La última frontera: cómo es embarcarse en coche al hielo desde el fin del mundo
Teo Gounaris, CEO de Antarpply, detalla los claves de esa ruta que sale desde Ushuaia, cruza el Pasaje de Drake y deja la chance de pisar el continente blanco si el clima lo permite.
Hay que decirlo con todas las letras: la excursión más extrema que se puede hacer desde la Argentina no es escalar el Aconcagua ni meterse en la Quebrada de Humahuaca en invierno. Es subirse a un barco en Ushuaia con la idea de pisar la Antártida. Y acá te lo cuento como te lo cuento un compañero de trabajo: con lo que se sabe, sin adornar nada.
Teo Gounaris es el CEO de Antarpply Expeditions y lo primero que aclara es lo más patético. Antes de soñar con los pingüinos hay que aterrizar en Ushuaia uno o dos días antes. Parece un dato menor, pero es una orden. ¿Por qué? Porque si el vuelo se atrasa te quedás en el aeropuerto mirando cómo el resto de la tripulación zarpa sin vos.
La buena noticia es que no hay que ser el Rambo de los Andes para subirse al barco. Gounaris lo explica así: colegas de a pie, gente común. Lo único que pide el operador es que tengas movilidad para entrar y salir de los botes Zodiac, esas gomones inflables que se usan para hacer agua. Es como subirse a una lancha colectiva en el Delta del Tigre, pero con el agua helada y el piso de rocas.
Lo que hay que saber antes de comprar el pasaje
- Llegar a Ushuaia uno o dos días antes del embarque, por las dudas.
- Tener un seguro de viaje que sirva para destinos extremos.
- Confirmar qué ropa y equipo entrega cada operador (botas, camperas).
- Elegir camarote bajo y central si te mareás; elegir alto si querés vistas y bancarte el oleaje.
- Llevar ropa en capas, porque el tiempo cambia en cuestión de minutos.
Sobre el alojamiento hay un dato que sirve. El barco se sacude como un colectivo en ruta 3 con ventarrón. Si te mareás, el primer consejo es el que ya te imaginan los que viajan seguido en micro: camarote bajo y cerca del centro de la nave. Arriba la vista es un gol, pero el movimiento se siente el doble. Es la misma pelea de siempre entre paisaje y estabilidad.
El cruce del Pasaje de Drake, la prueba
El barco sale de Ushuaia, atraviesa el Canal Beagle y se mete de lleno en el Pasaje de Drake. Drake es el trecho de mar que separa Sudamérica de la Península Antártica, y es famoso por ser un escenario donde el agua se mueve como en un picado de área chica. Algunos viajes salen con mar calmo, otros con oleaje de tres metros. No hay manera de saberlo con anticipación.
Durante esa navegación el barco funciona como una pensión con clases incluidas. El equipo de guías da charlas sobre geografía, fauna, historia del continente y las reglas ambientales. Para mí es como el entretiempo largo: si te toca mar tranquilo, lo aprovechás; si te toca oleaje, rezás.
Una vez en la zona, si el tiempo lo permite: Antarpply procura organizar hasta dos salidas por día, de unas tres horas cada una. Los Zodiac hacen los desembarcos y permiten meterse por costas a las que el barco grande no puede acercarse. Las actividades son caminatas, avistaje de témpanos, glaciares y fauna. Ojo: está prohibido tocar o alimentar a los animales y hay que mantener distancia. Si no cumplís, te vuelves a casa sin escalas.
Los pasajeros que buscaron la firma suelen ser la fauna que se cruza. Pingüinos, focas, aves marinas y cetáceos. Pero acá viene la letra chica de la firma. Gounaris lo aclara: los avistamientos no están asegurados. Es como ir a la Bombonera esperando un gol de último minuto: puede pasar, pero no hay garantía.
Sobre el barco, la última cifra disponible: el Ushuaia tiene capacidad para 90 pasajeros en 46 cabinas y suites. Dispone de comedor, biblioteca, salón de observación y confer (la nota queda inconclusa, así que no agrego datos que no estén en el material).
Próxima parada
El próximo barco zarpa desde Ushuaia hacia la Península Antártica en la temporada de verano austral. Es el mismo operativo de siempre, pero con otra camada de pasajeros y ojalá pronto, con otra camada de pingüinos. Si te tienta la excursión, la recomendación es la de siempre: preparate con tiempo, llegá temprano a Ushuaia y bancate lo que venga. La Antártida no espera a nadie.
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