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VIE, 25 SEPT 2026
Vida

Cuando la mochila pesa más en casa que en el aula: cómo acompañar a los estudiantes que viven el estrés fuera del horario escolar

La psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, advierte que la presión por las tareas y las calificaciones puede trasladarse al hogar en cambios de humor, dificultades de conducta o síntomas físicos, y propone ordenar las obligaciones, sostener el descanso y priorizar los vínculos presenciales por encima de la conexión permanente.

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Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad · 25 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Lo conozco bien: una tarde, mientras su madre revisaba la planilla de calificaciones en la cocina, Tomás, once años, se encerró en su cuarto y no salió hasta la hora de la cena. No hubo gritos ni una discusión puntual, apenas una pregunta que derivó en silencio y en una cena con la mirada clavada en el plato. Esa escena, que parece menor, se repite en muchos hogares argentinos cuando empieza el ciclo lectivo y las exigencias del colegio empiezan a filtrarse en la vida familiar, incluso después de que se apagó la última campanita del recreo.

Para la psicóloga Susan Albers, de Cleveland Clinic, esa mudanza del malestar desde el aula hacia la casa no es casualidad: la presión por las tareas, las evaluaciones y las calificaciones puede viajar en la mochila del estudiante y descargarse en el hogar en forma de cambios de humor, dificultades de conducta o, directamente, síntomas físicos como dolor de panza, de cabeza o cansancio crónico. Lo que observan las familias, advierte la especialista, muchas veces es la punta visible de un estrés que se cocina en silencio mientras los chicos comparan sus rendimientos en redes sociales o reciben mensajes del grupo de la escuela que los mantienen enganchados con las demandas escolares incluso a la noche.

Acompañar desde la calma, no desde la urgencia

Antes de pedirle al chico que se tranquilice, vale la pena que el adulto haga una pausa y respire. Para Albers, la manera en que responden quienes rodean al estudiante es clave: hacer un alto antes de reaccionar y mostrar con el ejemplo que es posible pedir ayuda cuando las cosas desbordan son recursos que los chicos incorporan aunque nadie se los explique en un PowerPoint. Si el adulto que cuida también está estresado, puede servir como modelo mostrar cómo trabaja sobre esa dificultad y a quién recurre, en lugar de pretender que la varita mágica existe.

En diálogo con Cleveland Clinic, Albers remarca que ese acompañamiento no tiene por qué recaer solo en mamá y papá. Contar con otros adultos de confianza, como una tía, un entrenador o un profesor particular, que puedan manejar sus propias emociones y bancar al joven cuando las obligaciones lo sobrepasan, marca una diferencia enorme. La red, en este punto, no son los seguidores en una red social, son los vínculos presenciales que están cuando la noche se hace bola.

Ordenar la montaña de obligaciones, paso a paso

Cuando la lista de tareas parece imposible, Albers propone un ejercicio concreto que cualquier familia puede aplicar esta misma noche en la mesa del comedor: revisar qué requiere resolución inmediata, qué admite una espera y qué puede delegarse o, directamente, quitarse del menú. Después, conviene tomar esa obligación prioritaria y separarla en acciones más chicas, como si fuera una receta: en lugar de "estudiar para el examen de ciencias", convertirla en "leer el capítulo 4, subrayar las ideas principales y hacer tres preguntas de repaso". Así, una demanda que parecía imposible empieza a entrar en porciones manejables y deja de vivirse como una amenaza.

La especialista también se detiene en un punto que muchos padres y madres subestiman: la conexión permanente. Las redes sociales, señala Albers, pueden prolongar la sensación de estar bajo evaluación incluso cuando el chico ya se duchó y se puso el pijama, porque la notificación de un compañero que presume su nota o de un grupo que sigue hablando del examen del día siguiente no distingue entre día lectivo y domingo a la noche. Como alternativa al desplazamiento infinito por publicaciones, la psicóloga propone actividades artísticas, caminatas o instancias de meditación que permitan volver al presente sin la exigencia constante del afuera.

“Cuando el estrés se vuelve demasiado frecuente o se estira en el tiempo, el organismo dispone de menos oportunidades para recuperarse y, además, la preocupación intensa ocupa recursos de la memoria de trabajo, que es la que necesitamos para manejar información en el momento y recuperar lo aprendido.”Susan Albers, psicóloga de Cleveland Clinic

Esa frase de Albers, que parece técnica pero no lo es tanto, debería pegar en la pizarra de cualquier casa con estudiantes: el cerebro estresado rinde menos porque está ocupado defendiéndose, no aprendiendo. Por eso, explicarles a los chicos que cuidar el sueño, las horas de juego y los abrazos no es un premio sino una herramienta para llegar mejor a la prueba de matemáticas puede cambiar la conversación familiar. Cuando se lo escucha de un profesional, el mensaje deja de sonar a chamuyo y empieza a sonar a estrategia.

Volví a llamar a la madre de Tomás, unos días después de aquella cena en silencio. Me contó que probaron lo de la lista paso a paso y que, sobre todo, dejaron de pelearse por la pantalla después de las nueve de la noche. Todavía hay días bravos, claro, porque el colegio no afloja y las comparaciones en redes siguen ahí, pero ahora, cuando el nene se queda callado en la mesa, alguien le pregunta cómo está antes de pedirle que se apure con la carpeta. Y eso, dice la psicóloga Albers, ya es empezar a desarmar la mochila.

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Daniela Ochoa MendietaInmigración y comunidad

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