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JUE, 17 SEPT 2026
Vida

Dos semanas sin moverse: cuándo se pierde la resistencia y cuándo la fuerza, según los especialistas

Volver a correr o pedalear después de una pausa se siente más pesado de lo habitual. Expertos en medicina deportiva y entrenamiento explican por qué el corazón se desacomoda antes que los músculos y cómo retomar sin frustrarse.

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Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad · 17 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Volver de un viaje largo o reponerse de una gripe y sentir que el cuerpo ya no responde como antes es una de las frustraciones más comunes entre quienes entrenan con regularidad. A mí, cada vez que me paso unos días lejos de la rutina, me pasa lo mismo: subo una escalera y me quedo sin aire como si nunca hubiera pisado una cinta. La buena noticia es que esa sensación no significa que se haya borrado de un plumazo el esfuerzo de meses. La mala es que hay que tener paciencia para recuperar el ritmo sin castigarse de más.

La resistencia se cae antes que la fuerza

Según explicó Jesse Shaw, profesor de medicina deportiva en la Universidad de Western States, las adaptaciones que logra el cuerpo con el entrenamiento no se borran al mismo tiempo. La capacidad aeróbica, esa que se nota cuando uno sale a correr o pedalea, es la primera en resentirse cuando se interrumpe la actividad. Aproximadamente a las dos semanas de inactividad puede empezar a bajar la función cardiopulmonar, y eso se traduce en quedarse sin aire más rápido, sentir el corazón más acelerado de lo normal o tener la impresión de que el mismo recorrido cuesta el doble. La fuerza muscular, en cambio, suele mantenerse un poco más: Shaw señaló que la pérdida empieza a notarse recién después de tres o cuatro semanas de suspensión completa del ejercicio.

Eso no quiere decir que a todos les pase igual ni en el mismo plazo. El especialista aclaró que el entrenamiento acumulado a lo largo de los años y la edad influyen mucho en cómo responde el organismo. Quienes llevan más tiempo entrenando suelen conservar mejor sus adaptaciones, y hasta las tareas cotidianas —cargar bolsas, subir escaleras, mover muebles— pueden ayudar a demorar la caída de la fuerza. Lo contrario ocurre con alguien que estuvo en cama por una enfermedad: ahí la pérdida puede aparecer más rápido.

Shaw destacó la importancia de mantener un consumo adecuado de proteínas durante cualquier interrupción, para contribuir a conservar la masa muscular mientras el cuerpo no está recibiendo el estímulo del entrenamiento. En paralelo, el entrenador personal Andy Stern sugirió sumar movimiento suave y, cuando se pueda, reproducir los movimientos habituales del entrenamiento pero con una exigencia menor: salir a caminar, hacer movilidad articular o unas pocas repeticiones con poco peso. La idea es no cortar del todo con el gesto deportivo, aunque sea a baja intensidad.

  • Mantener una buena hidratación durante los días de pausa.
  • Asegurar un consumo adecuado de proteínas en las comidas.
  • Sumar movimiento suave: caminatas, estiramientos, movilidad articular.
  • Reproducir los gestos del entrenamiento con carga reducida, si es posible.
  • Dormir bien y darle tiempo al cuerpo para reponer energía.

La vuelta: sin apuro y con expectativas calibradas

El regreso es la parte donde más se cae la gente, y lo digo por experiencia propia. Stern fue muy claro al respecto: hay que dedicar los primeros días a recuperar energía, sostener una buena hidratación y aumentar la exigencia de forma gradual. Nada de lanzarse a repetir la rutina anterior como si nada hubiera pasado, porque el golpe de frustración es grande y hasta se puede pasar por una lesión. Lo razonable es empezar con sesiones más cortas o con menor intensidad y subir progresivamente semana a semana.

“La función cardiopulmonar puede empezar a bajar alrededor de las dos semanas de inactividad; la fuerza, después de tres a cuatro semanas de suspensión completa.”Jesse Shaw, profesor de medicina deportiva en la Universidad de Western States

Y hay un dato que a mí, particularmente, me cambió la forma de tomarme las pausas. Shaw mencionó que una interrupción cercana a las dos semanas puede permitir una recuperación suficiente para mejorar el rendimiento posterior, un proceso conocido como supercompensación. Eso no significa que cualquier descanso haga magia, pero sí que tomarse un respiro planificado no es perder el tiempo: el cuerpo, bien descansado, a veces vuelve con más resto que antes. Para quienes llevamos años peleándole a la rutina, saberlo es casi un alivio.

DO
Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad

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