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JUE, 27 AGO 2026
Vida

El parador nocturno de Neuquén no se toma vacaciones: se transforma en un refugio todo el año para sacar a la gente de la calle

Después de dos meses y 400 personas atendidas, el dispositivo cambia de fisonomía con la llegada del calor: sumará etapas de reinserción laboral y familiar, equipos de salud mental y un nuevo punto de partida frente al Hospital Bouquet Roldán.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min
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Lo que empezó como una apuesta para aguantar el frío más crudo del año en Neuquén terminó convirtiéndose, a dos meses de su apertura, en algo mucho más grande de lo que habían imaginado sus organizadores. El parador nocturno para personas en situación de calle atendió a unas 400 personas y viene sosteniendo un promedio de 100 asistentes por noche, con picos de hasta 120, según los registros que maneja el dispositivo. Lo más significativo, sin embargo, no es el número: es que con la llegada de la primavera no se va a cerrar. Va a mutar. Esa es, para mí, la noticia de fondo, la que muestra que en algún lugar de la política social neuquina se entendió que dormir en la calle no es un problema que empieza en junio y termina en agosto.

Un modelo pensado en capas, no en una sola noche

El nuevo esquema abandona la lógica del parador como un sitio únicamente para pasar la noche y propone un recorrido con distintos niveles de atención. El primer piso es el de bajo umbral, el que ya viene funcionando: se recibe a cualquier persona en situación de vulnerabilidad, sin pedirle que esté limpia, sin pedirle que deje de tomar, sin pedirle documentación. A partir de ahí, según cómo esté cada usuario, se abren etapas de mediano y alto umbral, con el objetivo de que la persona pueda conseguir un trabajo, reencontrarse con su familia o, en el mejor de los escenarios, acceder a un alquiler. Es una escalera. Y lo que me gusta, como neuquina de toda la vida, es que está pensada para que nadie se caiga por no haber llegado en condiciones ideales.

Los datos que circulan adentro del equipo dibujan un perfil bastante claro: el 92 por ciento de quienes pasaron por el refugio son varones y el 81 por ciento tiene domicilio registrado en la provincia, según el cruce que hicieron con el Registro Nacional de las Personas. O sea, no estamos hablando, en su mayoría, de personas que llegaron de afuera: son vecinos que por distintas razones terminaron viviendo en la calle.

De Ciudad Oculta al Bouquet Roldán: cómo se rediseñó el dispositivo

Para armar este nuevo formato, el equipo responsable viajó dos días a Ciudad Oculta, en el área metropolitana de Buenos Aires, a aprender de organizaciones que llevan años en esto. No fueron a copiar un modelo: fueron a ver qué se podía adaptar a la realidad neuquina. Y de ese viaje salió, entre otras cosas, un cambio logístico que parece menor pero no lo es: el punto de encuentro nocturno se muda a un tráiler que se va a instalar al lado del Hospital Bouquet Roldán, donde las personas podrán dejar sus pertenencias antes de ser trasladadas al refugio. Quienes estén en condiciones de moverse solos podrán hacerlo por sus propios medios; los demás serán llevados por el dispositivo.

Salud, psicología y trabajo en red

En el parador ya funcionan varias líneas de atención que conviene conocer, porque cambian la vida cotidiana de quienes viven en situación de calle: hay atención podológica todos los miércoles, residentes de medicina general y de odontología, y equipos de psicólogos que trabajan con abordajes individuales. A partir del nuevo formato se van a sumar grupos terapéuticos con mayor frecuencia y va a participar de manera más activa el Ministerio de Salud de la provincia. Además, se va a trabajar de forma coordinada con otros refugios de mediano umbral que ya existen en la ciudad, para que nadie quede dando vueltas entre dispositivos.

Cómo funciona hoy y qué cambia en la práctica

El acceso sigue siendo voluntario. Las personas que quieren pasar la noche en el refugio se acercan hasta la Catedral María Auxiliadora y desde ahí son trasladadas al lugar. Eso, para mí, es una de las claves del sistema: a diferencia de lo que uno podría imaginarse, nadie obliga a nadie a dormir adentro, y aun así la mayoría elige hacerlo, porque la diferencia entre una noche en la intemperie neuquina y una noche bajo techo con un plato de comida caliente es enorme. Dentro del refugio rigen reglas de convivencia cuyo cumplimiento es condición para quedarse, algo que también los diferencia de muchos dispositivos que existen en otras ciudades, incluso en Buenos Aires, donde el nivel de exigencia suele ser más alto y termina dejando afuera a los que más necesitan.

Igual, nadie se hace ilusiones: todavía hay personas que duermen en la calle y no se acercan al parador, por desconfianza, por costumbre o porque directamente no se enteraron. Por eso, para las familias que tengan un ser querido en esa situación, el dato práctico que vale la pena retener es este: la puerta de entrada sigue siendo la Catedral María Auxiliadora, todos los días, y de ahí se evalúa cada caso. Lo que cambió es que ahora ese primer contacto puede convertirse en el inicio de un camino de meses, no de una sola noche.

GS
Gabriela Sosa TrigoSociedad y educación

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