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SÁB, 26 SEPT 2026
Vida

Cuando la palabra se esconde: la vivencia de tenerla en la punta de la lengua y por qué a veces aparece sola, minutos después

La neuropsicóloga Camila Sánchez Salinas describe los recursos cotidianos que ayudan a retomar una idea y marca la línea entre una pausa aislada y una dificultad que pide evaluación clínica.

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Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad · 26 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

A Ricardo le pasó el otro día, en la mesa familiar, mientras le contaba a su hija lo que había visto en la calle: quería nombrar un utensilio de cocina que usa todas las mañanas, lo tenía ahí, clarísimo en la cabeza, y la palabra no le salía. Hizo el gesto con las manos, lo describió como eso que sirve para revolver, y al final apareció, solita, cuando ya había cambiado de tema. Se rieron todos, pero a él la situación le dejó una molestia que todavía hoy, mientras me lo cuenta por teléfono, se nota en la voz. Tengo la sensación de que me está fallando algo, me dice. Y la pregunta que se hace, y que me lleva a llamar a una especialista, es si eso que le ocurrió es una simple distracción o la primera señal de algo más serio.

Esa experiencia tiene nombre técnico y hasta tiene público propio entre los lingüistas y los neuropsicólogos: se la conoce como fenómeno de la punta de la lengua, y la licenciada en Psicología Camila Sánchez Salinas, especialista en Neuropsicología Clínica, me explica que se trata de un momento en el que uno accede al significado de lo que quiere decir pero no logra recuperar, al menos por un instante, los sonidos que permiten pronunciarlo. Acceder a una palabra requiere, primero, activar el concepto y, después, recuperar su forma fonológica, resume. Cuando ese segundo paso se demora o se interrumpe, aparece la sensación tan familiar de tener el término ahí, tan cerca, y sin embargo lejano.

Recursos cotidianos para no quedar a merced del blanco

Sánchez Salinas aclara que una pausa aislada no es motivo de alarma y que existen muy concretos para atravesarla sin que la conversación se corte. El primero, dice, es buscar un sinónimo o describir aquello que se quiere nombrar: si no aparece la palabra exacta, alcanza con aproximar el sentido para sostener el hilo. También ayuda pensar en la letra inicial, en la utilidad del objeto o en sus características salientes, porque cada una de esas pistas funciona como un camino alternativo hacia el término buscado.

  • Buscar un sinónimo o describir el objeto o la idea cuando la palabra no llega.
  • Pensar en la letra inicial, la utilidad o las características de lo que se quiere nombrar.
  • Conversar sobre temas de interés y contar las cosas con palabras propias para estimular la fluidez verbal.
  • Disminuir las distracciones del entorno, porque favorecen la concentración y ayudan a sostener la conversación.
  • Dejar de lado el esfuerzo por encontrar la palabra: a veces aparece sola, minutos después.

La especialista insiste en que esas actividades requieren recuperar conocimientos, ordenar ideas y prestar atención al intercambio, que es justamente lo que el fenómeno de la punta de la lengua suele poner en jaque. Conversar, contar con palabras propias, interesarse por un tema y contarle a otro lo aprendido son ejercicios que entrenan la fluidez verbal, y se pueden hacer a cualquier edad, aclara, sin necesidad de programas especiales ni de aplicarse pruebas raras.

Cuándo la pausa deja de ser una pausa y pasa a ser una señal

“La distinción importante es entre un episodio aislado y una dificultad que se repite y complica la comunicación. Si encontrar palabras se vuelve un problema frecuente, aparecen confusiones al nombrar objetos habituales o cuesta seguir una conversación, hay que consultar.”Camila Sánchez Salinas, licenciada en Psicología y especialista en Neuropsicología Clínica

Sánchez Salinas recomienda consultar, en particular, cuando los episodios dejan de ser la excepción y se vuelven moneda corriente, cuando se confunden con asiduidad nombres de objetos de uso diario o cuando seguir el hilo de una charla se vuelve un esfuerzo desproporcionado. También merecen atención, añade, los cambios notorios en el habla que advierte la propia persona o que perciben quienes la rodean, porque a veces uno se acostumbra a sus propios atajos y es un allegado el que nota que algo se modificó. Una evaluación clínica y neuropsicológica puede contribuir a comprender esos síntomas y orientar el diagnóstico y el tratamiento, y el criterio central, según la especialista, es observar si las dificultades representan un cambio respecto de cómo se comunicaba la persona antes y si interfieren en su vida cotidiana.

Sobre por qué el fenómeno se vuelve más frecuente con el paso de los años, Sánchez Salinas aclara que el envejecimiento no modifica todas las capacidades del lenguaje por igual: puede llevar más tiempo recuperar ciertos términos, sobre todo los nombres propios o los términos poco usados, mientras que la comprensión cotidiana suele conservarse. Eso quiere decir, me dice, que muchas veces la palabra no se perdió, sino que tarda un poco más en aparecer, y que cuando dejamos de hacer fuerza por encontrarla suele surgir sola, como le pasó a Ricardo con el utensilio de cocina, varios minutos más tarde, mientras ya hablaba de otra cosa.

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Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad

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