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VIE, 09 OCT 2026
Vida

La dieta nórdica como punto de partida: qué dice el estudio sueco que la vincula con una mortalidad más baja

Un relevamiento sobre 64.406 adultos de Suecia durante 24 años encontró una asociación moderada con menor mortalidad por todas las causas, aunque aclara que no se trata de una relación causal y que no se observó un efecto claro sobre complicaciones hepáticas graves.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad · · lectura 2 min
La dieta nórdica como punto de partida: qué dice el estudio sueco que la vincula con una mortalidad más baja

A Marta, como a tantos lectores que me escriben a esta columna, lo que más le interesa a la hora de cambiar la alimentación no es la última moda ni el plan mágico de turno, sino saber si lo que come hoy puede ayudarla a estar mejor dentro de veinte años. Por eso me pareció importante detenerme en un trabajo reciente que pone bajo la lupa un patrón alimentario del que se viene hablando bastante en los últimos años: la llamada dieta nórdica, que en Suecia acaba de ser asociada con una mortalidad un poco más baja en adultos de mediana y avanzada edad, aunque con matices que conviene leer con cuidado antes de ilusionarse demasiado.

Qué comieron los que mejor les fue en el estudio

El análisis, encabezado por las universidades danesa de Aarhus y sueca de Upsala, siguió durante 24 años a 64.406 adultos suecos reclutados entre 1997 y 2019, y comparó tres escenarios hipotéticos de alimentación. En el primer escenario, las personas seguían de manera estricta la dieta nórdica saludable, con presencia de centeno, avena, cebada, manzanas, peras, bayas, coles, zanahorias, remolachas, legumbres, frutos secos, pescado y aceite de canola, entre otros productos. En el segundo, se ceñían a las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023, y en el tercero no se asumía ningún cambio específico en la dieta. La diferencia de riesgo de muerte por cualquier causa entre la adhesión estricta y las recomendaciones nórdicas fue estimada en un 4 por ciento, y del 6 por ciento frente al escenario sin intervención.

  • Más vegetales, frutas y bayas, muchas veces de estación.
  • Cereales integrales como centeno, avena, cebada y pan integral en lugar de refinados.
  • Legumbres como base habitual de los platos, no como excepción.
  • Pescado cuando resulte accesible, en lugar de carnes rojas y procesadas.
  • Grasas insaturadas, como el aceite de canola, en reemplazo de manteca y grasas saturadas.
  • Menos ultraprocesados, bollería industrial y productos con mucho azúcar.

Lo que más me importa aclarar, porque a Marta se lo debo y se lo debo a cada lector que confía en esta columna, es que estos números no quieren decir que la dieta nórdica prolongue la vida de manera directa. Los investigadores no armaron un ensayo clínico en el que a un grupo se le daba esa alimentación y a otro no, sino que usaron un método estadístico que compara escenarios hipotéticos a partir de los datos recogidos durante años. Los resultados dependen de supuestos, como que no haya otros factores relevantes que no se hayan medido y que terminen explicando parte de la asociación. El objetivo principal del trabajo, además, era evaluar complicaciones hepáticas graves, y en ese punto los investigadores no encontraron una reducción clara. En otras palabras, la dieta nórdica aparece como un patrón razonable y asociado a mejores indicadores, pero no es una garantía de longevidad ni reemplaza el control médico ni los estudios individuales que cada adulto necesita con su profesional de cabecera.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad

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