate lo compartamos a la sombra». Esa intuición docente coincide con la recomendación de Tregoning: la hidratación constante pesa más que cualquier debate sobre la temperatura del termo. Y un dato práctico para terminar: en los picos de calor, una buena estrategia es combinar ambas cosas, un par de mates con el ventilador o junto a una ventana abierta para que el sudor se evapore, y agua fresca a sorbos cortos durante el día para reponer lo que se pierde. La ciencia, en este punto, termina dándole la razón a la mesita de la cocina donde conviven el termo y la jarra fría.
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