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MAR, 06 OCT 2026
Vida

La psicóloga Cynthia Wila advierte sobre la culpa que dejan las expectativas familiares heredadas

En su ensayo La culpa, la especialista propone distinguir la responsabilidad por los propios actos del reproche permanente que transmiten los mandatos recibidos en la infancia

PV
Patricia VillalobosSalud y medicina · · lectura 2 min
La psicóloga Cynthia Wila advierte sobre la culpa que dejan las expectativas familiares heredadas

Las aspiraciones que madres y padres depositan en sus hijos pueden transformarse en exigencias difíciles de satisfacer, incluso cuando se formulan con afecto. La psicóloga Cynthia Wila, autora del ensayo La culpa, publicado por Paidós, plantea la necesidad de revisar esos mandatos y distinguir la responsabilidad por los propios actos del reproche permanente que sobrevive a la infancia.

En los vínculos familiares, interrogarse sobre la responsabilidad que cada persona tiene en aquello que se reprocha permite poner en cuestión las exigencias que acompañan una decisión y medir cuánto de esas demandas responde a expectativas ajenas. Para la especialista, la culpa cotidiana se sostiene, en buena parte, sobre proyectos que los adultos no lograron concretar y que luego trasladan a las nuevas generaciones, configurando una demanda imposible: cumplir con los deseos pendientes de otra persona.

Cariño que también puede pesar

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Wila advierte que no hacen falta palabras hirientes para generar una carga. Un pedido expresado con ternura puede abrir, del mismo modo, la inquietud por saber qué esperan los adultos y qué habría que hacer para conseguir su aprobación. Esa búsqueda, según describe, puede derivar en angustia y en un sentimiento de culpa que se arraiga en la vida cotidiana.

La autora traza, además, una diferencia entre las normas que permiten la convivencia —como las que limitan la agresividad— y los mandatos que restringen las elecciones personales. Algunas exigencias quedan asociadas al temor de perder el afecto de quienes las transmiten, y las decisiones quedan condicionadas por ese miedo, aun cuando ya no haya nadie afuera formulando el reproche.

  • Detenerse a pensar qué está ocurriendo antes de actuar sobre la culpa.
  • Revisar de qué se acusa cada persona, en lugar de sostener un cuestionamiento permanente.
  • Diferenciar la responsabilidad concreta por los propios actos del reproche heredado.
  • Considerar que la influencia de la familia, la educación, la religión y la cultura varía según cada trayectoria individual.

Ante la persistencia de esas voces interiores, la especialista recomienda examinar la responsabilidad efectiva por los hechos propios y separar ese juicio del autorreproche que llega del pasado. La propuesta apunta a identificar la fuente del cargo y a tratar la culpa como una emoción que puede nombrarse y revisarse, en lugar de un veredicto inevitable. Quienes identifiquen un malestar sostenido asociado a estas dinámicas pueden consultar con un psicólogo matriculado o acercarse a los servicios de salud mental de su obra social o hospital público, donde los equipos de orientación pueden indicar un primer recorrido de acompañamiento.

PV
Patricia VillalobosSalud y medicina

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