La madrugada más larga en La Tablada: disparos, una muerte sin respuestas y el fantasma del narcotráfico en los monoblocks
Vecinos del Complejo 19 grabaron horas de detonaciones durante la madrugada del sábado. Horas después, un joven de 27 años ingresó muerto al Hospital Balestrini. La Justicia aún no pudo confirmar si ambos hechos se conectan, mientras la zona carga con un operativo antidroga reciente y otro crimen a pocas cuadras.
Eran casi las dos de la madrugada del sábado 19 de septiembre cuando el ruido se cortó como un tajo en la siesta de los monoblocks del Complejo 19, en La Tablada. Yo lo supe después, cuando los propios vecinos empezaron a pasar videos de WhatsApp en los grupos del barrio: en las imágenes se ven ventanas cerradas a oscuras, persianas levantadas apenas unos centímetros y un sonido seco, repetido, que no dejaba dudas. Eran disparos. Muchos. Durante horas. Y cada detonación venía seguida de un silencio tenso, de esos silencios que en los barrios populares del conurbano se aprenden a leer desde chico, porque muchas veces anticipan algo peor.
Lo que vino después lo reconstruyó la UFI de Homicidios de La Matanza, que tomó intervención por la muerte de Alan Gabriel Chazarreta, un joven de 27 años con domicilio registrado en Ciudad Evita. Según lo que pudo reconstruir la investigación, Alan llegó al Hospital Balestrini con una herida de bala en el cuerpo: un solo disparo, pero suficiente. Su estado era grave cuando ingresó y, pese a la cercanía entre el centro de salud y el lugar del enfrentamiento, no hubo forma de revertir el cuadro. La Justicia se enteró del ingreso varias horas después de que fuera atendido, un detalle que muestra la dificultad que todavía existe para enlazar cronológicamente lo que pasa en la calle con lo que pasa en los hospitales.
Un hecho, dos escenas y ninguna conexión confirmada
Hasta ahora, lo único firme son dos certezas y una pregunta abierta. Las certezas: en el Complejo 19 hubo una balacera durante la madrugada del sábado y, poco después, Alan murió en el Balestrini con un tiro en el cuerpo. La pregunta abierta, y es la que mantiene en vilo a la investigación, es si esos dos hechos están relacionados. El material disponible no permite afirmarlo. La proximidad geográfica y la cercanía temporal no alcanzan, por sí solas, para establecer un vínculo, y los investigadores son cautos a la hora de cualquier asociación. Eso, que puede sonar a tecnicismo judicial, en la vida cotidiana del barrio significa otra cosa: significa que las familias todavía no tienen un relato oficial que les explique por qué un pibe de 27 años terminó muerto en una guardia hospitalaria.
“Acá uno escucha los tiros y después se entera por los grupos del barrio qué pasó. Nunca viene nadie a decirte nada. Aprendimos a cuidarnos solos.”Mariela, vecina del Complejo 19
El antecedente inmediato: un megaoperativo antidroga
Para entender por qué esta balacera golpea distinto en La Tablada hay que mirar lo que pasó apenas dos semanas antes. En la misma zona de los monoblocks se desplegó un operativo contra el tráfico de drogas que contempló once objetivos, en el marco de la búsqueda de personas investigadas por comercialización de estupefacientes. Es, en criollo, un procedimiento de esos que mueven a la Policía Bonaerense, a Gendarmería y a la Justicia federal durante varias jornadas, con patrullajes, allanamientos y capturas. En muchos barrios del conurbano, sobre todo en los conjuntos habitacionales como el Complejo 19, este tipo de operativos no bajan la tensión: muchas veces la suben, porque disputan territorio con organizaciones chicas que, aun sin ser grandes carteles, controlan la venta al menudeo y responden con violencia cuando se sienten acorraladas.
No quiero leer ese dato como una confirmación de que la balacera fue una represalia, porque el material no lo dice y la causa tampoco lo sostiene. Pero sí vale como marco para entender por qué los vecinos viven con la expectativa de que algo puede volver a pasar. En las conversaciones que mantengo con docentes y referentes barriales, lo escucho una y otra vez: después de un procedimiento grande, la calle no se calma de un día para el otro; lo que se ve, durante varias semanas, es una reconfiguración de las lógicas de poder, y eso suele traer tiros.
A pocas cuadras, otro crimen que tampoco se conecta
La madrugada que terminó con la muerte de Alan no fue el único hecho violento que sacudió a esta parte de La Matanza en los días previos. El miércoles anterior, en el barrio 22 de Enero, en Ciudad Evita, asesinaron a tiros a un joven de 28 años llamado Nicolás, con domicilio registrado en Laferrere. Lo mataron de un disparo frente a la casa de un vecino, según lo que acreditó la investigación. Mientras la Policía Bonaerense hacía las tareas forenses en el lugar, personas que llegaron en un auto abrieron fuego otra vez y se dieron a la fuga. La Justicia tampoco difundió, hasta ahora, una conexión formal entre ese crimen y la balacera del Complejo 19, pero la coincidencia geográfica y la cercanía temporal son las que alimentan la sensación, en los vecinos, de estar viviendo una racha.
Qué les queda a las familias mientras tanto
Mientras la Justicia intenta determinar qué pasó con Alan Gabriel Chazarreta y si su muerte se vincula con la balacera del Complejo 19, a las familias de La Tablada y Ciudad Evita les queda lo de siempre: un WhatsApp encendido, una ventana entreabierta y la decisión, muchas veces, de no mandar a los chicos al colegio al día siguiente si la noche fue brava. Lo práctico, para quienes viven en la zona, es simple y vale la pena repetirlo: ante cualquier hecho de estas características, los videos y fotos grabados por los vecinos son prueba útil, y pueden aportarse en la comisaría o directamente a la UFI interviniente, sin necesidad de ir a declarar de manera inmediata. También es clave pedir, en el hospital o en la fiscalía, una copia de la historia clínica y del parte policial, porque muchos de los datos que después aparecen en la causa recién se reconstruyen a partir de esos primeros papeles. Y, en lo que hace a la seguridad cotidiana, los referentes barriales recomiendan mantener los grupos de WhatsApp vecinales activos, con al menos un miembro de confianza que pueda filtrar rumores: en contextos de violencia, la información verificada es la mejor herramienta para que el miedo no termine gobernando la calle.
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