Gripe que se complica: las seis señales que no hay que dejar pasar y por qué importan más de lo que parece
Un infectólogo de Cleveland Clinic advierte que la mejoría engañosa, la falta de aire y el dolor en el pecho pueden esconder neumonía, sepsis o un infarto. Quiénes corren más riesgo y cuándo conviene ir a la guardia sin esperar.
Lo veo cada invierno en la escuela de mis hijos: aulas enteras con fiebre, toses que no paran, chicos que faltan una semana y vuelven pálidos. Por eso, cuando un infectólogo con experiencia explica que la gripe no es solo fiebre y mocos, sino una infección que puede terminar en una terapia intensiva, vale la pena escuchar la cara. Para mí esto es serio, y lo trato como tal en esta nota.
El especialista en enfermedades infecciosas Dhatri Kotekal, consultado por Cleveland Clinic, pone el foco en un detalle que suele pasar desapercibido: sentirse mejor y empeorar de golpe. Ese movimiento raro del cuadro no es un capricho del virus, es una señal. Puede indicar que, sobre la gripe original, se montó una segunda infección, por ejemplo en los pulmones.
Las seis señales para ir a la guardia sin dudar
- Falta de aire o sensación de que el aire no alcanza.
- Dolor o presión en el pecho, constante o que va y vuelve.
- Labios o uñas azulados o grisáceos, un signo de poco oxígeno.
- Confusión repentina, desmayo o dificultad para levantarse.
- Vómitos reiterados o imposibilidad de retener líquidos, con signos de deshidratación.
- En menores de cinco años: respiración acelerada, llanto inconsolable o irritabilidad fuera de lo habitual.
En cualquier sistema de salud, del argentino al de Texas, estas son luces rojas. En Estados Unidos, la recomendación es concurrir a una guardia o llamar a emergencias ante cualquiera de estos signos, especialmente en menores de cinco años, mayores de 65, embarazadas o personas con diabetes, problemas renales, cardíacos, pulmonares u obesidad. En ellos, el deterioro puede acelerarse en apenas 24 o 48 horas.
Qué complicaciones puede dejar la gripe
Kotekal advierte que, aunque la mayoría se recupera en una a tres semanas, el esfuerzo que hace el cuerpo para defenderse puede abrir la puerta a cuadros graves. La neumonía aparece como la complicación potencialmente mortal más habitual: a veces por avance directo del virus hacia los pulmones, otras veces por una bacteria que aprovecha las defensas bajas. La otra cara es la sepsis, una reacción descontrolada del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos propios, y que requiere internación inmediata.
Para quienes ya tienen asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), una gripe fuerte puede empujar el cuadro a una insuficiencia respiratoria. En pacientes cardíacos, el cuadro severo puede alterar el pulso y la presión arterial y, en el peor escenario, disparar un infarto o un accidente cerebrovascular. Estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo borra.
“La mejoría que después se corta es una señal de alarma. Puede ser una neumonía o una infección bacteriana sobre la gripe original.”Dhatri Kotekal, especialista en enfermedades infecciosas (Cleveland Clinic)
Un dato práctico para llevarse a casa
Como cada año, lo más efectivo sigue siendo la vacunación antigripal anual, recomendada por el especialista tanto para chicos como para adultos, y muy especialmente para los grupos de riesgo. A eso se suma una medida simple para las familias: si alguien de la casa cursa una gripe y, tras dos o tres días de mejoría, vuelve con fiebre, falta de aire o dolor en el pecho, no hay que esperar al turno del médico clínico del día siguiente. La consulta tiene que ser inmediata. La gripe suele ser molesta y nada más, pero cuando avisa de este modo, el reloj corre.
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